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Miércoles, 27 de abril de 2011
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Diferentes soluciones
Tulum y Chichén Itzá, mismos problemas
Publicada:  27 abril 2011

Dulce María Sauri Riancho (*)

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Al igual que miles de mexicanos, mi familia y yo salimos de vacaciones de Semana Santa. Recorrimos los otros dos estados de la península de Yucatán para disfrutar de sus costas y de la cultura maya que compartimos.

Tulum es una zona arqueológica relativamente pequeña en su extensión y número de monumentos. Pero es la más cercana para quienes visitan la Riviera Maya y Cancún, que quieren conocer algo de la antigua civilización que pobló estas tierras. Además, Tulum tiene la característica única de su ubicación junto al verdiazul Mar Caribe.

La combinación de estas dos situaciones ha generado una extraordinaria afluencia de turistas a Tulum. La mayoría llega en autobús al área de estacionamiento, donde está ubicada una extensa zona de servicios -alimentos y helados, ropa y artesanías, baños y teléfonos- y se adquieren los boletos para subir al trenecito que transporta a aquellos que no desean caminar casi un kilómetro hasta la entrada a la zona arqueológica.

Todos los visitantes recibimos una advertencia en cuanto al agua para mitigar la sed del candente sol: adentro de la zona no se vende ningún producto, incluyendo refrescos; que más vale prevenirse y comprar los líquidos en el mismo paradero del tren.

Recorrimos, al igual que otros miles de ese día, las rutas señalizadas que nos permitieron mirar los monumentos sin escalar ni montar en ellos. Como si fuera una ordenada manifestación, avanzábamos. Vimos el mar, tomamos fotografías. Ningún vendedor irrumpió para ofrecer su artesanía a los numerosos grupos de turistas nacionales y extranjeros. A la salida, de nuevo se nos brindó la opción de trepar al trenecito o caminar. Dos adultos hicimos el trayecto a pie; otros dos, acompañados de las niñas, volvieron en el transporte tirado por un tractor. Con facilidad localizamos nuestro vehículo en el estacionamiento y partimos hacia el siguiente punto de nuestro itinerario del día.

Durante la visita a Tulum, una y otra vez me vino a la mente Chichén Itzá, una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo. Al igual que Tulum, es destino preferido de los turistas del norte de Quintana Roo que desean conocer algún aspecto de la extraordinaria civilización maya. El número de visitantes es equivalente, quizá hasta un poco menor, al de Tulum, pero repartidos en un área de mucho mayor tamaño. Chichén tiene un parador, por cuyo acceso se paga una cuota a Cultur. En Chichén no hay más opción que caminar: al Castillo, al Cenote Sagrado, al Caracol, cruzando las extensas explanadas y tratando de evadir al comercio ambulante que se realiza a la vista y paciencia de los guardianes del orden de la zona arqueológica. En el interior de Chichén se venden refrescos, golosinas, fruta e incluso se pretendió instalar un expendio de cerveza.

Hace años, en Chichén Itzá se tuvo que levantar la carretera que cruzaba a un costado del Castillo y reubicar a los puestos de comida que estaban a su vera al inicio de la década de 1980. Primer sitio en el país con un patronato estatal -Cultur-, constituido para brindar servicios y cobrar a cambio una cuota de recuperación, fue también ejemplo de orden y limpieza. En la administración estatal 2001-2007 la disciplina se relajó, se permitieron los abusos y se desatendieron las demandas de los habitantes del área de Pisté para retomar el camino. La situación no sólo no cambió con el nuevo gobierno estatal, sino que se profundizó el desorden y se encareció aún más el acceso al parador de servicios.

¿Cuándo habrá en Chichén Itzá un transporte para quienes no pueden o no quieren caminar? ¿Qué se necesita para reordenar el comercio en los alrededores y prohibirlo en forma absoluta adentro de la zona arqueológica? Si hay parador, si hay trenecito, será fácil establecer la restricción a la venta de bebidas y golosinas en el interior de la zona arqueológica.

Chichén Itzá no es una gigantesca escenografía para espectáculos musicales o para grabar vídeos para la televisión. Es un sitio que abre una grieta en el tiempo para observar a la gran civilización maya a través de sus monumentos y vestigios. Ni el respeto reverencial que aisle ese tesoro, ni la frivolidad que lo convierta en un "Disney World" de piedras para escalar. Tulum el día de hoy tiene mucho que enseñar a las autoridades de Yucatán para cuidar de Chichén Itzá.- Mérida, Yucatán.

dulcesauri@gmail.com

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*) Ex gobernadora de Yucatán
 

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Comentarios (1)
René Escribió: 27 de abr de 2011 11:26
Entre las semejanzas entre Tulum y Chichén Itza, hay algunas diferencias, una de ellas muy importante. La boca del pozo de los Itzaes se asienta en un terreno que es propiedad privada, del cual el Gobierno del Estado compró para Cultur (el patronato) y no necesariamente para los yucatecos, una mínima parte. Han habido denuncias ante la Unesco, por esta peculiar situación, en la que una "maravilla del mundo" es propiedad de un particular, quien si asi lo desea puede mantener dentro de sus tierras un hotel, un bar o un casino si asi lo desea. Hay diversas posibilidades jurídicas para resolver este problema, lo que no se ve es el interes de las autoridades pasadas y actuales en hacerlo. Saludos.
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