EL
LEGADO PREHISPÁNICO. PATRIMONIO DE YUCATÁN
Hace
algunos años participé en la excavación de
un grupo de estructuras prehispánicas que resultarían
afectadas por la construcción de un sistema de riego en
el municipio de Oxkutzcab.
En
esas labores ayudaron habitantes de esa villa. La mayoría
se mostró siempre dispuesta a apoyar y con frecuencia preguntaba
por qué y para qué nos tomábamos el trabajo
de registrar cada detalle de las excavaciones, aun cuando -aparentemente-
no había nada.
Desde
luego, no podía faltar la excepción. Uno de ellos
-al que sólo recuerdo como don Francisco- insistía
en que trabajar así era una pérdida total de tiempo
porque esos "mules" -como se les conoce en el campo
yucateco a los montículos-, no tenían ningún
valor. El cambio de parecer, sin embargo, no tardó en llegar
cuando ante sus ojos encontramos un entierro con una ofrenda de
varias piezas de cerámica.
Don
Francisco se convirtió, a partir de entonces, en un auténtico
defensor del patrimonio cultural prehispánico en Yucatán,
y eso que antes era la excepción a la regla.
Nunca
faltan situaciones de ese tipo. Alguien que no cree en algo sino
hasta que lo ve, y de esto no se escapa la arqueología
mexicana en general ni la yucateca en particular. Los muchos años
que laboré en arqueología me permitieron percatarme
de que el campesino maya es muy cuidadoso con respecto a su legado
cultural, siempre lo protege y gracias a episodios como el citado
antes -aunado a la labor de los custodios de bienes culturales
en regiones como la del Puuc- son cada vez más los que
reportan casos en los que se encuentran vestigios prehispánicos
en obras que se realizan en el campo, sean de riego, de carreteras,
etc.
Llama
la atención leer que todavía hay quienes creen que
la población, agobiada por las penurias producto de las
crisis, se preocupa más en ver cómo subsistir que
en conocer y proteger su pasado cultural.
Al
menos en Yucatán, la identificación de los habitantes
con la herencia prehispánica es una realidad, aun en época
de crisis; leer algo así me parece desconcertante, pues
en todos mis años de experiencia en el campo siempre encontré
situaciones como la narrada al principio.
Ahora
bien, imaginemos algo diferente y supongamos que hay una total
despreocupación de la población por la defensa de
su legado cultural. En esto tendríamos mucho de culpa los
arqueólogos por no dar a conocer nuestros trabajos e investigaciones,
por insistir -muchas veces- en esperar la llegada de un presupuesto
para comenzar nuestras labores. Ese no debe ser el fin de un especialista
en este ramo.
Recuerdo
muy bien el caso de un arqueólogo yucateco, ya desaparecido,
especializado en los fenómenos arqueoastronómicos,
al que nunca lo detenía la falta de presupuesto para hacer
una investigación ni para ofrecer una plática sobre
el tema; fue precisamente por esto que comenzó a dedicarse
a observar los fenómenos materializados en los edificios
mayas prehispánicos. A falta de "luz" material
para eso están la del sol y la luna, comentó en
alguna ocasión.
Hablar
en tonos alarmantes de la presunta desaparición de nuestro
patrimonio cultural prehispánico no llevará a ningún
lado.
En
vez de recurrir a estos artificios, más nos valdría
organizar, con frecuencia, reuniones de carácter informativo
en escuelas, museos y otros sitios para dar a conocer lo que hacemos
en cuanto a protección de la herencia cultural, pero no
para hablar con tintes de preocupación sobre lo que le
espera a nuestro legado arqueológico. A final de cuentas,
los habitantes del estado -con todo y sus excepciones- han velado
de esos vestigios desde hace cientos de años, antes de
que surgiéramos los arqueólogos. Hablar en otros
términos sólo es, desde mi punto de vista, señal
de una gran ignorancia sobre el tema.
D.O.Z.-
Mérida, Yucatán, junio de 1998.