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Publicación del 7 de marzo de 2001

Etapa negra en Yucatán

Lo que no se puede perdonar

Por Silvia LOPEZ ESCOFFIE

Con tristeza, los yucatecos hemos visto y vemos pasar acontecimientos dolorosos para la historia de nuestro Estado, muchos estamos preocupados ante el desconocimiento de todo lo que puede desencadenar la terquedad y cerrazón del gobernador y sus diputados.

Desde que el actual gobernador comenzó su primer período hasta estos últimos días, hemos sido testigos de una serie de arbitrariedades que nos han indignado y también que nos han herido profundamente como sociedad.

A raíz de todo ello, he estado pensando que tal vez le perdonaría al gobernador anticonstitucional que haya ordenado a sus diputados incondicionales que cambiaran la Constitución estatal para que él se pudiera reelegir.

También, quizá le perdonaría el que haya movido sus influencias, en 1991, para que cambiaran al gobernador y que al mismo tiempo nos impusieran a la interina Dulce María Sauri.

Quizá con el tiempo olvidaría que su camarilla nos robó la Casa del Pueblo, aunque espero que algún día la recuperemos.

Quizá también le perdonaría que haya acabado con el henequén y que hoy seamos un pobre pueblo maquilador.

Pienso que le perdonaría, también, que nos haya hecho un muelle en nuestras playas y que éste siga erosionándolas día a día.

Tal vez sería pecata minuta el que haya hecho una pista de canotaje que costó millones de pesos y que hoy no sirva para nada.

He llegado a pensar que le dispensaría que Yucatán pasara a la historia como el único Estado que ha tenido un gobernador anticonstitucional por 10 años.

Creo que hasta le perdonaría que ahora seamos noticia nacional y que todo México nos esté compadeciendo por la clase de gobernador que tenemos.

Igualmente, le disculparía la vergüenza nacional que hoy estamos pasando al resistirse a los cambios que el país vive y que no acate el mandato de un órgano legítimamente constitucional como es el TEPJF.

A lo mejor también olvidaría, hasta por salud mental, que el Honorable Congreso local haya perdido toda credibilidad y mucho de su dignidad, sobre todo al poner al frente de su Gran Comisión a una persona como Myrna Hoyos, hoy burla de los medios de comunicación nacionales.

Acaso como ciudadana se me olvide que usó su puesto para favorecer a sus incondicionales y a sí mismo, siendo notorio el enriquecimiento ilícito durante su mandato de unos cuantos.

Pero eso sí, estoy segura de que hay algo que nunca le podría perdonar a Víctor Cervera Pacheco, porque aunque nos haya empobrecido, aunque lo hayamos aguantado ya 10 años, aunque todo mundo sepa que vivimos en un cacicazgo, cuando menos teníamos la satisfacción de ser orgullosamente yucatecos.

Por supuesto que jamás le voy a perdonar que se haya aprovechado de nuestro histórico pasado para pisotearlo de la peor manera, utilizando nuestra bandera yucateca para los fines más perversos, acción que hirió el corazón de todos aquellos que por décadas, gracias a nuestros abuelos, teníamos la satisfacción de presumir que Yucatán era un estado que siempre luchó por un auténtico federalismo y por defender su soberanía, aportación gloriosa que legó a la historia de la nación mexicana.

Hoy, sin duda, muchos yucatecos orgullosamente bien nacidos no hemos quitado la bandera yucateca de nuestros coches porque nos resistimos a dejar que se destruya ese patrimonio que es nuestro y porque, además, no queremos que nadie nos lo quite y mucho menos Víctor Cervera.

Defendamos nuestra bandera porque es nuestra y de las generaciones de yucatecos que continúan narrando a sus nietos el orgullo de serlo, para que nunca olviden que en una época un cacique nos quiso arrebatar un símbolo local para sus fines espurios.

P.D. Pensándolo bien, no le voy a perdonar nada y voy a seguir luchando para que nunca más tengamos que sufrir otra etapa negra en la vida cívica y política de nuestro estado.— S.L.E.— Mérida, Yucatán, marzo de 2001.

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