La
Casa de Francisco de Montejo
La casa del fundador
de la ciudad es considerada, en la actualidad, como la más
valiosa joya de arte plateresco del país...
Su
fachada principal, la única que no ha sufrido alteraciones,
es considerada "la joya del arte plateresco más valiosa
que poseemos en arquitectura civil" del país. También
se ha dicho de esa portada que no hay "ningún monumento
más rico en este género" en México.
Tan
sólo describir el ornato de esa parte del edificio, que
tiene indicios de arte indígena, llevaría mucho
tiempo debido a la cantidad de elementos que componen sus dos
partes.
En
el libro que escribió al respecto el historiador Ignacio
Rubio Mañé se hace una mención detallada
de ese pórtico.
Hay
conchas de las que salen cabezas humanas, el busto de una mujer
con corona, un hombre barbado cuya cabeza parece cubrir un yelmo
o turbante y tritones que sostienen pequeños cartelas con
inscripciones: Amor Dei y Vincit (El amor de Dios venció).
Al
erudito maestro de la historia del arte
en
México, Manuel Toussaint, le pareció "muy curiosa"
una escultura de ese conjunto que representa a un hombre vestido
con piel de cordero que sostiene la base de la ménsula
que forma el balcón.
La
fachada también tiene capiteles decorados con cabezas de
niños
con cuernos como si se tratase de diablos o sátiros; hay
venados y ángeles en el friso y las columnas, colgantes
en forma de flores estilizadas y salvajes burdamente vestidos
con pieles de carnero, que sostienen mazas de troncos.
Hay
una ménsula formada por cabezas de niños que gritan,
lloran o sonríen; guerreros armados que descansan en cabezas
de indios vencidos y que sostienen en una mano una alabarda, y
en la otra una tosca espada; animales fantásticos y dos
leones rampantes en la cornisa.
Se
observan también los monogramas de Jesús y de María,
y arriba de la puerta el gran escudo de los Montejo, coronado
por un yelmo que cobija un águila.
A
la muerte de Montejo el Adelantado, la propiedad - ocupaba toda
la manzana- pasó a su viuda doña Andrea del Castillo,
quien estableció en su testamento que el predio no podría
ser vendido sino transferido a su descendencia, instituyéndose
así el Mayorazgo de los Montejo sobre el edificio, que
duró hasta 1832.
Posiblemente
a fines de 1839 la compró Simón Peón y Peón,
quien al fallecer en 1869 la dejó a su viuda y luego a
su hijo José María Peón Losa.
En
1914 la heredó María Eduviges Peón y Peón,
casada con el Ing.
Manuel
de Arrigunaga y Gutiérrez, quien en los primeros años
de este siglo reformó el edificio, dejándolo con
los ventanales laterales actuales que sustituyeron a otros de
tipo colonial.
Desde
hace varios años el edificio es propiedad de Banamex, que
tiene una sucursal.