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El
uso, el abuso y el descuido .- El Centro Histórico
Autor:Raúl
A. AGUILAR ALBORNOZ
El
18 de octubre de 1982, el Diario Oficial de la Federación
publicó el decreto por el que se establece en la ciudad
de Mérida una "Zona de Monumentos Históricos",
que abarca una superficie de 8.795 km2, conformada por 659 manzanas
y sus calles que las delimitan.Por disposición expresa
de este decreto federal, cualquier obra de construcción,
restauración o conservación en esa zona deberá
realizarse previa solicitud del particular ante el Instituto Nacional
de Antropología e Historia INAH, según sus
siglas (Art. 5), y que será dicho instituto a quien
corresponderá la vigilancia de lo que se ordena en tal
decreto (Art. 6).Así pues, la denominada "Zona de
Monumentos Históricos" o "Centro Histórico"
de Mérida, como se le conoce comúnmente, quedó
al menos en teoría bajo la protección
de la autoridad federal. Sin embargo, a poco menos de 18 años
de haber entrado en vigor esas disposiciones, este espacio urbano
ha sido víctima de algunos intereses que, quizá
por ignorancia, no han contribuido a su conservación y,
por lo mismo, le han producido un impacto negativo que lo ha dañado.
Además, es preciso señalarlo con toda claridad,
la conservación requerida para esta parte de la capital
de Yucatán debe ser el resultado de una conciencia ciudadana
que vea en este sitio un producto de valor estético y no
un objeto de valor comercial.Lo anterior significa que en la medida
en que quienes poseen predios en esta parte de esta Mérida
nuestra de cada día entiendan la enorme importancia que
implica su restauración y uso adecuados, los que habitamos
en esta ciudad estaremos ganando la batalla al deterioro intelectual
que representa para la sociedad un edificio abandonado y en estado
ruinoso. De nada (nada bueno, por supuesto) sirve que en la Muy
Noble y Muy Leal Ciudad exista una construcción representativa
de una época, de una arquitectura del pasado que hoy nos
exhiba un deplorable estado de conservación o, en el peor
de los casos, que constituya un serio peligro para quienes transiten
por sus cercanías.Ante lo que hoy se puede contemplar al
recorrer algunas partes de nuestro Centro Histórico, sentimos
que existe la necesidad de impulsar con mayores recursos económicos
programas de restauración y uso adecuado de edificios para
dar un nuevo rostro al espacio que habitamos. Y de manera paralela
a esta clase de programas consideramos que, en nuestra modesta
opinión, deben ir cambiándose viejos y obsoletos
esquemas jurídicos para que los predios que necesiten ser
restaurados lo sean sin perjuicio de los intereses de sus propietarios
ni los de la sociedad, pues es obvio que más allá
que el deterioro físico de una construcción pueda
ser o no del agrado de su dueño, la ciudad, su autoridad
y sus habitantes resultan
afectados por la presencia de este tipo de cosas que "contaminan"
el
espacio vital de la comunidad.Así pues, en este momento
que tenemos un Centro Histórico y el marco legal para protegerlo,
debemos ir en busca del financiamiento para llevar al cabo las
obras y del convencimiento de aquellos que poseen edificios deteriorados
para que elevemos la calidad de esas construcciones.Y es aquí,
precisamente aquí, donde parece surgir el primer gran problema
por proteger lo que aún queda de nuestras construcciones
representativas de otros tiempos en nuestra ciudad. En lo que
puede ser considerado una especie de conflicto de criterios sobre
cómo y por qué restaurar o revertir los daños
que se ven en esta zona, el Ayuntamiento de Mérida, a través
de la Dirección de Desarrollo Urbano, y el Centro INAH
Yucatán, a través de la Junta de Monumentos Históricos,
han hecho público sus desacuerdos en esta delicada materia.No
pretende el que esto escribe decir que el señor director
de Desarrollo Urbano, Arqto. Francisco J. Zetina Espinosa, sea
un iluminado que todo proyecto que hace no puede ser modificado,
así como tampoco decir que los señores arquitectos
de la Junta son los dueños de la verdad en materia de diseño.
Lo que queremos decir es que aquí se aprecia cierta incapacidad
de las partes para analizar sin pasiones las razones del uno y
del otro para resolver de manera justa muchas de las cuestiones
que han provocado la conocida confrontación.Creemos que
hace falta mucha capacidad y más humildad para atender
todo esto de la restauración del Centro Histórico.
Ojalá que quienes hoy se ostentan como protectores de este
espacio demuestren, con hechos, que están dispuestos a
hacer a un lado sus intereses o pugnas personales para mejorar,
en la medida de lo posible, el actual estado de la "Zona
de Monumentos".
Antes
de continuar con este asunto, el que esto escribe se permite aclarar
que no anda en busca de premio por parte del Ayuntamiento por
lo que será señalado. Dicho lo anterior, vale la
pena hacer notar que si revisamos algunos de los casos que han
sido tema de conflicto entre la Dirección de Desarrollo
Urbano y la Junta de Monumentos encontraremos ciertos hechos que
pueden ser considerados como contradicciones del Centro INAH Yucatán
en relación con los dictámenes que emite entre un
caso y otro. Ilustremos esto con dos ejemplos tomados al azar:
1.
Hay un predio en el Paseo de Montejo, concretamente el marcado
con el número 479 de la calle 56-A entre 37 y 39, al que
hace varios años el INAH le autorizó la colocación
de un par de ventanitas. Cuando la Dirección de Desarrollo
Urbano tramitó una licencia para "rescatar"
esa fachada, dicho instituto condicionó la obra a que se
eliminen esas mismas ventanitas.2. Se ha polemizado el asunto
de la iluminación directa de fachadas en la calle 60, pero
el INAH ha permitido (o al menos no lo ha visto), que en el edificio
restaurado de la JAPAY (calle 60 entre 65 y 67) y en el nuevo
"Cine Mérida" (calle 62 entre 59 y 61) haya iluminación
directa y profusa de ambas fachadas.Pero si se aprecian algunas
dificultades para interpretar esos criterios aparentemente contradictorios,
más las hay para entender si los señores que componen
la Junta de Monumentos Históricos conocen su responsabilidad
tal y como se las indica la Ley Federal sobre Zonas Arqueológicas,
Artísticas e Históricas.Decimos lo anterior por
el hecho de que el artículo 42 de esa Ley dice: "En
las zonas de monumentos y en el interior y exterior de éstos,
todo anuncio, aviso, carteles..., puestos o cualesquiera otras
construcciones permanentes o provisionales, se sujetarán
a las disposiciones que al respecto fije esta Ley y su Reglamento".Y
creemos que es difícil que a estas alturas los señores
arquitectos de la Junta de Monumentos ignoren que el actual gobierno
de Yucatán ha puesto ya tantos letreros en plena vía
pública para anunciar sus obras, por la enorme necesidad
que tiene este régimen de andar en un plan de vulgar exhibicionismo.
Aquí hay una cuestión poco clara que por elemental
decoro debería aclarar el INAH: si tales anuncios están
autorizados, qué criterio se utilizó para permitirlos
en vía pública y si no están autorizados
por qué no se ha ordenado su retiro.Ahora bien, siguiendo
sobre el tema de los anuncios del gobierno del Estado, suponemos
que la Junta de Monumentos Históricos del Centro INAH Yucatán
tiene lo suficientemente claro el concepto de conservación
o restauración de un edificio y, como autoridad que es,
se ajusta a la ley en su actuar. Pero he aquí que observamos
un caso que llama mucho nuestra atención, pues parece confirmar
que cuando se trata de obras del gobierno del Estado, ese instituto
es bastante flexible al establecer condiciones, en tanto que si
se trata de obras del Ayuntamiento, de pronto se transforma en
estricto.Pasemos a examinar el caso del predio marcado con el
número 489 de la calle 53 entre 54 y 56, Centro: Este predio,
de una institución denominada "Pastoral del Amor",
fue intervenido por el Ayuntamiento mediante una Licencia de Obra
expedida a fines del año pasado por el INAH. En dicho documento
se estableció, como una nota importante, lo siguiente:
"Deberá solicitar autorización para anuncio
en caso de ser necesario".La obra emprendida por la Dirección
de Desarrollo Urbano concluyó, quedando sustancialmente
restaurada la fachada de este predio. Algún tiempo después,
al parecer en el interior de este mismo predio, la Secretaría
de Desarrollo Urbano del gobierno del Estado empezó a realizar
una obra. Como de costumbre, se colocó un letrero para
anunciar estos trabajos. Lo grave, lo irregular de dicho letrero,
cuyas dimensiones aproximadas son de 1.30 por 3.50 metros, está
empotrado en la fachada del edificio, desfigurando por completo
las características del inmueble. Y esta es la hora en
la que ese letrero tan exagerado como ridículo permanece
en ese sitio como mudo testigo de la incapacidad del INAH y sus
arquitectos por mejorar el paisaje urbano en una zona en la que
tienen la obligación de velar por su conservación.Ojalá
que alguien en el INAH si es que no le teme al poder caciquil
ordene la clausura y el retiro de este atentado contra la ciudad.
R.A.A.A. Mérida, Yucatán, julio de 2000.
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