El
Reino de los Alimentos estaba triste. ¿Qué les pasaba?. Pues...
que alguien había robado los dulces.
Habían
desaparecido los pasteles, las tartas, el turrón...
Todos
lloraban: la carne, el pescado, las patatas, la fruta... todos echaban de menos
las cosas dulces.
No
sabían cómo encontrar a sus amigos y decidieron elegir a alguien
para que los fuera a buscar.
Se
reunieron todos los alimentos y eligieron al plátano para que buscase a
sus amigos.
El
plátano se marchó y empezó a buscar, camina que camina, atravesó
montañas de sal, lagos de jugo, pantanos de puré.
Pedía
información a todo el que se encontraba acerca de sus amigos, pero nadie
sabía nada.
Un
día ya cansado de tanto andar se puso a descansar debajo de un manzano.
En
aquel manzano vivían tres manzanas muy simpáticas que al ver al
pobre plátano tan triste y cansado decidieron acompañarlo en la
búsqueda de los dulces.
Ellas
sabían algo muy importante: ¡Quién se había llevado
los dulces!.
¿Y
sabes quién era?.
Pues
nada más y nada menos que la bruja Conserva.
La
bruja Conserva en el fondo no era mala, pero tenía la manía de meter
a todo el que viera dentro de una lata.
Por
eso se había llevado a los pasteles, a las tartas, a los helados y a todos
los demás dulces... para llenar con ellos todas las latas vacías
que tenía en su cueva,
El
plátano y las manzanas caminaron durante varios días, sin encontrar
ninguna pista.
Preguntaron
a todos los que se encontraron por el camino: al arroz, a los garbanzos, a los
fideos, a la carne, al pescado, a la patata, a la zanahoria, a la naranja y a
muchos más alimentos, pero... nada.
Un
día estaban andando cuando vieron que el suelo estaba lleno de trocitos
de chocolate , los siguieron y se encontraron delante de una cueva pequeñita
que estaba muy escondida.
Con
mucho miedo entraron los cuatro en la cueva y allí entre muchas latas vacías
encontraron a sus amigos encerrados en una jaula de latón.
Oyeron
detrás de sí un gran ruido, era la bruja Conserva que había
cerrado la cueva con un montón de latas vacías.
El
plátano le pidió por favor que les dejara salir de allí.
Pero
la bruja Conserva no quería y además pensaba meterlos también
a ellos dentro de sus viejas latas.
Mientras
el plátano trataba de convencer a la bruja, las manzanas abrieron la jaula
donde estaban presos los dulces y todos salieron corriendo hacia la puerta.
Tuvieron
que apartar las latas que taponaban la salida, cuando la bruja se dió cuenta
se puso muy furiosa y casi atrapa al plátano pero éste se había
quitado la piel y la bruja resbaló con ella.
Los
dulces y sus salvadores echaron a correr y desde aquel día no volvieron
a saber nada de la malvada bruja Conserva, ni de sus viejas y vacías latas