Magos de hoy El equinoccio místico
Por Carlos R. CASTRO MORALES
Buenos
amigos me han pedido que siga escribiendo sobre el apasionante
tema de la simbología católica cuaresmal y, por eso, aprovecho
el acontecimiento del equinoccio de Primavera para dar
unos pasos más en el tema de los símbolos religiosos basados en
fenómenos astronómicos. Lo primero que tenemos que recordar es
que, desde la más remota antigüedad, han existido hombres y mujeres
que han creído, idea de la que participo plenamente, que entre
la verdadera ciencia y la verdadera religión no puede haber conflicto
o diferencia alguna. Que la verdadera ciencia, como la verdadera
religión, nos llevan a conocer al único y verdadero Dios, así
como a servirlo a El y a nuestro prójimo.
A
partir de esta idea, la observación del cielo y de los astros,
de los fenómenos que originan sobre la tierra, como lo son las
estaciones del año, la duración de día y de la noche, las fases
de la luna y su influjo sobre las mareas y la maduración de los
frutos, las cosechas etc. son conocimientos que se aplican también
en forma paralela o análoga a los estados de vida de la naturaleza
en general y del hombre en particular. Ya los filósofos de la
antigüedad afirmaban que el hombre es un "microcosmos"
que vibra y funciona en armonía con el macrocosmos en el que se
encuentra
inmerso. Otros resumen esta misma idea en la fórmula: "como
es arriba, es abajo". He de aclarar que estas ideas no tienen
nada de superstición de "New age" o de esoterismo. Es
la simple observación de la realidad que nos rodea.
El
equinoccio es el fenómeno astronómico mediante el cual
el día adquiere una duración igual al de la noche. Esto quiere
decir equilibrio, que la luz y la oscuridad no predominan la una
sobre la otra. Esta es la primera tarea a lograr en esta época
del año; tus pasiones y defectos, tu ignorancia, ya que no las
puedes superar por el momento ¡equilíbralas! Reconoce en ti tus
luces y tus sombras para luego poder transformarte en luz radiante
de saber, de virtud, capaz de dar amor, calor y luz a los que
te rodean. Deja lejos el frío y la tibieza, el miedo y la duda.
Ha llegado la temporada de la explosión de la vida en el cuerpo
y en el alma.
El
gran actor del equinoccio es el Sol, que junto con la lumbrera
de la noche, la luna, son los dos cuerpos celestes que más presencia
tendrán en la gran tarea a emprender de transformarte en un ser
acorde contigo mismo y con el universo en que vives. Junto
con observar al Sol material, en procurar recibir sus rayos de
luz y vida, tienes que ocuparte del "sol espiritual"
que es Jesucristo. En las Sagradas Escrituras y en la tradición
de la Iglesia, Jesús es significado como el "Sol del amor",
"Sol de justicia", así lo cantamos en algunas de las
estrofas del himno eucarístico además de reconocerlo como la Hostia
Santa y Blancura Divina.
El
jueves santo Jesús instituye el sacramento de la Eucaristía y
del Sacerdocio, ambos sacramentos del amor espiritual a diferencia
del matrimonio que es el sacramento del amor material y humano,
capaz de conducir al amor divino pero por otra vía. La hostia
está hecha siguiendo el precepto bíblico de la manera más sencilla
posible, muy semejante al pan ázimo. Es sólo un poco de harina,
agua y calor producido por el cocimiento. ¡Qué pocos elementos
para contener a todo un Dios! La mayor grandeza de
Dios radica en su sencillez, por eso se piensa que el espíritu
es la "nada" que todo lo llena y vivifica.
Estos
elementos naturales de la hostia -agua, harina y calor- son también
un símbolo perfecto: el calor del amor divino y humano es capaz
de transformar al más simple de los elementos en la presencia
real, verdadera y actuante de Dios en nuestras vidas. Por eso
Jesús es el Dios del amor. Sin el calor del amor divino no hay
cohesión en los elementos para producir el efecto de equilibrio,
luz, salvación, salud y libertad material y espiritual. Por eso
la eucaristía y el sacerdocio son los sacramentos destinados a
perpetuar la presencia de Jesús entre los hombres hasta el fin
de los siglos. Y eucaristía y sacerdocio son simbolizados por
el Sol primaveral a partir del equinoccio.
Desgraciadamente,
del lado de la oscuridad también hay quienes pretenden actuar
contra luz y sus obras de maldad, opresión, injusticia, ignorancia
y esclavitud; también existen en perjuicio de los que aspiramos
al reino de la luz y el amor.
Los
yucatecos tenemos el privilegio de tener en nuestro suelo un monumento
hecho por los mayas para significar la esperada "bajada del
Sol" a nosotros y a nuestra sociedad. Sólo que como muy bien
ha dicho don Eddie Salazar, honra y prez de los noveles astrónomos
yucatecos, el equinoccio dura sólo un segundo astronómicamente
hablando. ¿Cómo hacer para que perdure en nuestras vidas esta
presencia del Sol de vida y de justicia? Tenemos que
volvernos de elementos naturales, finitos, simples, como la harina
y el agua, en hostias permanentes. Esto sólo se puede lograr si
despertamos en nosotros el fuego del amor en ese instante en que
el Sol físico se acerque lo suficiente a nosotros para recordarnos
la necesidad del calor para la cohesión con lo espiritual. Ese
es el único significado válido y trascendente para esperar con
ansiedad el equinoccio. Es el momento en que la llama se
acerca a la mecha para comunicarle su vida, su luz, su calor,
su movimiento para poder transformar toda la naturaleza. A este
equinoccio místico del amor, es al que debemos aspirar,
más que al astronómico.- C.R.C.M.- Mérida, Yucatán, marzo de 1996.