El
guacamayo, un ave de codiciado plumaje

El
guacamayo, ave de hermoso, codiciado plumaje, en el que predominan
los colores rojo y verde, despierta la admiración de quienes
lo contemplan tanto en su medio natural como en refugios y zoológicos.
El guacamayo rojo (Ara macao) y el guacamayo verde (ara militaris)
acicalan constantemente sus plumas de vivos colores con sus gruesos
picos, que les sirven para buscar insectos en los viejos troncos
de los árboles.
Estos
bellos animales, que se pasan la mayor parte del día asoléandose
y comiendo, pertenecen a la familia de los psitácidos.
En México hay 18 especies de guacamayos que comprenden
a los más grandes y coloridos integrantes de la familia
de los loros.
Su
hábitat en la América tropical abarca desde el sur
de México hasta Paraguay. Algunas de sus características
físicas sobresalientes son, además de la vistosidaad
de su plumaje, el enorme pico largo y curvado que tiene en la
mandíbula superior y sus redondos ojos negros, circundados
de piel desnuda.
Según
datos proporcionados por Pronatura Península de Yucatán,
A.C, la especie de mayor tamaño, el guacamayo rojo, escarlata
o azul y rojo, se encuentra desde México hasta Bolivia
y mide 90 centímetros de longitud, de los cuales 60 corresponden
a la cola.
Su
definición como guacamayo escarlata o rojo se debe al predominio
de plumas de este tono, aunque la parte superior de las alas sea
amarilla, las remeras azules y las plumas inferiores y exteriores
de la cola de tono azulado.
El
guacamayo verde o "ara militaris" mide 75 centímetros
de longitud y se localiza desde México hasta Brasil. Su
color es verde, matizado con azul en sus remeras, y tiene una
franja carmesí en la frente y otra en la parte posterior
de la cola.
A
la llegada de los españoles, los guacamayos rojos y verdes,
así como las demás variedades, abundaban por todo
el territorio mexicano, lo que causó sorpresa y admiración
en los visitantes.
En
particular, las plumas de los guacamayos eran uno de los objetos
más apreciados por las culturas indígenas, ya que
las utilizaban para adornar sus vestimentas, sus penachos y accesorios.
Incluso, las usaban para comerciar o para presentarlas a algún
soberano de lejanas tierras como regalo de amistad.
La
cacería de estas aves, así como de otras igualmente
vistosas, era temporal y con el pleno conocimiento de las épocas
indicadas para ello. No se cazaba por cazar y de esta manera los
guacamayos tenián garantizada su existencia y convivencia
con los seres humanos.
COSTUMBRES
Entre
las costumbres conocidas de los guacamayos se sabe que van de
un sitio a otro siempre y en bandadas estridentes y provocan gran
algarabía cuando están en grupo acicalándose,
comiendo o asoleándose; todo les parece motivo para chillar
a coro. Solo permanecen callados cuando están criando a
los pequeños.
Por
las mañanas, apenas despunta el sol en el horizonte, abandonan
su percha nocturna para reunirse en un árbol con sus congéneres;
permanecen en comunidad por mucho tiempo acicalándose y
asoléandose hasta que el hambre los impele a lanzarse entre
los árboles en busca de comida. El espectáculo que
proporciona el grupo de guacamayos multicolores volando mientras
sortea los diversos árboles es algo que nunca se olvida,
según afirman los que han tenido la suerte de presenciarlo.
Cuando
el calor del mediodía se intensifica, estas aves prefieren
cobijarse a la sombra de las ramas o en las oquedades de los troncos,
mordisqueando la madera para propiciar la salida de los insectos
que allí habitan; cuando el sol declina, nuevamente se
lanzan al vuelo y reanudan sus actividades rutinarias, para retornar
a su habitul lugar de reunión: un árbol desnudo
que les sirve para realizar "los comentarios del día"
y retirarse luego a descansar.
La
mayoría de los guacamayos se nutre de semillas y frutos,
y las especies mayores son capaces de romper las duras cáscaras
del marañón con su grueso pico, para extraer posteriormente
las semillas sirviéndose de su carnosa lengua. Hasta ahora
no se conoce toda la amplia gama de alimentos que consumen en
su medio ambiente natural.
En
cautiverio se ha comprobado que se adaptan muy pronto a las pepitas
de girasol y al pan con mantequilla. Es probable que en su estado
natural se alimenten de insectos.
Las
guacamayas hacen sus nidos en los huecos de los árboles
a gran altura del suelo, y una vez puestos los huevos se muestran
agresivas ante cualquiera que se aproxime a su nido.
Algo
curioso es que aún los guacamayos domesticados desafían
a sus dueños, si estos intentan averiguar lo que está
sucediendo en su recinto.
Cuando
brotan, las crías son ciegas y se encuentran desprovistas
de plumaje, el cual comienza a brotar poco después de una
semana; entonces el pico se obscurece y los polluelos comienzan
a abrir los ojos. Las plumas hacen su aparición primero
por la espalda, luego en la cola y finalmente en el resto del
cuerpo y la cabeza. A las diez semanas, el guacamayo joven tiene
su plumaje completo, pero no abandona el nido hasta que transcurren
otras tres semanas; sólo se sientan en la entrada del nido
y sus padres los alimentan mediante regurgitación.
El
guacamayo es más vulnerable ante la cacería, por
su costumbre de alimentarse en grupo. Esto lo aprovechan muchas
personas, especialmente coleccionista o contrabandistas de aves,
que buscan los lugares en donde suelen reunirse para cazarlos
al por mayor.
La
caza indiscriminada y la venta de sus plumas son dos de las causas
más importantes para que estas bellas aves sean consideradas
por la Secretaría de Ecología y Desarrollo urbano
como "en peligro de extinción". Además,
la destrucción de gran parte del territorio selvático
en que viven también ha mermado su población, hasta
el grado de que algunas variedades de guacamayo fueron vistas
por última vez hace muchos años, y otras son cada
vez más escasas.
(Ilustración:
Jorge Rivas Cantillo)