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El resistente, útil guayacón

    La fauna de peces de agua dulce de la Península de Yucatán es exclusiva de esta región, sólo se encuentran especies parecidas en los lagos de Mesoamérica. Muy pocas tienen una relación cercana con otros peces del Golfo de México o incluso del Caribe. Esto se debe a las condiciones de aislamiento que presentan los hábitats de agua dulce de la Península.

    La situación ocasiona que cuando una especie de pez consigue entrar a la región, por la dispersión natural de sus poblaciones a través de largos períodos evolutivos, prácticamente no puede ir más lejos, lo que origina nuevas formas endémicas.

    Sólo dos especies parecen estar relacionadas muy cercanamente con algunas regiones del sur, una de ellas es la Gambusia yucatana, un pez pequeño, conocido como guayacón.

    El guayacón pertenece a la familia de los Poecílidos, cuyas características principales son ser vivíparo y tener una marcada diferenciación sexual.

CARACTERISTICAS

    La mayoría de las diferencias las presenta el macho, que realiza la fecundación mediante un órgano que introduce en la hembra, llamado gonopodio, modificación evolutiva de la aleta anal.

    En algunos peces la fecundación es externa, el macho libera los espermas en el agua, donde la hembra ha colocado previamente los huevecillos infértiles. Sin embargo, en los peces más evolucionados, el gonopodio constituye la principal estructura reproductiva.

    Aunque macho y hembra presentan el mismo tipo de aletas, en el macho sobresale la modificación de la aleta anal convertida en gonopodio, tal como se aprecia en el dibujo de Jorge Rivas Cantillo que ilustra esta plana.

    La diferencia sexual externa es muy notable en esta especie.

    Además de la ya mencionada, la hembra tiene el vientre mucho más abultado. Los machos son más pequeños que las hembras, y la coloración de ambos varía según el lugar en que se encuentren. Los que viven en las ciénagas son poco menos claros que los que habitan en los cenotes.

    El color de su cuerpo es claro, con un tono amarillo verdoso. La cabeza es de color verde oliva. Tiene una línea negra que recorre todo su cuerpo, desde el borde superior del ojo hasta la base de la cola.

    Esta línea es más tenue del centro hasta el final. Las aletas de uno y otro sexos tienen dos o más filas de pequeñas manchas negras; en el cuerpo están por encima de la línea negra que lo recorre. El borde de la pequeña aleta dorsal es igualmente negro.

   El guayacón es un pez capaz de soportar fuertes cambios en la salinidad de las aguas en que habita. El lugar donde se encontró esta especie por primera vez fue en la ciénaga de Progreso, en 1914.

    Esta especie es más común en el norte de la Península. Se encuentra tanto en los manantiales de los petenes como en aguadas y cenotes abiertos.

    A pesar de los cambios drásticos que ha sufrido la ciénaga de Progreso, localidad característica del guayacón, el pez se puede encontrar en las áreas todavía inundadas entre los manglares. Esto se debe a que es una especie resistente a las altas temperaturas y los muy bajos niveles de oxígeno en el agua, además de cambios en la salinidad.

    Lízbet Chumba Segura, investigadora de la UADY, en un estudio que realizó en la década pasada sobre la fauna de los cenotes de Yucatán, menciona que estos peces se utilizaron como controladores del mosquito transmisor de la fiebre amarilla.

    En la actualidad, no se ha registrado al guayacón en las listas de especies en peligro de extinción, quizá por su gran capacidad para adaptarse a cambios drásticos de los hábitats acuáticos en donde vive.

LA IMPORTANCIA DE LOS PECES DE AGUA DULCE

    Sin embargo, la importancia de los peces de agua dulce es que se alimentan principalmente de larvas de insectos que ponen sus huevecillos en el agua, como lo hacen los mosquitos, y que contribuyen a la diseminación de enfermedades epidémicas.

    El guayacón tiene un papel importante en la complicada red ecológica de los ecosistemas acuáticos de Yucatán al actuar como control natural de las poblaciones de insectos nocivos para la especie humana.

    La paulatina disminución del número de especies de peces de los cenotes, ciénagas y aguadas de Yucatán podría llegar a ocasionar, aunque a muy largo plazo, un aumento considerable en las poblaciones de mosquitos, entre los cuales pueden encontrarse algunos tan peligrosos como el anófeles, transmisor del paludismo.

    Los hábitats acuáticos de Yucatán sufren rápidas y constantes perturbaciones que, en pocas décadas, han ocasionado cambios irreversibles en no pocos cenotes y en la mayor parte de las ciénagas costeras.

    Por las características del suelo peninsular, cuya consistencia calcárea lo hace altamente permeable, los cuerpos de agua subterráneos de donde afloran los pozos, cenotes y manantiales, así como las ciénagas y las aguadas que se forman de las lluvias, suelen estar íntimamente relacionados con el sistema de aguas subterráneas que abastece a las poblaciones humanas.

    Por ello, el manto freático, corriente subterránea que se encuentra a no más de ocho metros de profundidad, es muy fácil de contaminar, y es lo que han estado haciendo quienes vierten sus desechos en los cenotes y quienes no tienen adecuados sistemas de disposición de aguas residuales.

    Por desgracia, ejemplos de esta actitud abundan en la ciudad de Mérida, como es el reciente caso de contaminación de pozos con gasolina, o los problemas que presentan los llamados pozos de absorción, cuyo diseño inadecuado permite la filtración de las aguas de desecho hacia el manto freático.

    Así pues, la preocupación por la existencia de un pequeño pez habitante de los cenotes de Yucatán no se limita a la posible desaparición de una sola especie, sino a las consecuencias mayores que este hecho representaría para la vida de las comunidades humanas.

(Ilustración: Jorge Rivas Cantillo)


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