El
mapache, un animal "higiénico"
En algunos lugares lo llaman "osito lavador",
ya que acostumbra enjuagar sus alimen tos

Hasta
hace algún tiempo, a lo largo de las riberas o en las márgenes
de las lagunas, cerca de los cenotes y aguadas, era común
observar a un animal pequeño, con singular antifaz en el
rostro.
El
mapache (Procyon lotor) o "culú", como se le
conoce en Yucatán, es un animal curioso por naturaleza
que tiene el tamaño de un perro "cocker spaniel",
con cuerpo rechoncho, piernas cortas y pequeña cola, matizado
con bandas alternas que forman anillos negros y blancos grisáceos;
su máscara negra adquiere un tono gris pálido alrededor
del hocico y arriba de los ojos.
La
piel del mapache es gris y su tono cambia gradualmente hasta hacerse
negra en la mitad del lomo; sus dedos son largos y angostos.
En
México se distribuye a lo largo de todo el territorio,
en sitios donde pueda hallar agua, por lo que es raro encontrarlo
en las montañas.
En
Yucatán, su presencia numérica era importante aunque
no tanto como en otras partes del país donde abundan las
fuentes de agua que corren a ras de la superficie, como ríos
o manantiales. En algunos lugares se les conoce como "ositos
lavadores", porque tienen la costumbre de enjuagar sus alimentos
antes de comerlos. De allí su necesidad de vivir cerca
de las fuentes de agua.
De
acuerdo con información que proporcionó Pronatura
Península de Yucatán, A.C., la natural habilidad
del mapache para adaptarse a los diversos ambientes de México,
incluso en los pantanos poblados de cocodrilos de los bosques
lluviosos, muestra que sus actuales problemas de sobrevivencia
no se deben a epidemias o cualquier anomalía genética,
sino a dos factores principales:
1.-
La cacería intensiva a que se ve sometido debido al alto
precio y demanda que tiene su piel, destinada principalmente a
la elaboración de abrigos, estolas, bolsas y además
accesorios (cabe señalar que en el sur de México
su piel es de baja calidad debido a su delgadez y al pelo relativamente
escaso; sin embargo, esto no lo salva, ya que en Yucatán
y otros estados vecinos se le caza para comer).
2.-
La destrucción de los bosques, montes y selvas para la
construcción de zonas habitacionales o cualquier otro tipo
de uso del suelo, lo que vuelve el hábitat prácticamente
inadecuado para el mapache y otras variedades de animales.
Su
necesidad de estar cerca del agua también se justifica
si se considera que gran parte de su dieta proviene de las corrientes
acuáticas; sus "platillos" principales son las
ranas y los cangrejos de tierra.
Solitario
por naturaleza, el mapache sólo busca pareja para procrear
y luego se aleja. Por su parte, la hembra se dedica a preparar
la madriguera y luego a cuidar de las crías.
Incluso,
las madres mantienen consigo a sus vástagos durante los
primeros meses, hasta que ellos se desarrollan y aprenden a sobrevivir.
Algunos
investigadores del comportamiento animal, entre ellos Leopold
Starker, autor del libro "Fauna Silvestre de México",
describen a la madre mapache como muy estricta en el cuidado y
enseñanza de sus crías.
Starker
narra que una vez se encontró con una madre mapache que
caminaba en una sola fila con cinco mapachitos de apenas dos meses
de edad, cuando intempestivamente una rana saltó cerca
de ellos y se metió entre la húmeda vegetación;
la madre siguió su camino haciendo caso omiso de este "delicioso
platillo" y tres de sus cinco hijos la imitaron, sin alterarse.
Sin
embargo, los dos que marchaban atrás se desviaron
inmediatamente y corrieron tras la rana, pero al perderla de vista
se dieron cuenta que también habían perdido a su
madre por lo que empezaron a gemir lastimeramente. La mapache
regresó molesta hasta donde salían los gemidos y
al hallar a los extraviados empezó a golpearlos, morderlos
y empujarlos con su hocico y patas, en tanto los "reprendía".
El
apareamiento de los mapaches se efectúa durante diciembre
en las entidades del norte de México y en Estados Unidos,
pero en el sur coincide con las primeras lluvias de verano. Los
machos son polígamos, es decir, forman pareja con varias
hembras durante una misma temporada; sin embargo, éstas,
después de haber sido fecundadas, no se asocian con algún
otro macho y se dedican a sus propios asuntos, como por ejemplo
preparar la madriguera para la familia que se espera.
Generalmente,
los mapaches construyen su madriguera en árboles huecos,
en la concavidad de una roca o en las mismas que dejan abandonadas
los zorrillos o tejones. Los cachorros nacen aproximadamente nueve
semanas después del apareamiento y los partos consisten
de tres a seis crías.
Cuando
llegan al mes de edad, los pequeños mapaches empiezan a
acompañar a la madre en sus viajes nocturnos, para buscar
comida, y al llegar a los dos meses ya se alimentan solos. Son
omnívoros como los osos; además de cangrejos de
tierra y ranas, se alimentan de caracoles, pequeños mariscos,
insectos acuáticos y ocasionalmente peces.
Asimismo,
comen casi toda clase de frutos carnosos. Además, siempre
que pueden roban huevos de los nidos de aves silvestres y domésticas
y se comen también a las aves y pequeños mamíferos,
por lo que normalmente son perseguidos por los granjeros y milperos.
Esta
habilidad para conseguir alimento en cualquier parte los hace
fácilmente adaptables a los distintos ambientes.
Ocasionalmente,
los "culúes" causan serios daños a las
milpas, especialmente cuando los frutos ya están maduros;
se dedican a morder las mazorcas tiernas derribando primero las
cañas.
En
otro países, como en Estados Unidos, la cacería
de mapaches es un deporte importante y la piel de este animal
tiene gran valor; en México, se caza principalmente por
su carne y muy poco como deporte. Debido a su habilidad para correr,
esconderse, caminar sobre los troncos y nadar, burlan continuamente
a los perros adiestrados para alcanzarlos.
En
Yucatán, la población de mapaches ha disminuido
significativamente debido a la tala de los montes, que propicia
la desecación de aguadas. Hasta el momento, no hay programas
específicos para la conservación de esta especie.
(Ilustración:
Jorge Rivas Cantillo)