El
saraguato: la voz de la selva

Estiran
cuerpo y cola, después de largo sueño, y, junto
con el nacimiento del Sol, emiten resonantes, estremecedores gritos
para anunciar a la selva y sus moradores que empieza un nuevo
día. Así se inicia la jornada cotidiana de los monos
aulladores o saraguatos, singular especie que debe su nombre al
fuerte gruñido de los machos y al grito -semejante al ladrido
de un perro "bull terrier"-de las hembras.
Los
machos adultos, jefes de la tribu, imponen su autoridad sin agresión
y dirigen el concierto en "crescendo" de aullidos, que
empieza casi con susurros y termina en un auténtico estruendo.
El resto de la manada imita el tono de los gritos del líder
y sigue exactamente la ruta trazada por éste.
Alovatta
palliata mexicana es su nombre científico y en México
es conocido como saraguato. Habita en el sur del país y
su área de desarrollo se extiende hasta el norte de Argentina,
dondequiera que existan bosques tropicales y subtropicales.
Según
el biólogo Alfredo Arellano Guillermo, investigador de
la Secretaría estatal de Ecología, en México
se localizan principalmente en la selva lacandona y en la región
del Petén, en el triángulo fronterizo entre Quintana
Roo, Tabasco y Guatemala, aunque no se conoce la cifra exacta
de la población.
-Al
parecer -comentó-, en Yucatán no hay "monos
gruñones", ya que la selva yucateca es muy baja y
el hábitat de los saraguatos está formado por bosques
medianos y altos, ya que obtienen su alimento de las copas de
los árboles y rara vez bajan a la superficie.
ENEMIGOS
Hasta
hace poco tiempo, el grito de los monos aulladores era común
en las selvas del Sureste. Se le podía encontrar balanceándose
en los árboles de chicle (achras zapota), muy abundantes
en estas regiones selváticas, de donde obtienen el principal
elemento de su dieta; sin embargo, su área ha sido reducida
considerablemente en los últimos años por la tala
de árboles, el desmonte y la urbanización.
Sus
principales enemigos naturales son los felinos y las águilas
arpías comedoras de monos, ave muy grande y rara en el
sur de México, que se alimenta de estos primates. No obstante,
su principal enemigo es en realidad el hombre, que lo persigue
atraído por su fina piel y su carne, considerada en muchas
partes como muy sabrosa.
Esta
caza indiscriminada y la reducción drástica de su
hábitat convierten al saraguato en una más de las
numerosas especies en peligro de extinción.
El
aullador es de pelaje generalmente negro, rojo o castaño,
según la especie. Su cola es prensil, con una zona desnuda
en la parte inferior de la punta. Las manos y los pies son grandes;
como otras variedades de primates, cogen los objetos con el segundo
y tercer dedos.
Los
saraguatos aúllan con estruendo debido a que tienen muy
desarrollado el hueso hioides de su garganta, el cual forma una
caja ósea -como cámara de resonancia- que amplifica
su voz. El hioides es más pequeño en la hembra,
pero de cualquier manera es de tamaño notable.
El
cuello del macho está cubierto de pelo áspero, que
le hace parecer aún más grande. La forma del cráneo
y garganta está modificada por el aparato vocal, lo que
hace que la mandíbula inferior se extienda en su ángulo.
Tanto
el macho como la hembra alcanzan a medir más de un metro
de largo, incluyendo la cola, aunque, debido en parte a la región
modificada del cuello, el macho es un poco más pesado.
Los
aulladores son lentos y cautelosos en situaciones normales, pero
se mueven con extraordinaria agilidad cuando algún ruido
o movimiento del bosque les inquieta. Nunca saltan de rama en
rama, sino que forman un "puente" sujetando con la cola
la rama más cercana y agarrando con las manos la siguiente
rama. En días lluviosos son menos activos y hacen muy poco
ruido.
Después
de su ejercicio vocal de todas las mañanas, vagan un rato
cerca del árbol donde pasaron la noche. Alrededor del mediodía
se pasean por su territorio en busca de alimento, descansan hasta
media tarde e inician nueva búsqueda de comida. Posteriormente,
pasean un poco a través del paraje y antes de recogerse
para pasar la noche, que ocurre de seis a siete de la noche, vuelven
a emitir sus aullidos.
Hojas,
yemas, frutos y flores integran su régimen alimenticio.
Los frutos secos son uno de sus alimentos favoritos y es una de
las causas principales de la rivalidad entre los grupos. Comen
los frutos, con todo y cáscara, inmediatamente después
de arrancarlos del árbol, aunque las hembras a veces guardan
algunos para sus pequeños. Más de 50 clases de plantas
proporcionan comida a los saraguatos.
Con
un aire de indiferencia y "gastadores" a su manera,
los aulladores no recogen los alimentos que se les caen de las
manos.
Son
bastante suspicaces; enroscan su cola prensil en una rama para
mantener su estabilidad cuando comen, sentados en su rama predilecta.
Los
límites de territorio son inviolables, el jefe de la tribu
aúlla cuando llega a la zona que protege y motiva al resto
del grupo a hacer lo mismo para que sus gritos amedrenten a los
otros grupos.
Existe
una jerarquía bien definida entre los machos y otra independiente
y menos marcada entre las hembras. Aunque los machos dominan a
sus parejas, lo hacen de un modo no agresivo y las hembras actúan
conjuntamente en el concierto de aullidos y en la dirección
del grupo.
REPRODUCCION
Los
saraguatos no se cierran al contacto con otros grupos de su especie,
ya que, cuando se encuentran con una manada vecina, todos actúan
al unísono. Los machos emiten una especie de rugido que
sale con fuerza, las hembras gimen y los pequeños colaboran
con sonidos.
Los
grupos están formados por dos a 30 monos, aunque el término
medio es de 18, entre los cuales hay dos o tres veces más
hembras que machos. La abundancia de comida es lo que determina
la extensión de árboles que cada grupo ocupa, así
que los territorios cambian de posición y perímetro
cada semana.
Un
tercio de las hembras tiene crías en cualquier época
del año y el período de gestación dura aproximadamente
139 días. El pequeño se cuelga todo el tiempo de
su madre durante seis meses en promedio, hasta que llega un nuevo
hermanito y le quita el puesto.
Por
desgracia, cada día aumenta la explotación de los
árboles de caobas y cedros -entre los predilectos de los
aulladores-. Los intereses madereros se imponen cada día
más y las regiones selváticas cada vez se "limpian"
más para ceder el campo a la agricultura.
Muchos
animales se pueden desenvolver aisladamente, reapdaptarse a condicinones
adversas a su propia naturaleza o crear nuevas formas de hábitat
en lugares modificados por la mano del hombre.
Pero
los saraguatos, al igual que los tapires, persisten sólo
en un medio natural. Por eso, es urgente respetar la vida de las
abundantes y altas selvas de donde se alimenta esta singular especie.
(Ilustración:
Jorge Rivas Cantillo)