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El Tapir, a punto de desaparer
Víctima del instinto depredadro del hombre


    Hace apenas unos años era común observar la gresa figura del tapir entre el follaje de las selvas tropicales del sureste de México y Cetroamérica. De naturaleza tímida, se ocultaba entre los matorrales para protegerse de sus enemigos, principalemente el hombre.

    Sus pequeños ojos le permitían atisbar tranquilamente entre los matorrales, y su corta trompa olfatear la crecanía de algún posible peligro. O por el contrario, se animaba a caminar tyranquilamente por las veredas en busca de una aguada donde poderse zambullir en paz y darse un baño de lodo para tratar de ahuyentar a los mosquitos que se pagaban a su gruesa piel.

    En la actualidad, encontrar un tapir (Tapirus bairdii) es algo tan raro que causa asombro a los investigadores que buscan esta especie para tratar de preservarla. Tal parece que el triste destino de este mamífero, que existe desde hace muchos siglos, es la extinción, y el princiapl causante de este fenómeno es el hombre.

    El Tapir, danta, anteburro o tzimín (en maya) cmo se le conoce en diversas regiones, existe desde hace millones de años y es el único representante en América del Norte de los Perissodactyla, ungulados de dedos nones, ya que el caballo y el burro -sus familiares más cercanos-provienen del viejo mundo.

    El tapir es un animal corpulento, con piernas cortas y naríz alargada, parecida a una pequeña trompa, pero que no sirve como tal, sino que le ayuda a tener buen olfato, característica distintiva de su especie, como lo es también el oido, virtudes que de alguna manera lo compensan por su deficiente vista.


    Son cuatro las especies conocidas de ese animal: tapirus bairdii, tapirus pinchaque, tapirus terrestris y tapirus indicus; todas, excepto la última, están en peligro de extinción ya que el hombre considera de mucho valor su grasosa carne, que garantiza el alimento para varias familias.

    El tapirus bairdii es la única especie que habita en el sureste mexicano, aunque se ha visto notablemente mermada, al grado de que sólo es posible encontrar uno después de varios meses de intensa búsqueda.

    Por su timidez o quizá por "herencia" de sus antecesores perseguidos, habitan en lugares con abundante vegetación y evitan los sitios descubiertos. Son animales solitarios que prefieren las zonas próximas a los cuerpos de agua para huir fácilmente de sus perseguidores.

    Según los estudios que diversos biólogos han realizado sobre esta especie, los dantas son animales muy activos a pesar de sus casi 200 o 300 kilogramos de peso. Se alimentan de vegetación acuática, brotes tiernos, frutos, corteza y semillas de diversas plantas. Juegan un papel importante en la dispersión de semillas de plantas y árboles.

    Tienen la altura de un "pony", pero rechoncho, sus orejas son cortas y redondas con las orillas blancas, su cola es corta y tiesa, tiene cuatro dedos en las patas delanteras y tres en las posteriores. Su color es café opaco de tonalidad más clara en la cara, garganta y pecho, y mide unos dos metros de largo y uno de alzada.

    A diferencia del caballo, el tapir no ha perdido sus dedos laterales a pesar de que su peso se aplica directamente sobre el dedo medio de cada pata, de la misma manera que en el caballo. Sólo el pulgar ha desaparecido de las patas delanteras y los dedos exteriores de las traseras.

    Las hembras llegan a su madurez sexual a los 2 ó 3 años y los machos a los 3. El período de gestación dura de 390 a 400 días, después del cual nace una sola cría que por ocho meses permanece junto a su madre. Debido a eso, su potencial reproductivo es muy bajo.

    Son animales mansos y pacíficos que no hacen uso de sus escasas defensas, sino hasta el último momento y especialmente en casos de amenaza a su cría.

    Debido a la cacería indiscriminada, la destrucción de su hábitat, su bajo potencial reproductivo y su docilidad, su población se ha reducido considerablemente. Hasta hace algunos años era posible hallarlos desde el sur de México hasta el oeste de los Andes peruanos, y del norte de Colombia al Golfo de Guayaquil, pero en la actualidad sólo se encuentra "de manera remanente en Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán".

    Los tapires no pueden vivir en cualquier medio, a pesar de la extensión de su territorio original, ya que necesitan un medio ambiente bien conservado, con escasa perturbación por parte de la actividad humana, y que cuente con ríos, lagunas o aguadas, por la protección que les ofrecen.

    Sus principales enemigos naturales son los grandes carnívoros, como el jaguar, el puma y los cocodrilos. No se sabe cuánto pueden llegar a vivir en situación normal.

    De acuerdo con el estudio proporcionado por la investigadora de Pronatura, la desaparición del tapir comenzó desde antes de la Conquista, quizá como resultado de las colonizaciones mayas y la destrucción de los montes. El obispo de Yucatán Fray Diego de Landa escribió en su "Relación de las Cosas de Yucatán": "Los tapires existen solamente en una esquina del Obispado de Yucatán que queda atrás de las montañas de Campeche, en donde hay muchos de ellos. Hay más en esta parte de tierra que en todo el resto, ya que este animal es muy afecto al agua y en esta región hay muchas lagunas".

    Otras referencias al tapir mencionan que "tienen su fortaleza en las junglas, ya que mantienen una red de veredas que usan para desplazarse de sus lugares de descanso a sus comederos y para ocultarse de sus enemigos". Parece ser que las veredas del tapir pasan por lo general debajo de ramas de poca altura o de algunos troncos, que utilizan como "trampas, pues cuando son atacados, empujan a sus adversarios contra estos obstáculos, que golpean al felino en el lomo y con frecuencia lo dejan muerto.

     No emite algún sonido característico, pero cuando está alarmado o enojado deja escapar una especie de chillido semejante al del caballo.

     Los tapires jóvenes están expuestos a la depredación de algunos de los pequeños felinos, pero su enemigo natural es el jaguar y ahora el hombre.

    Actualmente, Pronatura realiza una serie de actividades para proteger de la extinción a esta especie. Desafortunadamente, llevará algún tiempo ponerlas en práctica y, tal vez, lo más díficil será que el hombre las acate.

(Ilustración: Jorge Rivas Cantillo)


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