La
"altruista" urraca yucateca
Es conocida en el Estado como "ch'el",
por su color claro cuando es pequeña

Su
atractivo plumaje azul turquesa por encima y negro intenso por
debajo contrasta con el color de la vegetación de las selvas
donde habita, ubicadas en la región que comprende la Península
de Yucatán, parte sur de Tabasco, el norte de Belice y
la zona del Petén guatemalteco.
Es
la urraca yucateca, Cyanocorax yucatanica, ave de hábitos
sociales cooperativos que en Yucatán es conocida como "ch'el"
por el color blanco que tiene en el vientre y partes inferiores
del cuerpo cuando pequeña, ya que "ch'el" significa
"de tez blanca y pelo claro", según el Diccionario
Maya Cordemex. Cuando crece, sus partes claras se tornan de un
negro intenso, al igual que su pico que de pequeño es amarillo.
La
urraca yucateca pertenece a la familia Corvidae, que incluye 102
especies de cuervos y urracas. Estas últimas son más
variadas y coloridas que los primeros, además de que no
llegan a ser tan grandes como sus parientes.
El
grupo de las urracas se encuentra excepcionalmente bien diversificado
en Centro y Sudamérica, donde se localizan no menos de
28 de las 32 especies que habitan en el continente.
Estas
aves muestran un importante desarrollo de sistemas sociales cooperativos,
al grado de que la unidad social del "ch'el" no es la
familia, sino la bandada.
La
mayor parte de la información que presentamos en este reportaje
fue tomada de un estudio sobre la urraca yucateca, realizado por
los investigadores Ralph J. Raitt y John William Hardy y publicado
en la revista científica "Wilson Bulletin", en
diciembre de 1976. Es uno de los escasos estudios efectuados sobre
esta ave típica de Yucatán.
La
singular urraca yucateca puede habitar virtualmente en todas las
áreas boscosas de la Península de Yucatán,
donde prefiere las orillas de la vegetación, siendo más
común en el monte bajo, aunque también se le puede
encontrar entre los tintales, sobre todo en el Petén guatemalteco.
Su
organización social varía según las estaciones
del año, distinguiéndose sus actividades en tres
etapas: la temporada de secas en invierno, el período pre-reproductivo
y la época de lluvias, que es cuando se reproduce.
En
invierno, la especie forma grandes agrupaciones de hasta más
de cincuenta individuos, para después integrarse en grupos
pequeños, típicos de los períodos de reproducción,
formados por no más de quince aves.
Durante
esta época, pueden verse a las grandes bandadas de brillantes
colores moverse continuamente de un lugar a otro, formadas por
individuos en su primer año de edad, de dos años
y adultos.
Pueden
transladarse a distancias que van de los 500 metros a un kilómetro,
y según el estudio mencionado, resultan de la unión
de varios grupos reproductivos vecinos.
ALIMENTACION
Se
alimentan por igual de plantas y animales, una característica
de todos los miembros de la familia Corvidae. Su alimento principal
son las semillas, y dentro de ellas parecen preferir el maíz,
por lo que tal vez no sean muy bien vistas por algunos campesinos.
También
comen insectos como escarabajos, grillos, larvas de mariposas,
arañas, hormigas, mosquitos, caracoles y gusanos de tierra.
Algunas veces llegan a comer frutos pequeños.
La
variación de su dieta depende de las estaciones del año
y también puede cambiar de un año a otro, por lo
que se consideran aves omnívoras oportunistas, es decir,
que comen los alimentos que tengan disponibles.
Lo
más común es verlas a la orilla de los bosques tropicales,
en grupos que vuelan y se perchan en las ramas de los árboles,
a varios niveles por debajo de las copas más altas.
La
mayor parte del tiempo se mueven lenta y deliberadamente, examinando
las hojas y ramas en busca de alimento. Sin embargo, los grupos
son sedentarios, lo cual significa que, a pesar de que pueden
desplazarse a grandes distancias, no emigran de un lugar a otro,
sino que toda su vida permanecen en el mismo territorio.
Cuando
distinguen a alguna persona cerca u otro posible enemigo, los
grupos de urracas emiten fuertes sonidos agudos y chillantes,
desagradables al oído humano. Levantan el vuelo agitadamente
de un lugar a otro sin dejar de hacer escándalo.
Según
consta en el Diccionario de la Fauna Yucateca, de Santiago Pacheco
Cruz, publicado en 1958, su característica escandalosa
las vuelve una pesadilla para los cazadores, pues apenas descubre
el "ch'el" su presencia comienza a gritar y pone en
alerta a todo animal en las cercanías.
PERIODO
DE REPRODUCCION
A
mediados de abril, conforme se acerca la temporada reproductiva,
los machos y las hembras de los grandes grupos invernales comienzan
a reunirse en bandadas de menos de 10 pájaros o a veces
hasta 15, pero no más. Incluso pueden llegar a verse parejas
separadas de la parvada, aunque esto es sólo para aparearse,
pues el "ch'el" no sereúne en simples pares de
macho y hembra para anidar, sino que forma grupos con más
de dos adultos y usualmente varios jóvenes de uno a dos
años de edad.
Posterioremente,
las urracas yucatecas comienzan a preparar sus nidos, que consisten
en una débil plataforma poco profunda, compuesta mayormente
de una colección de varitas y ramas embutidas con pequeños
trozos de leña que toman de troncos grandes y fibrosos
para darle consistencia.
El
revestimiento del nido no es muy denso, por lo que es posible
ver desde fuera a los huevos o a los polluelos. Debido a su fragilidad,
el nido no permanece intacto después de que las crías
lo abandonan, sino que se deshace por sí mismo y es necesario
volver a construir uno nuevo la próxima temporada.
El
"ch'el" es un pájaro tan cooperativo, que constuye
su nido comunitariamente. Sin embargo, los adultos son los que
tienen más experiencia, pero permiten a los jóvenes
participar. Muchas veces no es tanta la ayuda que prestan, aunque
no por ello son regañados o alejados, sino que se les permite
cualquier aportación, por entorpecedora que ésta
sea.
Macho
y hembra se dedican primero a la recolección del material
para su nido. Lo depositan en un lugar hasta que juntan el suficiente
para comenzar con la construcción. Lo más común
es que se empiecen a formar los nidos a principios de mayo.
Ya
entrado el mes de junio, las urracas yucatecas comienzan a poner
sus primeros huevos. Estos son jaspeados, casi de color carne
con manchas ligeramente rojizas. Generalmente las nidadas constan
de cuatro huevos, aunque han llegado a contarse hasta seis en
un solo nido.
Un
grupo de urracas puede tener entre dos y tres nidos que cuidan
comunalmente, aunque nunca se juntan con otros grupos reproductivos,
respetando siempre sus territorios.
A
pesar de que estas aves cuidan en grupo los nidos y las crías,
sólo uno de los miembros de la pareja de padres se encarga
de incubar a sus huevos. Según un estudio, nunca se dio
el caso de que un "ch'el" incubando haya sido reemplazado
por otro mientras se alejaba del nido.
INCUBACION
Es
tal el grado de organización y cooperación que se
da en esta especie, que siempre puede observarse uno o más
pájaros junto al que está incubando el nido, a manera
de vigilantes. Lo más seguro es que sean las hembras quienes
incuben sus propios huevos, pero cabe la posibilidad de que los
machos también lo hagan, ya que es difícil distinguir
entre ambos sexos a simple vista.
La
madre permanece casi un 90% de su tiempo incubando sus huevos,
y cuando se ausenta por alguna razón, siempre cuenta con
un compañero de la bandada para cuidar el nido, aunque
no para incubarlo.
Estos
"guardianes" por lo general permanecen en silencio y
sin moverse mucho, perchados cerca del nido, o bien un poco alejados
pero siempre en el mismo árbol.
Es
verdaderamente admirable ver cómo la hembra que incuba
sus huevos es alimentada por otro pájaro, en intervalos
irregulares de tiempo. Incluso en algunas ocasiones la hembra
llega a pedir a gritos, alteando y levantando la cola, que le
lleven comida, lo cual hacen solícitamente los demás
miembros del grupo.
El
período de incubación es de 17 días aproximadamente.
Cuando nacen los polluelos, más o menos a finales de junio,
los adultos se ven en grandes problemas para alimentarlos, ya
que constantemente tienen que proveerlos del sustento que necesitan,
pues no lo pueden obtener por sí mismos.
Esta
actividad se reduce poco a poco conforme crecen los polluelos,
hasta que dejan el nido, aunque muchas veces se ha visto a los
adultos alimentando a un joven no tan pequeño que incluso
ya puede volar.
COMPORTAMIENTO
PECULIAR
Otra
peculiaridad del comportamiento de estas hermosas aves azules
es que, a pesar de que todos colaboran para buscar el alimento
para la cría, sólo la madre que los incubó
puede dárselos en sus hambrientos picos.
De
este modo, un "ch'el" lleva la comida al nido y se la
da al que incubó los huevos, para que éste a su
vez alimente a sus pequeños.
Cierta
vez, los investigadores Raitt y Hardy observaron un suceso por
demás singular y divertido: tres jóvenes se encontraban
en el nido, llegó un cuarto y alimentó a la madre,
quien a su vez alimentó a sus polluelos. Después
llegó otro adulto al nido y le dio la comida que traía
a uno de los jóvenes, quien a su vez se la pasó
a otro compañero suyo, para que éste se la diera
a la madre, la cual por fin pudo alimentar directamente a sus
crías.
Los
pájaros que no incubaron visitan frecuentemente el nido,
aunque no lleven comida. Incluso limpian de excrementos el interior
del nido, pero no los tiran en lugares cercanos, se los llevan
lejos o bien se los comen rápidamente. Quizá esto
se haga para evitar la aparición de parásitos en
el nido, puesto que también se les ha visto comerse a unas
pequeñas larvas que crecen en el mismo.
La
explicación que los científicos han dado a este
comportamiento "altruista", en el que un individuo se
esfuerza por cuidar a una cría que no es suya, y que por
cierto suele ser característico, en menor o mayor grado,
de los miembros de la familia Corvidae, es que permite a los jóvenes
aprender sobre los cuidados de la cría, para que llegado
el momento, puedan ejercer su papel de padres correctamente, con
la ayuda de nuevos jóvenes del grupo.
Cuando
crecen y abandonan el nido, tiempo que no se conoce con exactitud,
los jóvenes "ch'el" son blancos y azules, contrastando
con el negro y azul de los adultos, por lo que son fácilmente
reconocibles.
Durante
este período, como ya se mencionó, suelen insistir
en ser alimentados por los más grandes, quienes lo hacen
sin chistar.
La
pérdida más común de nidos, huevos y polluelos
es la depredación causada por ardillas y víboras.
Son afectados igualmente por temporadas largas de sequía,
con la consecuente escasez de alimentos.
Cuando
vuelve el invierno, las pequeñas bandadas reproductivas
se unen en los grandes grupos típicos de esta época
del año, alimentándose de un lugar a otro, siempre
en grupos.
Una
de las posturas más comunes es verlos perchados en una
rama, "erizando" sus plumas y golpeando con sus gruesos
picos tanto su cuello y cabza como el de su vecino más
cercano. Son muy dóciles cuando se crían desde pequeños
en cautiverio, e incluso no necesitan ser enjaulados, ya que una
vez que se acostumbran permanecen siempre en el mismo lugar.
En
la época de las grandes haciendas en Yucatán, era
común ver cómo los campesinos tenían en sus
casas a un "ch'el" que se hiciera cargo de limpiar las
hamacas de henequén, comiéndose las chinches que
se acumulaban sobre todo entre las fibras.
Las
urracas yucatecas acostumbran acarrear objetos ajenos y guardarlos
en un sitio especial, tal como lo hacen otros miembros de su misma
familia. De esta forma, era común encontrar anillos o pequeñas
prendas perdidas, entre los tejidos de las hamacas.
Al
igual que muchas otras especies características de la fauna
yucateca, el "ch'el", por no encontrarse más
que en una bien identificada y restringida región de la
Península de Yucatán y una pequeña porción
de Centroamérica, puede considerarse como posiblemente
amenazada. Sin embargo, hasta ahora no se conoce con exactitud
el estado de su población natural, por lo que se requieren
de estudios específicos que permitan saber más sobre
esta singular ave.
Por
lo pronto, esperamos que este reportaje contribuya para difundir
el conocimiento de un pájaro típicamente yucateco,
que llegó a tener presencia como compañero del hombre,
en una época en la que todavía no se perdía
el contacto con la naturaleza, tal como ocurre en nuestros días.
(Ilustración:
Jorge Rivas Cantillo)