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Publicación del jueves 15 de noviembre de 2001

Negadas de sus derechos durante años, las afganas responden con prudencia al cambio

Los hombres se despojan de turbantes y barbas

KABUL, 14 de noviembre (France Presse).— Las mujeres afganas reaccionaron hoy con prudencia a la caída de los talibanes, tras cinco años de régimen islámico represivo que les negó los derechos básicos a la educación y al empleo.

Obligadas a ocultarse detrás de un espeso velo, confinadas en sus casas, las mujeres afganas continuaban hoy siendo casi invisibles.

En total contraste, la animación de los hombres, muchos de los cuales se quitaron los turbantes o se precipitaron a las barberías para cortarse las hasta entonces obligatorias barbas, las pocas mujeres que salieron a la calle seguían vistiendo la “burka” que las cubre de la cabeza a los pies.

“Somos libres otra vez, y ahora podemos soñar con una vida mejor, pero no pueden esperar que después de tantos años de crueldad nos quitemos de repente las 'burkas'”, declaró Jamila Asyaat frente al ministerio de Defensa.

La capital liberada de los talibanes, donde la prohibiciones de ayer, como el afeitarse u oír música, quedaron definitivamente enterradas.

“Estoy muy ocupado esta mañana”, señaló entre tijeretazo y tijeretazo un peluquero de Kabul,

“Tenemos un montón de clientes y la mayoría quiere arreglarse la barba. Otros simplemente afeitársela”, explica Hamid Ula, propietario de la peluquería Faizala.

Más de cuarenta clientes han pasado por las manos expertas de sus empleados durante la mañana. “Antes, no cortaba más que el cabello”, recuerda el peluquero, echando un vistazo satisfecho a los clientes que aguardan turno.

Los talibanes habían fijado un largo mínimo para la barba.

La música también estaba entre las prohibiciones, así como las imágenes, ya fueran fotos o televisión.

“No tenía derecho a hacer fotos de familia. Los retratos tenían que tomarse encima del pecho, y las fotos de mujeres estaban prohibidas”, recuerda Mir Wahis, propietario del estudio de fotografía Hamed.

Una foto de familia podía ocasionar dos semanas de cárcel, si la milicia del Ministerio para la promoción de la virtud y la represión del vicio encontraba una copia en el negocio de Mir Wahis.

“En general pasaban una vez por semana, de manera imprevista, y registraban el almacén”, explica.

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