Artículo publicado el 12 de marzo de 1999
Carta abierta al Lic. Juan López Romero.
Estimado suscriptor:
No es ocioso deseo del DIARIO distrarle de sus actividades en el bufete o de sus compromisos de presidente del equipo diocesano de reflexión parroquial, ni afectar el tiempo que le dedica, como secretario, a la asociación de padres de familia del colegio de su hijo Alberto, pero consideramos conveniente que dentro de sus ocupaciones destine usted un espacio para leer el tercer capítulo de nuestras impresiones sobre el caso Medina Abraham, que nos hemos permitido dirigirle a usted.
Durante tres años hemos seguido en nuestras columnas la evolución de este caso judicial, en ejercicio del derecho a la información sobre sucesos públicos que la ley le garantiza a usted; pero, como todo derecho se complementa con el deber correspondiente, le toca a usted ahora cumplir su obligación cívica de estar informado.
Mencionamos ayer, en el capítulo segundo de nuestras impresiones, una reconstrucción de hechos, inédita aún. La hicimos con datos que tomamos de las carpetas que clasifican los recortes: "La pistola", "El horno atómico", "La herida", "La blusa", "La sangre", "Los extranjeros", "Las falsificaciones"... Todo está publicado. Nada está rebatido.
La reconstrucción fue un rompecabezas. Hubo que estudiar durante tres años este detalle, ese incidente, aquella circunstancia, la declaración de Jiménez, el testimonio de Alvarez, la prueba del especialista, el dictamen del perito, y poner luego cada pieza en su lugar, según la fecha, de acuerdo con el tema.
LA PALABRA CLAVE
La tarea de armarlo comienza con el boletín que el procurador Jorge Lizcano proporcionó avanzada la noche del jueves 16 de noviembre de 1995. Busque usted la palabra clave. Leálo bien, licenciado, porque ese boletín es la primera piedra de la fábrica, el meditado punto de partida de la premeditación:
TEXTO BLANCA
"La Procuraduría General de Justicia del Estado informa del suceso relativo al fallecimiento de Flora Ileana Abraham Mafud. A continación se resumen los siguientes hechos:
"1. A las 19:15 del día de ayer 15 de noviembre de 1995, la Procuraduría recibe un aviso de la Clínica de Mérida de haber ingresado en ese hospital una mujer joven con herida de bala.
"2. Acto seguido se traslada a dicho nosocomio el equipo de investigación de la Procuraduría y en ese mismo lugar se certifica la defunción de quien en vida se llamó Flora Ileana Abraham Mafud, por herida de proyectil de arma de fuego.
"3. Determinada la defunción conforme a Derecho, se procedió a verificar las pruebas y a la evaluación de todos los elementos de rigor, que forman parte de una investigación de esta naturaleza, por lo que los peritos se trasladaron al lugar de los hechos.
"4. Realizadas todas las pruebas se concluye plenamente que en la planta alta del predio del cónyuge de la hoy occisa, se produjo el fallecimiento por disparo de arma de fuego, resultando las pruebas de rodizonato de sodio positivas en ella y negativas en el caso de su esposo, Sr. Armando Medina Millet".
Vuelva a leerlo, don Juan. Busque usted la palabra clave. No la va a encontrar. La palabra clave, SUICIDIO, brilla por su ausencia.
En su curioso texto, el boletín habla de un disparo de arma de fuego, pero no indica quién apretó el gatillo. Con pensada redacción comunica que las pruebas de rodizonato fueron positivas en la joven Abraham Mafud, pero no señala cómo llegaron el plomo y el grafito a las manos de Flora Ileana. Con cuidadoso descuido informa que las pruebas fueran negativas en el caso de Medina Millet, pero no lo exculpa de la muerte de su esposa.
La Procuraduría dijo a este periódico aquel jueves 16 de noviembre de 1995 con quiénes consultó antes de emitir el boletín, qué abogado revisó, palabra por palabra, este monumento a la imprecisión en que caben el suicidio, el homicidio, el accidente, la tercera persona... Nos extrañó entonces todo eso que nos dijeron en la Procuraduría, pero no le dimos la importancia que, andando el tiempo, adquiriría como pieza inicial del rompecabezas.
En rueda de redactores y reporteros hemos recordado, para precisarlos, las horas de aquella noche. Están de acuerdo en que el boletín fue la colocación de la primera piedra de la fábrica. Por favor, léalo por tercera vez, don Juan, para que vea cómo se abre ya la puerta al tejemaneje. Ya no se puede quitar el plomo de las manos de Flora Ileana, pero hay maneras de pasarlo a las manos de Armando.
LOS CHINOS Y SHERLOCK HOLMES
Examine el boletín, abogado, compruebe qué bien encaja en su texto, como anillo al dedo, la explicación peregrina -desautorizada por la experiencia- de que la prueba del rodizonato resultó negativa porque se lavó las manos. Ya está: ya plantamos el plomo en las manos de Medina Millet. Ya podemos decir que Armando disparó el tiro mortal. Así de fácil.
Entonces, ¿por qué el plomo y el grafito están incrustados en la palma y el dorso de las dos manos de la joven Abraham Mafud y suben por sus antebrazos? Muy sencillo: el boletín prepara el terreno a la explicación de que Medina Millet, al arrastrar a su esposa de la planta alta a la planta baja para llevarla a la clínica, le pasó el plomo y el grafito a las palmas, a los dorsos y a los antebrazos.
Nos dirá usted, don Juan, y tendrá usted mucha razón, que ese trasplante masivo de plomo no se lo va a tragar ni el más chino de todos los chinos, aunque lo jure Sherlock Holmes. Vuelva usted al boletín y verá que, por si las moscas, también está confeccionado el texto para admitir la opinión suplente de que Flora Ileana se impregnó de plomo y grafito al alzar los brazos para protegerse del disparo.
En el boletín del procurador Lizcano caben cómodamente, porque se les dio de antemano su lugar, todos los engaños, falsificaciones, ocultamientos, simulaciones, extravíos, suplantaciones, siembras y otros fraudes clasificados en nuestras carpetas y descritos de pe a pa en las 603 páginas y 280 gráficas de los informes finales que ocho peritos profesionales de la defensa presentaron a la jueza Leticia Cobá Magaña por si los peritos de la acusación, debidamente consultados, no se oponen a que Su Señoría los vea.
Unos dirán, don Juan, que el boletín es una obra de artesanía procuraduril. Otros, que es el fruto de una prolongada experiencia. Habrá quienes opinen, con la defensa, de que el boletín es la pulida, primera piedra de la premeditación, alevosía y ventaja con que se ha fabricado el expediente contra Medina Millet.
LA NOCHE DEL MIERCOLES
En realidad, don Juan, la fabricación, según vemos en el rompecabezas, comenzó antes de que el procurador y sus ayudantes pusieran la primera piedra de la factoría.
En la Clínica de Mérida, la noche del miércoles 15 de noviembre, se advirtieron algunos inconvenientes que quizá, andando el tiempo, no tuvieran cupo en el boletín. ¿Se solicitó por eso la primera violación a la ley en el caso Medina Abraham? El procurador Lizcano otorgó el permiso ilegal: que no se haga la autopsia.
Los inconvenientes exigieron, según parece, nuevas medidas. Hay que eliminar toda huella de sangre. Caen en su lugar más piezas del rompecabezas: se pierde el brasier, se cortan las manchas en la sábana de la cama de la habitación de la planta alta, se arranca el manchado asiento posterior del automóvil de Armando y se instala uno nuevo...
Tuvieron un prólogo largo, urgente, la emisión del boletín y la fabricación del expediente. Ahora bien, para que la construcción fuera sencilla y fácil tenía que ser secreta.
¿POR QUE TE PREOCUPAS?
Armando Medina Millet fue puesto en libertad. En noviembre y diciembre de 1995, en enero y febrero de 1996, cuantas veces Medina Millet iba a la Procuraduría, a preguntar por la marcha de su caso, el procurador o los señores judiciales le contestaban:
-¿Por qué te preocupas? El caso está claro, está cerrado: fue un suicidio. Te puedes ir tranquilo...
Mientras tanto, desde la misma noche del boletín, comenzaban, en secreto, las diligencias para plantar plomo y grafito en el martillo que utilizó Medina Millet al romper le cerradura y rescatar a su esposa, en las manijas de las puertas que abrió al llevar a Flora Ileana a la clínica. Era necesario "demostrar" que tenía plomo y grafito antes de lavarse las manos.
¿Que el peritaje sobre el martillo y las manijas se hizo demasiado tarde, cuando ya todas las evidencias estaban manipuladas, contaminadas, porque a propósito se permitió que hasta Juan de los Palotes entrara en la habitación que debía estar sellada? Eso no es problema: que se falsifique el acta para cambiar la fecha. "Total, nadie nos ve".
LA EXCUSA DEL SIGLO
Otra pieza importante del rompecabezas es el revólver. El Smith & and Wesson calibre .38 representaba otro problema: no tenía las huellas de Medina Millet. Había otras huellas, muchas. Las huellas digitales de Flora Ileana. Un problema más grave, abogado, porque, como usted sabe, es de cajón, de machote, de primaria, o como usted quiera llamarlo, que en un caso de muerte o herida por disparo lo primero que se busque sea las huellas digitales en el arma.
En nuestra carpeta, con la etiqueta de "pistola", un recorte de la primera página de nuestra sección Local del jueves 26 de noviembre de 1998 -todo está clasificado, todo está al día, don Juan- dice que el revólver fue limpiado concienzudamente con carbonato de plomo por los señores de la Procuraduría antes de ponerlo en una bolsa de plástico con otras evidencias para que se contaminara y no pudiera servir como prueba. Luego se pondría en el expediente la excusa del siglo: a la Procuraduría se le olvidó examinar la pistola. Ni la Comisión Nacional de Derechos Humanos comulgó con esta rueda de molino y ordenó al gobierno del Estado una investigación cuyo resultado dará a conocer don Víctor en el año de 2005, que será el decimoquinto de su gobierno reciclado.
Como no hay crimen perfecto, licenciado, los peritos de la defensa, con un formidable microscopio que nunca se imaginó la Procuraduría -no es posible pensar en todo-, mostraron a la jueza, en un examen dactiloscópico, huellas de sangre en la pistola. Sangre que delataba un disparo a quemarropa. El DIARIO, abogado, no quiere engañarle como ciertos peritos le toman el pelo a Su Señoría, que bien se deja que se lo tomen. Debemos decirle a usted que hay otra versión, publicada también por este periódico. Los peritos de la coayuvancia afirman que la sangre tipo O, tipo también de Flora Ileana, era sólo un rastro de óxido que el carbonato no pudo borrar.
UNA AUTORIZACION INSOLITA
Como usted seguramente, don Juan, nosotros no conocíamos el término "coadyuvancia". Ignoramos qué significado tuvo en el Derecho Romano, o en el Código Napoleónico, o, para quedarnos más cerca, en las normas que establecen los procedimientos procesales del Hemisferio Norte. En Yucatán, abogado, "coadyuvancia" es una autorización irrevocable para hacer lo que usted desee, a la hora que a usted le plazca, en la manera que mejor le convenga a usted y donde a usted se le ocurra, en Mérida o en Nueva York. Usted puede hacer todo eso incluso antes de pedir y recibir la "coadyuvancia". Recuerde, don Juan, al tribuno don José Castillo Torre: "Yucatán es el país que no se parece a otro".
Cuando los peritos del patio preguntaron que qué era eso de la prueba de Walker, que dónde estaba ese señor para que le preguntaran cómo la hacían, se importó a los extranjeros. No era necesario que se identificaran ni mostraran sus credenciales de peritos. "Total, nadie nos está viendo".
Mientras tanto, en la Procuraduría, el señor Lizcano, en otra visita de Medina Millet, le recordaba: "¿Por qué te preocupas, Armando? Tu caso está cerrado. Está claro que fue suicidio. Puedes irte tranquilo".
EL VIAJE A NUEVA YORK
La blusa no encajaba en el rompecabezas. Estaba manipulada y contaminada. Tanta mancha de sangre en tela gris indica un disparo de contacto. Un disparo de lejos deja un orificio chiquito, no ese boquete chamuscado. Hubo que llevar la blusa a Nueva York, sin custodia oficial. Desde luego, abogado, usted sabe que eso está prohibidísimo, pero "¿quién nos está viendo?". Tan prohibido está, licenciado, que semejante violación a la ley obliga a cualquier juez, en el Hemisferio Norte y en el Hemisferio Sur, a suspender el juicio y poner en libertad al acusado por falta de elementos para procesarlo, pues la blusa es parte esencial, irreemplazable, de la "prueba" de homicidio que presentó la Procuraduría.
Cuando regresó la blusa de Nueva York, don Juan, ni la modista de Ann Taylor la hubiera reconocido. Limpia, con apenas algunas gotas de sangre, con un agujero muy pequeño delante y otro detrás. Es cierto que los orificios no están bien colocados, que no corresponden a la trayectoria de la bala, pero de eso se encargará, a su debido tiempo, Su Señoría, que en el juicio se comporta como funcionaria de la fábrica. Si no lo es, don Juan, hay que reconocer que la señora jueza hace todo lo posible por parecerlo.
Se nos olvidaba la prueba de espectofometría en horno atómico, o algo por el estilo, que practicó la Procuraduría del D.F. Eso del horno atómico es punto menos que inapelable. El D.F. dijo que Medina Millet no tenía nada en las manos. "Que no hagan caso, que no lo incluyan en el expediente. Nadie se va a dar cuenta".
UN PUñAL EN LA ESPALDA
¿Qué tal, don Juan? ¿Qué diría usted si a su hijo Alberto lo acusan de un delito, lo ponen en libertad y luego, sin que usted lo sepa, sin que su hijo se entere, en secreto, las autoridades empiezan a fabricarle pruebas para armarle a escondidas un expediente -mientras Alberto estudia, o juega fútbol, duerme o conversa con la familia en charla de sobremesa-, sin darle una sola oportunidad de defenderse? Juego sucio, ilegal, ¿no es cierto, licenciado? Una puñalada por la espalda que está expresamente prohibida en el Artículo 2O de la Constitución General de la República, que, como usted sabe, abogado, en sus fracciones V, VII y IX especifica las garantías que en todo proceso penal debe tener un inculpado durante la averiguación previa y la ayuda que le debe prestar la autoridad.
La fracción IX, en referencia a un acusado, estipula que "DESDE EL INICIO DE SU PROCESO SERA INFORMADO DE LOS DERECHOS QUE EN SU FAVOR CONSIGNA ESTA CONSTITUCION Y TENDRA DERECHO A UNA DEFENSA ADECUADA, POR SI, POR ABOGADO, O POR PERSONA DE SU CONFIANZA". Estas no son impresiones nuestras, don Juan: es la ley.
Regresemos al rompecabezas. Ya colocamos en su lugar la "corrupción", que es la penúltima pieza. Ya encontramos la última, pero no queremos ponerla sino hasta que la jueza nos permita confirmar o eliminar algunas piezas, si es que lo permite, porque Su Señoría no se ve muy dispuesta a autorizar que se presenten y discutan en los careos los dictámenes científicos, los peritajes profesionales y las denuncias en que se basan nuestras impresiones.
* * *
No preguntes, padre o madre de familia que nos lees, quién es don Juan López Romero. En realidad eres tú. Pregúntate, mejor, qué harías si le hicieran a tu hijo lo mismo que las autoridades yucatecas le han hecho y le siguen haciendo a Armando Medina Millet. ¿Qué harías? ¿Qué harían por tí tus amigos?
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