"Lo
que amo de Paseo de Montejo.Tardes de tertulia bajo los ramones"
por
el Pbro.Dr.José Camargo Sosa
"Ama
a tu ciudad. Si has de llamarte verdadero ciudadano, cuida de
la limpidez de sus blasones, de su tradición, de su arte
y de su leyenda, para que el juicio de la historia no te señale
como un hijo ingrato". M.E. Sarmiento
En
las postrimerías del Gobierno del Gral. Francisco Cantón
(1898-1902) y siendo alcalde de Mérida el Lic. Alfonso
Cámara y Cámara, comenzó la construcción
de una de nuestras más bellas avenidas, el Paseo de Montejo.
Esta vía, que se abrió al público
en 1903, cuando gobernaba Yucatán el Lic. Olegario Molina
Solís, tiene una larga trayectoria: los meridanos la han
usado como hipódromo, como lugar de paseo dominical, donde
cada quien lucía sus mejores prendas y los jóvenes
contemplaban extadiado a las lindas muchachitas que se paseaban
en los foritos de entonces, sentados en las bancas de concreto
bajo los frondosos árboles. Pero Paseo de Montejo, en el
Gobierno del Gral. Salvador Alvarado, también fue lugar
de tristes ejecuciones públicas.
Los
años 20 fueron los de mayor esplendor de nuestro Paseo
de Montejo, que terminaba entonces en la glorieta donde, en 1906,
se erigió la hermosa estatua del Dr. Justo Sierra O'Reilly.
Amo
desde mi niñez la amplitud de espacio de esta arbolada
avenida, sus anchas aceras y sus glorietas de desigual valor.
amo la historia de este siglo de mi tierra que acecha en las vetustas
y solemnes casas, y en sus pocos monumentos. Amo las tardes frescas
bajo sus ramones y la tertulia con los amigos aquí y allá.
Extraño
ver a los meridanos caminar tranquilos por sus anchas aceras,
ahora en manos de turistas y personas de extraños hábitos,
cuando apenas la noche es joven.
Detesto
los comercios descuidados y los letreros demasiado llamativos
o grandes que atentan contra el abolengo de nuestro bello Paseo
de Montejo. También, algunas construcciones modernas que
rompen la armonía y afean esta riqueza de todos los meridanos,
lo mismo que las casas abandonadas y los inadecuados semáforos,
aunque sean indispensables.
No
entiendo por qué no hay líneas de circulación
en torno a las glorietas y por qué no se ponen arriates
corridos a lo largo de cada cuadra que adornen y salven vidas
de imprudentes. Sería bueno tambiénuna hermosa fuente
o el monumento del fundador de la ciudad, que da nombre a esta
avenida, Francisco de Montejo, o quizás ambas cosas, para
que adornen la glorieta huérfana y triste del llamado remate
del Paseo y el parque que lo corona. Sería bueno que a
lo largo de las paredes del parque, ahora desnudas, se plasme
la historia de nuestra ciudad, pues de este modo, en un extremo
se hablaría de Mérida en piedras, y en el otro,
en el Monumento a la Patria, de nuestra historia precolombina
y nacional.
Pero
de cualquier modo, como cualquier meridano, amo y disfruto de
nuestro Paseo de Montejo.