Juglares
de la palabra y las letras de la Mérida Pretérita
y Contemporánea
los
integrantes del Consejo de Cronistas de la Ciudad, ofrecen sus
particulares puntos de vista sobre el Histórico Paseo de
Montejo
Cada
uno de los cronistas, según la visión histórica,
literaria y testimonial que los caracteriza y distingue, aportan
datos inédito, interesante e incluso peculiares que enriquecen
y fortalecen la identidad yucateca, pero sobre todo meridana de
la historia de una avenidad, que comenzó a escribirse en
la agonía del siglo XIX.
El
historiador Juan Francisco Peón Ancona, enamorado de la
diosa Clío y acendrado estudioso del acontecer hispánico
en Yucatán, en esta ocasión realiza un interesante
análisis del topónimo del llamado Paseo de Montejo.
Conocedor de las vicisitudes cronológicas de la vía
más importante de Mérida, lanza una interrogante
que tal vez muchos se han hecho, pero pocos se atreven a proponer:
¿Por
qué en el Paseo no hay alguna estatua del personaje que
le da nombre?
Quizá
las líneas llenas de historia del trabajo del cronista
sean el prólogo de una esperada respuesta que aguarda en
una huérfana glorieta de la vía.
Por
medio de la educada, nítida prosa que lo distingue, el
Lic. Jorge H. Álvarez Rendón retrocede el tiempo
hasta aún romántica década de los años
cincuenta, en la que a los ojos de dos extranjeros la avenida
meridana más importante causa un impacto inusitado
Una
pareja de catalanes, movidos por la fama del aristocrático
Paseo de Montejo, recorren palmo a palmo algunos de los fragmentos
históricos y arquitectónicos legados a una socieda,
todavía desconocedora de su valor patrimnial futuro.
Con
talento académico, fruto de una formación esmerada
y bien cultivada, el Lic. Francisco javier Otero Rejón
también aporta algunas filigranas literarias del protagonismo
urbano del Paseo de Montejo.
Con
el valor ciudadano ganado a pulso, el cronista aporta conceptos
legados por su juventud como vía para advertir, lo que
en un tiempo no lejano avizora en la longeva avenida, como sutiles
alternativas de atención, factibles de tomarse en consideración
por las autoridades respectivas.
No
menos valiosas son las aportaciones del Pbro. Dr. José
Camargo Sosa, quien con la dualidad de la formación religiosa
e histórica, ofrece un cálido homenaje literario
al paseo con expresiones surgidas de sus particulares consideraciones
que oscilan entre el justo medio de opiniones positivas y no tanto
que demuestran su amor por su tierra, pero sobre todo por la calzada
del Montejo, orgullo de propios y extraños, que en sus
anchos andadores, en sus majestuosas residencias y frondosos árboles
acecha la llegada de un nuevo milenio en su existencia.