Reportajes Especiales
 

Otros Especiales Noticias del día Mayas y Turismo Fotos Medicina Cines Niños
 

"El Paseo de Montejo: una calle que se aleja de nosotros", por el Lic.Francisco Javier Otero Rejón


    Algo que siempre me gustó de las teorías de los urbanistas es cómo definen las ciudades:como organismo, pues nacen, crecen, se reproducen y, eventualmente como la trágica ciudad de Lídice, mueren. Lo que ocurre en el todo, ocurre necesariamente en sus partes y por eso las calles de las ciudades siguen ese mismo comportamiento orgánico.

    Nuestro Paseo de Montejo es un ejemplo de eso, pues fue diseñado y creado como una calle rumbosa, elegante y exclusiva donde las adineradas burguesías de fines de un siglo y los principios del otro, levantaron sus suntosas villas remedando los boulevards franceses llegando al verdadero exotismo, como en el caso de las Casa Cámara y el Palacio Cantón con características arquitectónicas a la moda europea pero fuera de lugar, con techos Mansart de pizarra en una tierra donde nunca habrá nevadas.

    Con el paso de los años, el Paseo de Montejo perdió su exclusividad residencial y para mi generación, la que fue muchachada en los años setenta, era un sitio obligado no para vivir sino para socializar.

    Cuando muchos de sus vecinos comprendieron que era mejor vivir en casas más modernas y más adecuadas al clima corrieron hacia el extremo norte, a los nuevos desarrollos habitacionales que respiran el aire limpio y a veces fresco que llega a Mérida desde el mar, y dejaron sus casas viejas que evolucionaron hacia usos pragmáticos alternativos a la vivienda: se hicieron locales para empresas de servicio y de entretenimiento.Entró la picota de la modernidad e hizo caer algunos de aquellos palacetes que tenían más el encanto de la anécdota y del sabor aventajado, que de maravilla arquitectónica. En su lugar se levantaron los bancos y los hoteles y una serie de cafeterías, restaurantes y centros nocturnos donde la "fresada" podía entregarse a la más grave de sus ocupaciones: ver y dejarse ver. Era el lugar de las citas y muchas veces no había un sitio determinado a lo largo del paseo: bastaba con rodar por su pavimento en un cerrado ciclo que habría hecho las delicias del odioso Heráclito y del neurótico Nietzche: un eterno retorno desde "el remate" donde estaba la Chevrolet con su cohete hasta el Monumento "a la Bandera" como le llamábamos.

    Los nombres de esos extremos eran inexactitudes que no nos importaba decir "el remate" no es tal, pues en ese lugar el paseo empieza y no remata. Alguien me argumentaba que es "el fin del Paseo" puesto que se viene de la periferia hacia el centro, pero hay que aclarar que la ciudad crece al revés del trayecto moderno: del centro a la periferia y el hecho de que cada vez menos gente viva ahora en el centro y ahora vaya de la periferia hacia allá no altera el sentido de su crecimiento. El otro extremo, también estaba mal llamado pues lo que hizo Rómulo Rozo fue un monumento a la Patria y no a la Bandera, pero qué nos importaba a la hora de "aplanar Montejo" persiguiendo, en el coche llenos de muchachos, al otro coche lleno de muchachas, la ruta era del remate al monumento a la Bandera. Era delicioso porque como no es una calle muy larga uno podía verse varias veces de coche a coche antes de decidirse a bajar a la "Reina de Montejo" a tomar un trolebús o al "Impala" a comer un sándwich de pan francés, o tacos en "Los arrecifes", ahora inexistente, o un helado en el "Drive in"(que se llamaba muy justamente "El adefesio", aunque nadie lo sabía) también puesto ya en el pasado, o un pay de nuez en el desaparecido "Smoking Club" que estaba enfrente del monumento y que no debe de confundirse con el "smokinito" que está en San Fernando, y que prevalece hasta nuestros días.

    Como en los pueblos del centro del país en cuyo zócalo caminan las muchachas en un sentido y los muchachos en otro, así lo hacíamos pero en el mismo sentido y en coche. En los semáforos estaban las venteras de "mariposas" con los ramitos perfumados, remojados en bandejas de metal con agua que tú comprabas para que la venterita se los entregara a la niña que te gustaba en el coche estacionado a tu lado.

    Con nuestra juventud se fue todo eso. La ciudad creció y el paseo de Montejo dejó de ser la arteria solicitada, pues la "fresisa" ahora se da cita en las Plazas, donde el ritual es verse y dejarse ver sigue el mismo, pero de manera peatonal y con aire acondicionado.

    El Paseo de Montejo se aleja de sus usuarios yucatecos y se convierte en una calle para turistas. Los grandes hoteles lo ocupan y con ellos los transeúntes hablan otros idiomas, toman fotos y miran más hoteles y más restaurantes que significan poco para los yucatecos. Las casonas que se han salvado de la destrucción se adaptan para oficinas y para bancos. Para muchos yucatecos el Paseo de Montejo no es ya un destino sino una calle que te lleva y te trae de otros destinos, si acaso vamos a los bancos o al Museo de Antropología, pero cada vez menos vamos allá por el sitio mismo: éste se lo hemos dejado a los turistas, y cuando hoy paso por allá con mis hijos adolescentes pienso que ellos no lo recorrerán para disfrutar su juventud como lo hice yo, y que otros sitios acogen sus pasos nerviosos para encontrarse con la persona que les interesa.

    Es una noble calle, pero su mayor significado ahora lo tiene para el visitante foráneo, y aquellos yucatecos que soñaban con vivir allá o con irse a citar allá, o ya han desaparecido o ya se ven en otras partes. El Paseo de Montejo, tan vivo y recorrido como antes, es una tierra casi ignota para los jóvenes meridanos y un recuerdo que se evapora para los viejos.

    Está y no está, y creo que se rompió la perfumada anakíklesis de mi juventur. Esta ciudad corre hacia el mar y sus antiguos bastiones los va dejando a la curiosidad, bellísima, de nuestros visitantes. Ojalá que sepan disfrutarlo como nosotros, en nuestro tiempo lo hicimos.

Historia

El Paseo de Montejo
Por: Leopoldo Tomassi López
(1951)

Etapas de construcción

* Origen

* Reanudación de la vía

* Culminación del Paseo de   Montejo

* Primera prolongación

* Segunda prolongación

* Tercera prolongación

Monumentos

* El monumento a Felipe   Carrillo Puerto

* Estatua de Gonzalo   Guerrero

* La estatua a Justo Sierra

* El monumento a la patria

* El Monumento a la   bandera.
      Por: Leopoldo Tomassi              López

Las casonas

* Casa Molina Duarte

* Casas Cámara

* Casa Mier y Terán     Lejeune

* La Casa del Minarete

* Escuela Modelo

* La Casa Peón de Regil

* Casa Peón Rivero

* La Casa Vales

* Villa Beatriz

* Colegio América

* Residencia de la familia   Cano-Peón

* El Palacio Cantón

Los edificios modernos (galería de fotos)

* El banco de México

* El hotel Conquistador

* El edificio Mercedes

* El hotel Hyatt

* El edificio inbursa

* El hotel Montejo Palace

* La torre Bancrecer

* La torre Banorte

* La torre Citybank

* El edificio Siglo XXI

Consideraciones arquitectónicas

* La arquitectura de las   casonas

* Sobre el Paseo de Montejo

* El Paseo de Montejo en la   memoria colectiva

* Transformaciones del uso   social y urbano del Paseo   de Montejo

Los cronistas

* ¿Quiénes son los   cronistas?

* Consejo de Cronistas de la   Ciudad

* Jorge H. Álvarez Rendón

* José Camargo Sosa

* Francisco Javier Otero   Rejón

* Juan Francisco Peón   Ancona

Los Editorialistas

* El Paseo de Montejo

 Tibieza y remordimiento
                 (9 de dic. de 2000)

* Paseo de Montejo

Participación ciudadana en el cuidado de la ciudad
(8 de oct. de 2000)

* Las piedras parlantes de   Rómulo Rozo

(15 de enero de 1999)

* Diferentes etapas en su   construcción

(2 de agosto de 1998)

 
 

 



Su comentarios son muy importantes para nosotros. Por favor dénos su opinión sobre este reportaje:

Comentarios y sugerencias
Derechos Reservados, enero 2001
Compañía Tipográfica Yucateca, S.A. de C.V.