"Un
Paseo de Montejo sin Montejo: lo que le falta al paseo"
por el historiador Juan Francisco Peón Ancona
A
diferencia de otras ciudades de la provincia mexicana, en Mérida
de Yucatán se cultiva la memoria histórica de aqullos
personajes que un día llegaron de España para conquistarnos,
dejándonos su preciada herencia cultural de sangre, lengua
y religión.
Las
presentes líneas que se refieren al nombre que lleva nuestra
principal avenida meridana, no se detienen allí ya que
en esta urbe que nos vio nacer, no sólo el Paseo de referencia,
sino todo es Montejo. A partir de la casona solariega del Adelantado
y de su hijo el fundador de Mérida, que aún se levanta
en el costado sur de nuestra Plaza Mayor, todo lleva el nombre
de aquellos ilustres personajes, siendo suficiente para el caso,
mencionar sólo algunos ejemplos de instituciones, marcas
industriales y hasta clubes deportivos, sociales y musicales:
Academia Montejo de Genealogía, Colegio Montejo, Consejo
Montejo de Caballeros de Colón, Cerveza Montejo, Fraccionamiento
Montejo, y hasta Sala de Fiestas Montejo...
Por
otra parte, son muchos los yucatecos que presumen ser descendientes
directos de alguno de aquellos capitanes Montejo-padre, hijo o
sobrino-o de los tres a la vez, lo cual viene a ser un hecho indiscutible
en múltiples familias que integran la actual comunidad
meridana, ya que aquellos personajes no son otros que los venerables
archibisabuelos de los meridanos.
Si
echamos mano a términos de la modernidad, debemos admitir
que el nombre de Montejo ha sido siempre muy "taquillero"
por acá. Por ello, no es extraño que a fines del
siglo pasado, los funcionarios estatales, municipales y aquellos
hombres de empresa que dieron inicio al proyecto de una nueva
y elgante avenida en el norte de la ciudad, decidieran bautizarla
como Paseo Montejo, convirtiéndose años después
en Paseo de Montejo, al serle agregada la preposición de,
discutible añadido usual en nuestros días.
¿A
cúal de los dos Montejo se refería el nombre del
nuevo Paseo: al padre, el Adelantado o a su hijo, el Mozo, también
llamado Francisco?.
A
nuestro entender, ello no quedó suficienteme establecido,
dejando a la posteridad la resolución de una duda histórica
que aún flota en el aire, duda que nunca se habría
planteado si la nueva rúa se hubiese llamado desde un principio
Paseo de los Montejo, es decir en plural, ya que padre e hijo
(y también el sobrino, aunque en otro contexto) gozan de
similares cuanto indivisibles méritos en los épicos
sucesos yucatenenses del siglo XVI. Y no puede ser de otra manera,
ya que junto a un Adelantado, titular y emprendedor de la difícil
conquista de Yucatán, estuvo siempre a su lado Francisco,
su hijo el Mozo, consumador de dicha conquista y fundador de Mérida
en 1542, en tanto que Montejo el sobrino, fundaba poco después,
en 1543, la oriental y yucateca Valladolid.
En
menudo lío se metieron las anti-hispánicas autoridades
estatales y municipales en 1938, cuando pretendieron borrar el
nombre del Paseo Montejo para rebautizarlo con el de "Nachi
Cocom". El rechazo de la ciudadanía fue inmediato
y unánime y todavía recordamos aquellos "flamantes"
monolitos de cemento con el nombre del caudillo indígena,
derribados en la nocturnidad, en pleno Paseo, con sogas y cadenas,
por grupos de muchachos y hasta de gente mayor, en manifiesto
y claro rechazo a la poco feliz disposición de un gobierno
local que entre otras pretensiones, tuvo también la de
boicotear las celebraciones del IV Centenario de la Fundación
de la ciudad de Mérida en enero de 1942.
Y
no debe pensarse que nuestro pueblo, pecando de malinchismo, acostumbre
rechazar a sus épicos personajes de la raza maya, ya que
otras avenidas meridanas de la época Vgr. "Los Cupules"
y "Los Itzaes", fueron bautizadas con dichos nombres,
siendo éstos aceptados unánimente por todos los
sectores sociales de la comunidad.
El
montejuno paseo conservó-suponemos que por siempre-su nombre
de pila ,nombre con el que quisieron bautizarlo sus edificadores
y la ciudadanía de la época. Sin embargo, muy pronto
cumplirá 100 años de vida y sus casonas sobrevivientes-muchas
ya cayeron bajo la piqueta demoledora-, así como los añosos
árboles que ha visto crecer-han muerto de viejo muchos
de ello-,todavía esperan la llegada de su principal personaje,
aquel cuyo nombre fue elegido para honrar su memoria y nominar
al entonces moderno y elegante paseo.
"El
nuestro sigue siendo un Paseo de Montejo sin Montejo", dijo
alguna vez un meridano que retornó a su ciudad natal después
de muchos años de ausencia. Algo así como un anillo
de brillantes sin brillantes o más prosaicamente, un arroz
con pollo sin pollo.Obviamente se refería a la ausencia
total de una sola estatura o monumentos dedicados a Montejo, asunto
medular de nuestros presentes comentarios: "Estatuas la antigüedad/a
sus héroes erigía/y en mármoles esculpía/el
busto de la verdad...", son párrafos que corresponden
a conocidos versos laudatorios inscritos en la Cruz de Gálvez,
monumento erigido a la memoria de aquel progresista Gobernador
y Capitán General de Yucatán que en vida se llamó
Don Lucas de Gálvez y Montes de Oca (1789-1792). Otros
versos de Don Lucas de Gálvez y Montes de Oca (1789-1792).
Otros versos de igual talante cantan las glorias de otro insigne
Capitán General de Yucatán, el Mariscal Don Benito
Pérez de Valdelomar, quien gobernó la Península
de 1800 a 1811. Se hallan perennmente esculpidos en la vistosa
lápida colonial del Angel de la Fama, en la vieja esquina
meridana del "Imposible y se venció", muy cercana
a la plazuela de San Cristóbal.
Como
se ve , todos aquellos personajes coloniales y otros del Yucatán
independiente tuvieron quien les recuerde en la posteridad, erigiendo
estaruas, monumentos o simples lápidas dedicadas a su memoria.
Los Montejo, fundadores de todo aquella dinastía de gobernantes
de Yucatán, carecen hasta hoy de una estarua, ni tan siquiera
un simple busto. Y no sólo en su Paseo, sino en toda la
Península.
Claro,
bien sambemos lo que la historia oficial post-revolucionaria ha
venido haciendo para impedir que en nuestra nación se levanten
monumentos a personajes como Hernán Cortés, Francisco
de Montejo y otros no menos satanizados representantes hispanos
de aquel ya remoto período histórico, cuando en
los demás países inohispánicos de América,
dichos sentimientos duermen ya, desde tiempo inmemorial, el sueño
del olvido. Tan "mexicana" manera de sentir, pensar
y actuar, tiene un nombre muy expresivo y coloquial en nuestra
peninsular región: complejo de malix.
Pero
ya las cosas cambiaron y el pueblo de México-incluido el
de Yucatán-se está sacudiendo de crónicas
imposiciones sin excluir las de tipo histórico-ideológico.
Una estatua a Montejo en su paseo, es cosa de primordial prioridad,
sobre todo ahora qye ya tenemos encima el nuevo siglo XXI y la
municipalidad meridana se apresta a realizar importantes reformas
en lo que sigue siendo-a pesar de sus vicisitudes-el mejor y más
airoso de nuestros boulevares.
Una
glorieta vacía, la incial del Paseo de Montejo, aguarda
en su interior la erección de un monumento al conquistador.
El lugar es apropiado y decoroso, pero falta definir las características
de lo que allí vaya a erigirse; y ello es cosa que no debe
resolverse con ligereza.
De
momento, tal vez se piense que lo apropiado sea una estatua ecuestre
de Montejo, al estilo de la de Carlos IV ("El Caballito")
en la ciudad de México, o la de Francisco Pizarro, conquistador
del Perú, erigida en su pueblo natal de Extramadura, España.
Nuestro
clamor sería: ¡Mucho cuidado con las estatuas ecuestres!,
la mayoría de las cuales deja mucho que desear y están
muy lejos de parecerse a las dos mencionadas y a otra-muy pocas-en
la Historia del Arte. Las abundantes estatuas de héroes
a caballo, de mediocre manufactura, que ocupan plazas y glorietas
en diversas ciudades del orbe, acaban por ser pasto de la burla
del pueblo que suele endilgarles apodos chocarreros.
En
nuestra inolvidable visita a la hispana ciudad de Trujillo de
Cáceres de Extremadura admiramos la imponente cuanto feroz
estatua de Pizarro, obra no de un escultor español sino-¿quién
lo dijera?-de un norteamericano. Sin pasar por alto su notable
calidad artísticas, ningún espectador que admire
la estatua dejará de sobrecogerse ante la agresividad que
destilan tanto el jinete como el corcel. ambos en actitud de atacar:
el primero espada en mano y el segundo, encabritado, bufando.
Obviamente
no queremos para Montejo una estatua como la antes descrita, sino
algo diferente: algo que involucre a todos los Montejo-al menos
padre e hijo.
Tal
vez sea mejor optar por un monumento sencillo, aunque no tanto
que desmerezca en calidad ante las demás estatuas del Paseo
de Montejo. ¿De autor yucateco?: tal vez sí, tal
vez no...
Entre
tanto, el tiempo pasa y Don Justo Sierra el ilustre historiador
de Yucatán, trepado en lo alto de su pedestal en la glorieta
de su nombre, parece decirnos con impaciencia:¿Cuándo
llega Montejo?