9
de diciembre de 2000
Hace unos días pasé por
la avenida Pérez Ponce rumbo al Paseo de Montejo. Como
no iba conduciendo, mi usual abstracción no se enfocaba
en el tránsito como siempre, sino en el camino: ¡qué
bonita la casa en la que filman la novela!, ¡qué
bien luce a distancia el hotel!..., ¡qué agresión
a la vista la mole de concreto del nuevo supermercado!
Me acuso de haber rechazado la idea con
tibieza, de no haber formado parte activa de la gente que rotundamente
ha expresado su opinión sobre la autorización de
plantar ahí semejante construcción. Y es que, como
dice mi madre:todavía no es norte, nos falta
palpar el caos vial que la operación de este comercio traerá
para uno de los puntos otrora más bellos de nuestra ciudad,
el desquiciamiento que traerá para los vecinos y para todos
los que transiten por ahí. Pero, sobre todo, nos falta
acostumbrarnos a la idea de haber perdido un espacio que cambió
su destino natural de ser un lugar de esparcimiento y cultura
para los meridanos y pasó a formar parte de la ya muy abultada
lista de supermercados de la ciudad.
Lo
más triste del caso es que la administración municipal
que ha permitido esta atrocidad recibió su alto encargo
avalada por la confianza que desde hace varios períodos
de gobierno acompañan al candidato vencedor a la alcaldía.
El Sr. Xavier Abreu, como sus antecesores inmediatos, asumió
el gobierno de nuestra ciudad capital como un muy especial encargo
de sus habitantes y este será, sin duda
alguna, un pesado lastre a la hora de sacar un balance de su actuación.
Si
bien en este gobierno hay aciertos innegables, somos muchos los
que para siempre conservaremos esta sensación de despojo
y traición cada vez que reparemos en el contraste grotesco
que representa esta infortunada construcción dentro del
paisaje de nuestra querida ciudad. G. E. L. de V.
Mérida,Yucatán, diciembre de 2000.
Correo electrónico: gladyslopez@terra.com