A
mediados de 1904 quedó listo el Paseo de Montejo, pero
debido al deterioro de la temporada de lluvias y el tránsito
de los vehículos de la época -carruajes que circulaban
por la avenida-, se realizó otra fuerte inversión
para su mantenimiento.
La
erogación inicial de la obra fue de $14, 769, que se utilizaron
para la compra de los terrenos donde más tarde se construyó.
Durante
la administración estatal del Gral. Cantón se invirtieron
$46,500 y hasta el 31 de diciembre de 1905, el Li. Molina Solís
gastó en la obra $78, 420.80 recaudados por la Jefatura
de Policía.
Un
año más tarde, el Sr. Casares informó que
la obra tenía una longitud de 1198 metros, y una avenida
principal de 23 metros de ancho, con dos avenidas laterales de
7.50 metros cada una. Además, dos avenidas de 2.5 metros
y un anchura total de 43 metros.
Durante
la gestión del Lic. Molina Solís se canalizaron
$192, 182.01 de las arcas estatales"...se ha gastado en el
mismo desde abril de 1992 a la fecha (31 de marzo de 1906), la
suma de $192, 182.01..! (Ibid.141).
En
la histórica visita que el entonces presidente del país,
Gral Porfirio Díaz realizó a Yucatán en febrero
de 1906, contrario a lo que se podía esperar, el caudillo
no inauguró formalmente el Paseo de Montejo.
A
pesar de que la recepción al Gral. Díaz en Mérida,
se llevó al cabo en el paseo de Montejo, donde el Lic.
Molina Solís mandó establecer temporalmente una
estación ferroviaria, la historia no le concedió
el honor de la apertura oficial de la concluida avenida.
Un
verdadero acontecimiento, que transformó la quietud de
la Mérida de principios del siglo XX, fue esa visita presidencial
en la cual la población integrada por los diferentes estratos
socioeconómicos se volcó a sus calles, para dar
la bienvenida a tan ilustre personaje, 18 años después
de la colocación de la primera piedra de la obra.
"Desde
las primeras horas de la mañana las calles por donde debía
pasar la comitiva y el "Paseo de Montejo", se comenzaron
a llenar de una gran muchedumbre compuesta de todas las clases
sociales. Las puertas, las ventanas y los balcones estaban atestados
de familias y en las banquetas se veía una interminable
fila de sillas ocupadas" (La Revista de Mérida, 5
de febrero de 1906).
"Era
el año de 1906. Gran gentío invadía el Paseo
de Montejo. Desde las encumbradas familias hasta las más
humildes se hallaban reunidas en él. Arcos triunfales y
gallardetes lo adornaba. La milicia, vestida de gala, aguardaba
enfilada a lo largo del paseo bajo los ardientes rayos solares,
pues los pequeños arbolitos con su escaso ramaje no dabn
todavía sombra ninguna.
Al
fin, regia comitiva lo surcó, seguida de los más
lujosos carruajes y autos de la ciudad. Todas las bandas de música
seguían a sus respectivos batallones o grupos, cantidad
increíble de cohetes volaban por el espcio y los aplausos
y vítores se prodigaban sin cesar. Era que el presidente
de la República. D. Porfirio Díaz, visitaba Yucatán"
(Trujillo de Echánove, 1942: 13)
Así,
el sueño largamente acariciado por un grupo de potentados
yucatecos que vislumbraron una avenida para la ciudad, acorde
con las tendencias de la arquitectura ecléctica presente
en el siglo XIX, por fin cristalizó.