Al
terminar el siglo XIX, Yucatán luchaba por recuperarse
de las pérdidas humanas y materiales sufridas durante la
"Guerra de castas", y fue precisamente durante esa época
cuando surgió el llamado oro verde, el henequén,
que se convirtió en la salvación para la economía
del Estado.
Gracias
a esa bonanza se da un auge de construcciones sumamente elaboradas,
reflejo de la pujanza de la economía de esa época.
La
traza urbana de la ciudad de Mérida era rectangular, no
tenía avenidas y, hasta 1832, la capital yucateca sólo
contaba con cuatro paseos que servían como sitios de reunión
y tertulia: La Alameda o Paseo de las Bonitas, El Camposanto,
La Cruz de Gálvez y el Limonar.
Estos
fueron los factores que se conjugaron para que un grupo de potentados
yucatecos decidiera poner en marcha un proyecto para construir
una avenida en la capital yucateca que, según algunas fuentes,
obedeció a la razón urbanista del momentos, a una
"mejora importante, reclamada con urgencia por la cultura
y el ensanche de la ciudad" (Novelo, 1907: 129).
Es
durante el Gobierno del Gra. Guillermo Palomino (1886-1889) cuando
surge la idea de continuar la urbanización de la capital
yucateca aprovechando el desarrollo económico, propiciado
por el auge del henequén. El proyecto para construir el
"Paseo de Montejo" nace en enero de 1888, a iniciativa
de un grupo de hacendados, industriales y comerciantes de la época,
que consideraron necesario modernizar a la Mérida de las
postrimerías del siglo XIX.
Para
tal fin, se creó una Junta Directiva que se encargaría
de elegir el sitio donde se construiría el nuevo paseo
público de Mérida, misma que quedó formada
por los Sres. Gonzalo Peón, presidente; Eloy Haro, vicepresidente;
Fernando Cervera, tesorero; José Gómez, Gumersindo
Cevallos y Eulalio Casares, vocales, y Rafael R. Quintero, secretario.
(Ibid).
Luego
de varias reuniones, al parecer celebradas en la sede del Instituto
Literario-antecesor de la actual Universidad Autónoma de
Yucatán.- los integrantes de la comisión para la
construcción del paseo eligieron el sitio idóneo:
"La calle paralela a la Plaza de Santa Ana que corre de Sur
a Norte hasta la casaquinta del señor Don Eusebio Escalante,
situada en el confín Norte de esta ciudad" (Ibid).La
proyección de la nueva avenida meridana dio nueva fisonomía
urbana a la ciudad.
La
que sería la más importante arteria vial de la capital,
abarcó, en principio, amplios terrenos ubicados al norte,
ya que las dimensiones y la extensión original del paseo
fue de 1, 198 metros de largo y 43 de ancho, es decir, comprendió
de la actual calle 47 a la 33.
Según
el proyecto original de paseo, se fijó "la anchura
en cincuenta y cinco varas, distribuidas de la siguiente manera:
una calzada central de veinte varas para carruajes y jinete; dos
banquetas laterales de 5 y media varas, para peatones; dos calles
de doce varas paralelas a las banquetas, para el tránsito
públio". (La Revista de Mérida, 9 de febrero
de 1888).
Aunque
no hay certeza sobre el autor del proyecto original de la naciente
avenida meridana, según algunas fuentes históricas
ese privilegió correspondió al Ing. Rafael R. Quintero,
secretario de la Junta directiva e integrante de la Comisión
Topográfica.
En
el acta de la quinta reunión de la comisión, celebrada
el 22 de enero de 1888, se lee la evidencia de que la autoría
del proyecto le correspondió al Ing. Quintero: "Quintero
presentó el plano, el cual fue aprobado, acordándose
remitir un ejemplar al H. Ayuntamiento para su aprobación".
(Novelo, Op. Cit: 132).
Así,
un mes después de la primera reunión de los promotores
del paseo, la ciudad celebra la colocación de la primera
piedra de la vía, el 5 de febrero de 1888, realizada por
el Gral. Palomino para conmemorar el XXXI aniversario de la promulgación
de la Constitución de 1857.
Sin
embargo, tuvieron que transcurrit 16 años para concluir
la obra, terminada en 1904, durante la gestión del Lic.
Olegario Molina Solís.