El
gran monumento, que se levanta en la tercera glorieta del Paseo de Montejo en
nuestra blanca Mérida, es un hemiciclo que ocupa un cuarto de hectárea.
Coincidiendo con el eje de nuestra gran avenida, el centro del círculo
determina también la alineación de la figura principal, una escultura
de 14 metros de altura con faz de mestiza reciedumbre, mirando hacia el sur, llevando
en su seno el fuego sagrado de la vida. Esta imagen de la Patria porta un collar
de jade del que pende un pectoral en forma de caracol; su pecho, apenas insinuado,
lo cubre una cota decorada con serpientes emplumadas, que, junto al dije del collar,
sugiere el origen marino del pueblo de los itzaes. Las manos, adornadas con brazaletes,
sostienen un portaestandarte y debajo de éste se observa el escudo de la
ciudad de Mérida, y más abajo, la típica choza resguardando
la llama votiva.Circundando dicha imagen, una alegoría de ofrendas representan
los frutos de la tierra, así como el producto del trabajo de los artistas,
en mano de doce deidades que a manera de las 9 musas clásicas, cada una
representa a una de las bellas artes y de los oficios del mundo prehispánico.
Rematan el conjunto central, a ambos lados de la cabeza
de la imagen de la Patria, dos figuras fantásticas mitad pez y mitad ave,
que representan la soberanía sobre los cielos y los mares territoriales.
En la parte inferior, dos caballeros tigres provistos de flechas postrados en
tierra protegen el fuego sagrado, representando las fuerzas armadas de nuestro
país.
En
la cara del muro frontal, en dirección hacia el sur, a ambos lados del
grupo central, así como en la cara opuesta que mira hacia el norte, podemos
admirar la marcha de nuestra historia patria, en relieves de portentosa talla
donde se aglutinan las imágenes de protagonistas, que en alguna forma la
conformaron con sus hechos o sus decisiones. Don Rómulo, historiador acucioso,
trató en esta delicada tarea de llevar al cabo una objetiva selección.
Cuando alguien expresaba algún desacuerdo por la inclusión de personajes
que no deberían, a su juicio, considerarse como buenos patriotas, Rozo
repetía invariablemente una de sus atinadas frases filosóficas preferidas:
"La historia es una cadena hecha de todos los metales, si un eslabón
se pierde la cadena se quiebra".
En
los relieves de final, 400 personajes de la Historia de México en sus cuatro
etapas fundamentales: pre-hispánica, colonial, siglo XIX y moderna.En el
centro del hemiciclo, en su sección cóncava y a espaldas de la figura
que simboliza la Patria, se levanta la ceiba, el árbol sagrado de los mayas,
misma que abre su espléndida copa en frondosas ramas. Por encima parece
descender una divinidad
fecundante que, nacida de un astro, transmite la
luz celestial. El gran árbol nace de la tierra concebida de acuerdo con
los viejos símbolos de la teología maya, provista de ojos y boca
de donde parten sus raíces.A uno y otro lado de esta representación
parte la Historia de México, comenzando por la sección de la derecha:
la llegada de Cristóbal Colón acompañado por los hermanos
Pinzón. Les siguen, en orden de aparición: Antón de Alaminos,
con un cabo marino enrollado al hombro; Hernández de Córdoba, Juan
de Grijalva, Bernal Díaz del
Castillo, Julián y Melchorejo,
los indios intérpretes; Hernán Cortés y La Malinche con el
brazo extendido señalándole la ruta a seguir y fray Bartolomé
de Las Casas, protegiendo a un grupo de indígenas.
Del
lado izquierdo de la ceiba y partiendo de ella, surge una secuencia de 15 imágenes
de la raza maya en actividades del espíritu, en especial la música,
la danza y el teatro, así como escenas de cacería. Se trata de una
expresión sobre la vida del pueblo conquistado similar a las Panateneas
y otros famosos muros descriptivos. A continuación, hacia la izquierda,
el emperador Cuauhtémoc, Pedro de Alvarado con la espada desenvainada,
seguido de un grupo constituido por un encomendero español y seis indios
cautivos, incluyendo un infante de brazos, y una sucesión de personajes
de la época colonial: Vasco de Quiroga, Pedro de Gante, Bernardino de Sahagún,
primer obispo de México; Carlos de Sigüenza y Góngora, con
un globo terráqueo en las manos; Juan Ruiz de Alarcón, con su característica
joroba, representando el Siglo de Oro de la Dramaturgia; Juan Pablos, primer impresor
de la Nueva España; Sor Juana Inés de la Cruz, Eduardo Tres Guerras,
el gran arquitecto neoclasicista; Francisco Javier Alegre, sacerdote jesuita;
Miguel Cabrera, el notable pintor colonial; Francisco Javier Clavijero, jesuita
historiador; Luis Velazco Padre, "el virrey protector de los indios";
Manuel Tolsá, escultor y arquitecto autor del popular "Caballito";
Antonio Alzate, astrónomo de gran fama; Alfonso de la Veracruz, educador
agustino, filósofo y teólogo eminente, y al final, Alejandro von
Humboldt, sabio alemán, apoyando la mano sobre su bastón.
Las
imágenes, de dos metros de altura, se ven reflejadas en el estanque circular
que representa el lago de Texcoco, donde surge una espléndida escultura
aislada de un águila devorando a una serpiente, símbolo del Escudo
Nacional.
De
los dos muros frontales en dirección hacia el sur, el de la derecha corresponde
a personajes de la primera mitad del siglo XIX, que abarca la Independencia, el
inicio de la etapa independiente y la intervención norteamericana. El muro
de la izquierda representa a personajes de la Reforma, la Revolución y
los últimos presidentes de México hasta Manuel Avila Camacho. El
gran monumento fue inaugurado el 26 de abril de 1956 por el presidente Adolfo
Ruiz Cortines, cuando era gobernador de Yucatán Víctor Mena Palomo.
En
1930, realizó el mural a relieve "La Sagrada Familia" en Checoeslovaquia,
donde, en la ciudad de Bohemia, contrae nupcias con la distinguida dama Ana Magdalena
Krauss, artista de nacionalidad austriaca a quien había conocido en el
Museo del Louvre frente a un sepulcro faraónico. De aquel feliz acontecimiento
se escribirían unos versos "... Bebamos un sorbo en la copa de Bohemia
que biseló Rozo"... De la unión fue fruto el caballero Rómulo
Rozo Krauss, quien reside actualmente en Cuernavaca, Morelos, mismo que hace algunos
días visitó nuestra tierra que tanto amó su padre y nos proporcionó
amablemente parte de los datos que integran esta presentación. Asimismo,
el matrimonio Rozo-Krauss tuvo la dicha de procrear a dos bellas niñas
que hoy son las distinguidas damas Gloria y Leticia Rozo Krauss, misma que tenemos
el orgullo de que se encuentre viviendo en nuestra Mérida a raíz
del deceso de su padre y que en esta ocasión me ha solicitado que les haga
llegar un cálido saludo y su agradecimiento, ya que debió viajar
a Colombia para presidir el merecido homenaje a su padre que en estos momentos
se le está tributando en Chiquinquirá y en Bogotá, al cual
nos unimos espiritualmente.- R.A.E.- Mérida, Yucatán, enero de 1999.