Diferentes
etapas en su construcción La historia del Paseo de Montejo
2 de agosto de 1998
Según
el historiador Juan Francisco Peón Ancona, quien aportó
muchos datos para elaborar la información sobre el Paseo
de Montejo
que iniciamos en la primera página, Guillermo Palomino
fue uno de
los más recordados gobernadores porfiristas.
Llegó
a Yucatán como jefe de la Zona Militar y luego Porfirio
Díaz lo designó gobernador. Se identificó
tanto con los yucatecos
que él se llamaba a sí mismo yucateco por adopción.
Los
primeros trabajos del Paseo de Montejo consistieron en
demoler las casas de paja y los árboles de los solares
que cruzaría
la nueva avenida.
El
Arqto. Leopoldo Tommasi López, en uno de sus escritos sobre
el tema, plantea la pregunta de por qué esa avenida no
se hizo
sobre la calle 58 o la 56, como lo indica la lógica, en
vez de
atravesar manzanas.
En
el diseño original el ancho era de 66.87 metros, pero fue
reducido a 46 y finalmente a 43. Con el tiempo las dimensiones
originales cambiaron, de modo que la calzada y los andadores tienen
hoy día medidas distintas.
Por
falta de fondos, la obra se interrumpió 10 años.
El
gobernador Gral. Francisco Cantón la reanudó en
1898.
En
1904, dos meses después de tomar posesión D. Olegario
Molina
Solís, uno de los gobernadores del porfirismo más
importantes que
luego llegó a formar parte del gabinete del presidente
Díaz, lo
inauguró parcialmente. Sin embargo, a causa del deterioro
ocasionado por las lluvias y el paso de carruajes, fue necesario
hacer nuevos gastos:
Las
inversiones fueron: $14,760 para la compra de los terrenos y
$40,000 durante el período del Gral. Cantón, cuando
se hizo la
mayor parte de los trabajos. En uno de sus informes el gobernador
Molina Solís indicó que de 1902 a marzo de 1906
se habían gastado
$192,182.
LAS
ESTATUAS
El
presidente Porfirio Díaz visitó Yucatán en
1905 y fue recibido por Molina Solís en esa avenida.
En
1906 el presidente de la junta promotora del proyecto, Eulalio
Casares Galera, indicó que el Paseo de Montejo tenía
1,198 metros de largo y 43 de ancho; estaba formado por una calzada
central de 23 m de ancho y dos calles laterales de 7.50 (lo que
ahora son andadores), así como un espacio de 2.5 m que
quedaba entre la línea externa de los árboles y
las cercas de las casas.
En
1906 se colocó la estatua de Justo Sierra O'Reilly que
marcaba el final de la avenida.
Peón
Ancona opina que esa estatua es la mejor de Mérida y recuerda
que la elaboró uno de los mejores escultores de México
por encargo de D. Eduardo Casares Martínez de Arredondo,
aunque no recordó el nombre.
En
1925 se levantó la estatua de Felipe Carrillo Puerto, que
fue proyectada precisamente por el Arqto. Tomassi López.
En
1916, en la época de Salvador Alvarado, se intentó
prolongar el Paseo hacia el Sur, para unirlo con la zona comercial
de la capital. Sin embargo, sólo se pudo desalojar una
manzana contigua al inicio de esa avenida (el 5 de enero de 1995
se inauguró en ese lote "El Remate").
Desde
entonces ha tenido las siguientes ampliaciones: En
1926, durante la gestión del gobernador Alvaro Torre Díaz,
se trabajó cuatro meses para aumentarle 371.13 metros -otros
autores dicen que fueron 440 metros- y llegó hasta donde
ahora se encuentra el Monumento a la Patria (el conjunto escultórico
lo hizo de marzo de 1945 a abril de 1956 el colombiano Rómulo
Rozo).
EL
FUROR INDIGENISTA
En
1938 el jefe del Ejecutivo, Humberto Canto Echeverría,
imbuido de falso indigenismo y la fobia a lo hispánico
que afectaba entonces a muchos gobernantes, intentó quitarle
el nombre de Paseo de Montejo y ponerle el de Nachi Cocom, y construyó
una desviación: la avenida Campo Deportivo, que termina
en el Estadio.
El
alcalde Vicente Erosa Cámara (1947-1949) la extendió
1,200 más para unirla con la colonia México, a la
altura de lo que hoy es la calle 21. La obra fue inaugurada el
1 de junio de 1950 por el presidente Miguel Alemán Valdez.
Durante
la gestión del alcalde Gaspar Gómez Chacón
en 1979 se inició la construcción de otra etapa
del Paseo conocida después como "Prolongación
de Montejo". Comenzó en la calle 21 de la Colonia
México y llegó hasta las puertas del Club Campestre,
sobre lo que entonces se llamaba la "nueva carretera"
a Progreso.
El
inicio de la Prolongación de Montejo -6 de agosto de 1979-
coincidió con la remodelación del Paseo desde la
calle 47 hasta el Monumento a la Patria, e incluyó la reconstrucción
de aceras con piso de adocreto, limpieza de las calles, conservación
de los casas y monumentos con valor histórico, etc.
La
Prolongación y las labores de remozamiento en otras áreas
del Paseo costaron $10,500,000 de entonces e incluyó 1,400
metros de avenida donde se colocaron 100 postes y 220 lámparas
de luz mercurial, 168 pozos pluviales y 41,140 metros cuadrados
de concreto asfáltico. Se hicieron dos carriles de 11 metros
cada uno y un camellón de 1.60 metros y se hicieron las
guarniciones de las banquetas.
En
ese tramo se hizo un glorieta más, frente al Club Campestre,
adornada con una fuente.
Posteriormente,
en 1993, en la administración municipal de Ana Rosa Payán
Cervera se continuó con la Prolongación de Montejo
hasta las puertas de Cordemex, también abriendo camellones
y ampliando 1,200 metros la vía de la nueva carretera a
Progreso.
Para
marcar el final se construyó un monumento a Gonzalo Guerrero,
a quien se considera padre del mestizaje en el país.
Esas
dos últimas ampliaciones no conservaron el ancho ni las
zonas arboladas -de ramones y tamarindos principalmente- que caracterizan
a ese paseo.
En
total, Montejo, con la llamada Prolongación, mide ahora
5,438 metros. Nunca se pudo llevar al cabo el otro proyecto, que
consistía en ampliarlo hacia el Sur, hasta el edificio
de Correos. Montejo modificó el trazo urbano de Mérida,
facilitó la circulación de vehículos e impulsó
el crecimiento hacia el Norte.
COMIENZA
EL DETERIORO
En
los años 60 comenzó el "desastre arquitectónico",
detonado por equivocadas tendencias modernistas. A pesar de las
voces de advertencia, se tiraron o adaptaron casas para servir
a necesidades comerciales que le quitaron la identidad y distinción
al Paseo. Los vehículos dominaron la avenida y terminaron
por arrabatarle la función que tenía: ser un lugar
para solaz de las familias.
Hoy
día, a casi un siglo de inaugurado, conserva sólo
algunas de sus residencias originales, opacadas por tiendas y
oficinas de todo tipo, bancos, hoteles, agencias de viajes, etc.,
así como lotes baldíos y predios desocupados o en
mal estado. Debido a los hoteles que están en la avenida
o en los alrededores, se ha convertido en una zona turística
de gran vida nocturna, nutrida por los numerosos restaurantes
que ocupan buena parte de su extensión.
De
sus residencias señoriales sobreviven las Casas Cámara,
construcciones gemelas cuyos planos fueron traídos de Europa
por los hermanos Camilo y Ernesto Cámara Zavala a principios
de siglo; la morada de don Pedro de Regil (ahora alberga a Seguros
América), de estilo italiano y con fachada decorada con
piedra labrada, y el Palacio Cantón, sede del Museo Regional
del INAH.
Según
Peón y Ancona, esta residencia la mandó a construir
el Gral Franciso Cantón e incluso alcanzó a vivir
algunos años en ella antes de morirse. Luego, en la época
de la depresión económica de los años 20
y 30, sus descendientes la vendieron como escuela. Allí
funcionó muchos años la escuela Hidalgo, hasta que
el gobierno la convirtió en museo.
Algunas
de las casonas fueron construidas con apoyo de artesanos italianos
que llegaron para participar en la edificación del teatro
José Peón Contreras. Entre ellas está Villa
Beatriz, edificada por el caballero cubano don Aurelio Portuondo
y Barceló y adquirida más tarde por el hacendado
y banquero español don Avelino Montes Linaje. D. Aureliano
era originario de La Habana, donde tenía importantes negocios
pero a principios de siglo cambió su residencia a Mérida
donde casó con Da. Josefa de Regil Casares. El fue socio
de la empresa que impulsó la construcción del Teatro
Peón Contreras y se cree que empleó a los arquitectos
e ingenieros de esa obra para levantar los planos de Villa Beatriz.
La
llegada de Fidel Castro al poder en Cuba arruinó a D. Aureliano,
que a sus 90 años primero se exilió en Mérida
y luego en Miami.
Actualmente
uno de sus hijos es un reconocido reumatólogo en esa ciudad.
Villa Beatriz, la casa que construyó don Aureliano, es
propiedad actualmente de Da. María Eugenia Montes Molina
de Illescas, quien todavía la vive y la tiene, según
Peón Ancona, "como tasita de plata".
El
historiador recuerda que en el testamento de Da. Josefina Montes
Molina, hija de D. Avelino Montes Linaje, se estableció
que sus herederos deberían conservar la casa en su estado
original -para lo cual se dejaron los fondos necesarios - para
lucimiento del Paseo de Montejo, "lo que constituye una muy
loable actitud", dijo Peón Ancona.
Otros
predios de aquella época es el de la familia Molina Duarte,
en donde vive actualmente Da. Isolina Duarte viuda de Molina Font.
Esta dama cumplió allí en abril ppdo. cien años
de vida. Perteneció originalmente a D. Fernando Molina
Font, quien luego la vendió a su hermano Hugo, esposo de
Da. Isolina y propietario de la recordada Casa Molina Font.
También
figura la residencia Medina-Ayora -tiene esbelto minarete-, construida
en los primeros años de este siglo por D. Alvaro Medina
Ayora; y la casa Vales (recién restaurada y ocupada por
Banca Serfin).
Esta
residencia perteneció a D. Carlos Vales Millet, un importante
industrial de las primeras décadas del siglo, que fue aquí
socio de la Harinera de Yucatán y de la fábrica
de Cigarros La Paz y más tarde fundador de uno de los más
importantes laboratorios en el país de productos famacéuticos:
Weith-Vales.
Estas
supervivientes de la bella época conservan los jardines
que invariablemente rodeaban a esas casas, edificadas sobre un
sótano o entrepiso que las levantaba encima del nivel de
la calle para darles mayor lucimiento.
LA
PREFERENCIA POR LO EUROPEO
Los
interiores de casi todas las residencias tenían mármoles
de Carrara, mosaicos italianos, molduras y adornos de yeso en
el techo, muebles tallados, lámparas de Baccarat, cristales
esmerilados en las puertas y ventanas y espejos de cristal de
roca que reflejaban la riqueza de sus propietarios, la gran mayoría
hacendados henequeneros que aprovecharon el auge del mercado de
la fibra para hacer sus fortunas.
El
alto costo de esas viviendas causó apuros económicos
a algunos de sus dueños, quienes las dejaron inconclusas
en unos casos o las terminaron sin tantas pretensiones en otros.
Entre
los inmuebles que se perdieron en esa zona están la quinta
San Jacinto, ocupada ahora por el hotel Hyatt Regency, y entre
los que tuvieron modificaciones sin que se perdiera la construcción
original está el Centro del Paseo, que conservó
la casa de principios de siglo cuando se levantó el edificio
de seis pisos que mandó a hacer el extinto Banco del Atlántico
y que hoy está semiabandonado.