El
remozado Museo de la Ciudad de Mérida ha despertado múltiples comentarios
desde su reinauguración el 18 de enero de 1995. Algunas opiniones incluso
se han expresado por medio de la prensa. Las personas involucradas en este trabajo
decidimos dar a conocer a la opinión pública algunas reflexiones
acerca de los criterios usados en la realización del guión académico
y del museográfico.
Este
proyecto, realizado en estrecha colaboración por el Centro INAH Yucatán
y el actual Ayuntamiento meridano, tuvo como objetivo rescatar para nuestra comunidad
un recinto que mostrara a propios y extraños algo de la rica historia de
este rincón de México. El esfuerzo realizado por ambas instituciones
fue considerable, ya que se cambió totalmente la museografía, además
de duplicarse el número de piezas expuestas en relación con el montaje
anterior, llegando a noventa. Desde el punto de vista temático, se dividió
en época prehispánica, colonial y siglos XIX y XX.
En
la concepción de este museo encontramos dos factores muy interrelacionados
que determinaron el producto final: un espacio
muy reducido en el ex templo
de San Juan de Dios, en donde debíamos condensar una rica historia de diecisiete
siglos, y una mínima cantidad de piezas disponibles, relacionadas sobre
todo con la época colonial. Así que debimos realizar una selección
temática que en cualquier caso dejaría fuera muchos aspectos igualmente
importantes. Debimos entonces recurrir a una serie de elementos didácticos
que de alguna manera compensaran, aunque fuera parcialmente, las carencias. Se
incluyeron varias maquetas y una cantidad considerable de materiales gráficos,
como fotografías y serigrafías.
La
redacción de las cédulas informativas se apegó al principio
museológico de brevedad y sencillez, partiendo del hecho de que el
museo
no es "una escuelita", ni un libro de texto, sino un complemento de
apoyo pedagógico. Asimismo en general, el vocabulario utilizado se ajustó
al nivel escolar promedio en nuestro país, que es de cuarto grado de primaria.
Es un concepto erróneo esperar extensas cédulas informativas, ya
que en ese caso sólo una mínima parte de los visitantes las atiende.
El museo debe motivar al visitante para buscar información más amplia
en publicaciones, además de despertar admiración y cariño
por los valores tradicionales. Es importante señalar entonces que los museos
no están dirigidos a los especialistas, sino a la población en general.
Los
miembros del equipo de trabajo estamos conscientes de que en tanto el museo sea
un recinto público, los comentarios y opiniones que la comunidad exprese
no sólo son naturales e inevitables, sino deseables e importantes, ya que
de esa manera se genera un proceso de análisis que redunda en el mejoramiento
de su contenido. Estamos conscientes de que existen en el museo aspectos que será
necesario ajustar y que esta tarea deberá ser encabezada en adelante por
su director, apoyado por estudiosos en la materia, pero lo que parece indudable
es que ahora nuestra ciudad tiene un mejor museo que el existente hasta el año
de 1994, y las expresiones que se han hecho en contrario sólo manifiestan,
en el mejor de los casos, una crasa ignorancia, y en el peor, un sospechoso interés
de tapar el sol con un dedo.- A.P.C.- Mérida, Yucatán, marzo de
1995.
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*) Del Centro Regional del INAH en Yucatán.