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Los
premios Nóbel de nuestro país:
Tres mexicanos distinguidos en 99 años del prestigiado
galardón |
| Año |
Laureado |
Premio |
Motivo |
| 1982 |
Alfonso
García Robles
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Paz |
Por
sus múltiples gestiones diplomáticas en organismos
internacionales en torno al desarme nuclear
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| 1990 |
Octavio
Paz |
Literatura |
Por
su obra "apasionada, abierta sobre los vastos horizontes,
impregnada de sensual inteligencia y de humanismo íntegro"
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| 1995 |
Mario
Molina Henríquez |
Química |
Por
sus investigaciones en la formación y descomposición
de la capa de ozono en la atmósfera terrestre.
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Publicación del 13 de
octubre de 1995
La Jornada, México, D.F.
Los Premios Nóbel de México
A lo largo de los últimos 13 años,
México ha logrado tres Premios Nóbel. El primero fue
el de la Paz, concedido en 1982 al embajador Alfonso García
Robles por sus múltiples gestiones diplomáticas en
organismos internacionales en torno al desarme nuclear; en 1990,
México celebraba el otorgamiento del Nóbel de Literatura
al poeta Octavio Paz por su obra "apasionada, abierta sobre
los vastos horizontes, impregnada de sensual inteligencia y de humanismo
íntegro".
Ahora, en 1995, el otorgamiento del Nóbel
de Química a Mario Molina Henríquez, quien lo compartió
con otros dos científicos, convierte al químico (nacido
en México, pero nacionalizado estadounidense) en el primer
mexicano y segundo hispanoamericano en ganar el galardón
en ese género.
No es de extrañar que de un continente
políticamente convulso, como América Hispana, hayan
surgido cinco Nóbel de la Paz: la argentina Saavedra Lamas
en 1936, el argentino Adolfo Pérez Esquivel en 1980, el mexicano
Alfonso García Robles en 1982, el costarricense Oscar Arias
Sánchez en 1987, y la guatemalteca Rigoberta Menchú
Tum en 1992.
Tampoco resulta asombroso pensar en que la rica
tradición literaria hispanoamericana haya regalado al mundo
cinco Nóbel de Literatura: la chilena Gabriela Mistral en
1945, el guatemalteco Miguel Angel Asturias en 1967, el chileno
Pablo Neruda en 1971, el colombiano Gabriel García Márquez
en 1982 y el mexicano Octavio Paz en 1990.
Pero un Nóbel de Química para Hispanoamérica
es, francamente, para pasmar a cualquiera, sobre todo si se considera
que la llamada fuga de cerebros por la falta de recursos y apoyo
a la investigación científica coloque al continente
en el subdesarrollo tanto científico como tecnológico.
Las cifras son elocuentes: en los 94 años
de historia que cubren el período comprendido entre 1901
y 1995, los Premios Nóbel en sus tres áreas científicas
(Física, Química y Medicina) han reconocido los trabajos
de sólo tres científicos hispanoamericanos: el argentino
Luis Leloir, quien obtuvo la distinción en Química
en 1970, el británico-argentino C. Milstein, quien en 1984
obtuvo el de Medicina, y ahora el de Química para el mexicano
Mario Molina.
Hasta ahora, ningún físico hispanoamericano
ha obtenido el Nóbel respectivo.
DUDAS AL PRINCIPIO
El químico Luis Manuel Guerra, director
del Instituto Autónomo de Investigaciones Ecológicas
y amigo cercano del Dr. Molina Henríquez, declaró
que "hubo muchísimas dudas respecto a las investigaciones
de Molina; Rowland y él tuvieron que testificar ante el Comité
de Salud Pública del Senado estadounidense".
El Departamento de Comercio de Estados Unidos
aseguraba que la hipótesis sobre el ozono suponía
poner en riesgo 600,000 empleos, por lo que señalaron la
necesidad de que los estudios de Rowland y Molina se sometieran
a una exhaustiva comprobación. Equipos de trabajo rusos y
alemanes mostraban igualmente grandes dudas. En 1976, cuando Molina
afirmaba que las reacciones químicas de nitrógeno
y cloro podrían retardar la destrucción del ozono,
The Washington Post difundía: "Confusiones y dudas después
de revisar la teoría del ozono", y se hacía eco
de la comunidad científica que se oponía a la prohibición
de aerosoles.
Fue hasta octubre de 1989 que el satélite
Nimbus VII demostró claramente que el agujero en la capa
de ozono tenía una extensión equivalente al territorio
de Estados Unidos.
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