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EL "IPIL" Y EL TERNO


    Se ha mencionado que desde los primeros años de la Colonia la
sociedad compuesta por blancos e indios procuraba marcar la distancia social adecuada para establecer sus diferencias étnicas y raciales.

    La vestimenta cumplía perfectamente la función de señalar esta distinción. Existía de hecho una diferencia entre el "ipil" de las mujeres indígenas del campo y las mestizas de la ciudades, en la calidad de la tela, como señala Waldeck, y en la cantidad de bordados y encajes que colgaban del "ipil" y del justán, como apunta el historiador Hernández.

    El vestido indígena era llamado "ipil" y el traje de la mestiza era denominado terno.

    Un estudio reciente al respecto, realizado por los antropólogos Luis Millet Cámara y Ella Quintal, investigadores del INAH, señala que es hacia la segunda mitad del siglo XIX cuando el terno o "ipil" mestizo usado por las mujeres blancas e indias de Mérida se convierte en el traje representativo de la identidad yucateca.

    Este hecho histórico responde a la necesidad de la sociedad dominante de tomar un símbolo nacional que exprese la unidad social entre blancos y mestizos; un pacto entre estos sectores, dejando fuera a los indios mayas que habían sido los protagonistas principales de la Guerra de Castas, razón por la cual eran repudiados y borrados de la historia oficial y la identidad yucatecas.

    Diversos mecanismos sociales, en especial las fiestas de carnaval, sirvieron para que las mujeres blancas de Mérida sacaran a los espacios públicos sus ternos, pues de hecho esta prenda la usaban con mucha frecuencia en el ámbito de la casa.

LAS MESTIZAS Y LAS CATRINAS

    La culminación de la Guerra de Castas y la expulsión de los indios rebeldes al territorio de Quintana Roo marcó una etapa fundamental para la definición de la sociedad yucateca actual.

    El rechazo de lo indio así como la disolución de las diferencias entre castas y clases, como resultado del avance del capitalismo desde los primeros años del siglo XX, son algunos de los elementos que propiciaron una readecuación de la escala étnica acorde con la sociedad moderna de Yucatán. El uso cotidiano del "ipil" se extingue poco a poco en las zonas urbanas, y queda reducido a la mujer del campo. Así se empieza a llamar "mestiza" a toda mujer que porta un "ipil" o un terno , y "catrina" o "de vestido" a la que usa ropa de estilo occidental.

    En nuestros días se reconoce el traje tradicional de la mujer maya campesina o mestiza en sus dos variantes: El "ipil" para uso cotidiano y el terno como indumentaria exclusiva para uso ceremonial.

    El traje de mestiza se relaciona con un modo de pensar relativo al concepto del mundo de los nativos de las comunidades mayas. Por otra parte, están los valores de la ciudad que supone la apreciación de la indumentaria "de vestido".

    El concepto del mundo tradicional en los mayas actuales ha variado, al combinarse cada vez más con las ideas y hábitos de la ciudad. El avance de las comunicaciones, la educación escolar así como la movilidad de la población rural hacia las zonas urbanas son factores que han operado cambios en la integridad y congruencia del grupo de ideas y prácticas relativas al mundo de los mayas actuales.

    El "ipil", como uno de los significantes esenciales de la identidad maya, ha estado sujeto a constantes cambios al igual que todo el conjunto de la cultura de la cual forma parte.

    Al respecto, la Enciclopedia Yucatanense señala que es el terno
de las mestizas el que cambiaba su diseño para adaptarse a la moda europea (Tomo IV), con lo que se imitaba en ser más corto y estrecho. El llamado "mini-ipil" que se usó en Mérida en la década de los sesenta, continúa vigente para la mujer joven del campo, aunque las mestizas adultas y ancianas todavía usan el "ipil" ancho y largo hasta debajo de las rodillas.

    La variación en el "ipil" puede verse también en el arte de sus labores, tanto en las técnicas utilizadas como en la combinación de colores. Sobre esto es posible observar diferencias por regiones geográficas en toda la Península yucateca, pese a la aparente homogeneidad en el diseño de la prenda.

    Algunos antropólogos e historiadores coinciden en señalar que en el oriente del Estado se encuentran los hipiles más tradicionales, apegados a una estética "poco contaminada" con la occidental.

    Estos "ipiles" tienen flores bordadas de diferentes colores, matizados en tonos brillantes y contrastantes.

    Los diseños más tradicionales se encuentran en los "ipiles" bordados a mano, con las técnicas del xocbilcuy o xocchuy (punto de cruz o hilo contado), el chuyk (punto maciso), el julbichuy, el molnic manic, el xulpudz y otras.

    Para el bordado con máquina se utiliza comúnmente el macizo o simplemente "bordado"; el calado, el butbichuy, el de "sombra", y una gran variedad de enrejillados como el gripure o "araña" de reciente introducción.

    En el Sur, predominan los "ipiles" matizados o de un solo color. Los hay muy lujosos y elaborados, hechos a mano con la técnica de punto de cruz o xocbilchuy. En la técnica de bordado a máquina, son comunes los de punto macizo, de "sombra", y una variedad de rejilla llamada "renacimiento".

     En Maxcanú, municipio representativo del occidente, son comunes los "ipiles" de dos y tres colores, así como los matizados con variedad de colorido. Predomina en ellos la técnica de bordado a máquina con labores de renacimiento, rejilla "ventanitas" y el bordado macizo. Los hechos a mano se elaboran con variantes del "punto de cruz", como el xpuuchkan (espalda de culebra), xokchuy (hilo contado), y el xmoolpek (de cuatro cruces).

     Maxcanú es uno de los municipios de esta zona que aún conserva la tradición del bordado a mano; en otros municipios como Halachó, pueblo de grandes bordadoras, es difícil encontrar "ipiles" hechos a mano.

    Algunas de estas técnicas, como el xmanikbeem (deshilado) y el julbichuy (hilvanado), se están perdiendo porque no se transmiten a las nuevas generaciones debido a la dificultad en su elaboración.

    En el Norte, zona henequenera, predominan los "ipiles" hechos a máquina, menos elaborados, algunas veces angostos y escasamente matizados. Se encuentran sobre todo el "ipil de tira" o "ipil de adorno", consistente en un decorado hecho con encajes y bordados industriales, muy sencillos y baratos, que se adhieren a la tela en lugar del bordado. Todo parece indicar que la pobreza de la región se refleja en el tipo de vestimenta de sus mujeres.

TRANSMISION DE CONOCIMIENTOS

    Aprender a bordar es una actividad que se inicia desde la infancia, como parte de un conjunto de conocimientos que se relacionan con la identidad femenina maya.

    Desde los seis años de edad una niña ya sabe la manera como se
borda un "ipil". Es la madre, la hermana, la abuela o las tías, quienes transmiten este saber a la nueva generación de mujeres que aprenden "sólo por observación".

    Se ha dicho que el trabajo de bordar es una actividad casi exclusivamente femenina; sin embargo, no resulta nada extraño encontrar en un pueblo de bordadoras la presencia de un hombre que sabe bordar "ipiles" a mano y a máquina, labor verdaderamente digna de un artista. La población acepta positivamente la presencia de este personaje y mira con gran respeto su labor artesanal; es más, recibe numerosos encargos de las mestizas de la localidad, porque su trabajo es apreciado y muy tradicional.

    Uno de los insumos más importantes en la elaboración de un "ipil" es el "dibujo" o patrones de dibujos pintados sobre papel bond, con los motivos de las flores que lleva la prenda. Las bordadoras lo colocan sobre la tela para calcar los dibujos y luego se guardan con sumo cuidado en cajas y bolsas de cartón, para luego utilizarse al momento de "pintar un ipil".


 



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