XTABENTUN
"EL
PRINCIPIO ESPIRITUAL BENDIJO Y PREPARO CON MAIZ, LLUVIA Y MIEL LA
SANGRE NECESARIA PARA LA CREACION Y ALIMENTO DE TODOS LOS SERES".
POPOL
VUH,
LIBRO SAGRADO DE LOS MAYAS.
DURANTE
SIGLOS, LA FLOR DE XTABENTUN HA ESPARCIDO SU AROMA EN LA PRECIOSA
TIERRA DE YUCATAN, TIERRA DE TRADICIONES, DEVOCION Y LEYENDAS.
SIENTA SU DELICADO SABOR Y AROMA NATURAL.
XTABENTUN
ES PRODUCIDO SEGUN LA TRADICION, CON LA MAS FINA MIEL EXTRAIDA
DE LAS FLORES DE LA REGION. XTABENTUN ES COMO LA CULTURA MAYA
QUE CON RENOVADA PASION PARTICIPA EN SU CREACION.
Xtabentún
Cuenta
la leyenda que vivían en un cierto pueblo de la península
yucateca dos mujeres siendo el nombre de una de ellas Xkeban o
mejor decir su apodo ya que Xkeban quiere decir prostituta, mujer
mala o dada al amor ilícito. Decían que la Xkeban
estaba enferma de amor y de pasión y que todo su afán
era prodigar su cuerpo y su belleza que eran prodigiosos, a cuanto
mancebo se lo solicitaba. Su verdadero nombre era Xtabay.
Muy cerca de la casa que ocupaba esta
bellísima mujer, habitaba en otra casa bien hecha, limpia
y arreglada continuamente, la consentida del pueblo que llamaban
Utz-Colel, que en la traducción hispana sería mujer
buena, mujer decente y limpia. Erase esta mujer la Utz-Colel,
virtuosa y recta, honesta a carta cabal y jamás había
cometido ningun desliz ni el mínimo pecado amoroso.
La Xtabay tenía un corazón
tan grande, como su belleza y su bondad la hacía socorrer
a los humildes, amparar al necesitado, curar al enfermo y recoger
a los animales que abandonaban por inútiles. Su grandeza
de alma la llevaba hasta poblados lejanos a donde llegaba para
auxiliar al enfermo y se despojaba de las joyas que le daban sus
enamorados y hasta de sus finas vestiduras para cubrir la desnudez
de los desheredados.
Jamás levantaba la cabeza en son
altivo, nunca murmuró ni criticó a nadie y con absoluta
humildad soportaba los insultos y humillaciones de las gentes.
En cambio bajo las ropas de la Ut-Colel
se dibujaba la piel dañina de las serpientes, era fría,
orgullosa, dura de corazón y nunca jamás socorría
al enfermo y sentía repugnancia por el pobre.
Y ocurrió que un día las
gentes odiosas del pueblo no vieron salir de su casa a la Xkeban
y supusieron que andaba por los pueblos ofreciendo su cuerpo y
sus pasiones indignas. Se contentaron de poder descansar de su
ignominiosa presencia, pero transcurrieron días y más
días y de pronto por todo el pueblo se esparció
un fino aroma de flores, un perfume delicado y exquisito que lo
invadía todo. Nadie se explicaba de dónde emanaba
tan precioso aroma y así, buscando, fueron a dar a la casa
de la Xteban a la que hallaron muerta, abandonada, sola.
Más lo extraordinario era que si
la Xkeban no estaba acompañada de personas, varios animales
cuidaban de su cuerpo del que brotaba aquel perfume que envolvía
al pueblo.
Entrada la Utz-Colel dijo que esa era
una vil mentira, ya que de un cuerpo corrupto y vil como el de
la Xkeban, no podía emanar sino podredumbre y pestilencia,
más que si tal cosa era como todos los vecinos, decían,
debía ser cosa de los malos espíritus, del dios
del mal que así continuaba provocando a los hombres.
Agregó la Utz-Colel que si de mujer
tan mala y perversa escapaba en tal caso ese perfume, cuando ella
muriera el perfume que escaparía de su cuerpo sería
mucho más aromático y exquisito.
Más por compasión, por lástima
y por su deber social, un grupo de gentes del poblado fue a enterrar
a la Xkeban y cuéntase que el día siguiente, su
tumba estaba cubierta de flores aromáticas y hermosas,
tan tapizado estaba el túmulo que parecía como si
una cascada de olorosas florecillas hasta entonces desconocidas
en el Mayab, hubiera caído del cielo. La tumba de la Xkeban
duró todo el tiempo florecida y olorosa.
Poco después murió la Utz-Colel
y a su entierro acudió todo el pueblo que siempre había
ponderado sus virtudes, su honestidad, su recogimiento y cantando
y gritando que habia muerto virgen y pura, la enterraron con muchos
lloros y mucha pena.
Entonces
recordaron lo que había dicho en vida acerca de que al
morir, su cadáver debería exhalar un perfume mucho
mejor que el de la Xkeban, pero para asombro de todas las gentes
que la creían buena y recta, comprobaron que a poco de
enterrada comenzó a escapar de la tierra floja, todavía,
un hedor insoportable, el olor nausabundo a cadáver putrefacto.
Toda la gente se retiró asombrada.
En
su idioma maya dicen los viejos que aún cuentan la historia
con todos los detalles que debió ocurrir en la leyenda,
que hoy la florecilla que naciera en la tumba de la pecadora Xkeban,
es la actual flor Xtabentún que es una florecilla tan humilde
y bella, que se da en forma silvestre en las cercas y caminos,
entre las hojas buidas y tersas del agave. El jugo de esa florecilla
embriaga muy agradablemente, como debió ser el amor embriagador
y dulce de la Xkeban.