Toda
revolución sin pensamiento crítico, sin libertad para
contradecir al poderoso (...) es una revolución que se
derrota a sí misma.
Un fraude -Octavio Paz
Al margen de las interpretaciones del discurso oficial,
lo cierto es que
los postulados de justicia social de la Revolución
Mexicana de 1910 no se han cumplido como fueron planteados.
En el último tercio del siglo pasado los responsables del
proyecto liberal trazaron las directrices que debían conducir
al país por el sendero
de un desarrollo social equitativo. La muerte
del presidente Benito Juárez, el 18 de julio de 1872, marcó
el inicio de cruenta lucha entre los liberales por el poder. Sebastián
Lerdo de Tejada ocupó el Poder Ejecutivo Federal en su
calidad de vicepresidente
de la República. Sus críticos señalan que su
arrogancia y su carencia de sensibilidad política le impidieron
contar con el apoyo del pueblo. Durante su gestión logró
a duras penas sortear los problemas más sobresalientes y al pretender
la reelección en
1876 permitió al héroe de la Batalla del 2 de abril,
Porfirio Díaz, culminar en 1877 sus anhelos de alcanzar
la Presidencia de la República. De esta fecha hasta 1910, México
fue gobernado sólo
por dos caudillos: Porfirio Díaz y Manuel González.
Al concluir Díaz su primer período (1877-1880) el general
González cubrió el
cuatrienio (1880-1884). A partir de este año se inició el
largo período del general oaxaqueño de padres indios, de
la raza mixteca: don José de la Cruz Díaz y doña Petrona Mori.
Hay un hecho significativo en la vida de Porfirio Díaz.
Siendo muy joven demostró tener el carácter necesario para emprender
misiones importantes y contribuyó con valentía y sus conocimientos
en las estrategias militares al triunfo de los liberales
y la lucha patriótica
contra la invasión francesa. Azuzado por sus
simpatizantes, consideró llegado el momento de ocupar puestos
relevantes en la política y se postuló como candidato a
la presidencia en
las elecciones del 15 de octubre de 1867, pero la
popularidad de Juárez contribuyó a la derrota, de manera
aplastante, de sus aspiraciones, obligándolo a refugiarse
en su hacienda "La
Noria".
En las elecciones presidenciales de 1871 participaron tres
contendientes: Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada
y Porfirio Díaz.
Ninguno obtuvo la mayoría absoluta. El Congreso intervino
para nombrar a Juárez presidente y a Lerdo de Tejada presidente
de la Suprema Corte de Justicia y vicepresidente. Esta decisión
enardeció a los porfiristas, que se alzaron al grito de
¡fraude! y materializaron
su inconformidad levantándose en armas mediante el "Plan de La Noria". El planteamiento central del
plan fue desconocer
al régimen, proclamando el lema: "Sufragio libre, no
reelección". Los inconformes no lograron sus objetivos
y el líder se vio
obligado a buscar refugio en otros menesteres en espera del
momento más adecuado para alcanzar el poder absoluto.
Con la desaparición de Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada
ocupó la Presidencia
para cubrir el período y procedió a concluir las
obras iniciadas por su antecesor, como el ferrocarril
México-Veracruz. En el terreno político, estableció el
Senado y amplió el
apoyo a la libertad de prensa; sin embargo, no pudo
evitar la animadversión de los periodistas, primordialmente
de Vicente Riva Palacio, director del periódico "El Ahuizote"
y del director del
"Diario del Hogar", Filomeno Mata. Debido al intento
del presidente Lerdo de promover su reelección, los porfiristas
se declararon abiertamente
en contra, lanzando hacia mediados de enero
de 1876 el "Plan de Tuxtepec". El 26 de octubre
el Congreso declaró la
reelección de Lerdo de Tejada, pero el presidente de la Suprema
Corte de Justicia, José María Iglesias, declaró ilegal
la reelección. En
su papel de vicepresidente, buscaba ocupar
interinamente el Poder Ejecutivo. Las fuerzas militares
de Lerdo, que trataron
de combatir a los inconformes, fueron derrotadas por
las tropas del general Manuel González en la batalla de
Tecoac, Puebla. Ante este fracaso Lerdo de Tejada se vio precisado
a desligarse del poder.
El general Porfirio Díaz, satisfecho del triunfo obtenido
por sus correligionarios, entró a la capital del país el 6 de diciembre
de 1876 y en las elecciones del 12 de febrero de 1877 alcanzó
la Presidencia de
la República. Luego, apoyado en los planteamientos
del Plan de Tuxtepec, en 1878 promovió dos reformas importantes
a la Constitución.
La primera quitó al presidente de la Suprema Corte de Justicia la función de vicepresidente de la República. La
segunda prohibió la reelección con un pequeño agregado:
"Excepto después
de un período de cuatro años".
Ahora que se cumple el 88o. aniversario del inicio de
la Revolución Mexicana,
el país transita por una etapa sumamente
difícil, debido a la presencia de poderosos factores que
influyen en la agudización del problema que padecen importantes sectores
de la población.
Ante severa crisis económica de grandes dimensiones,
el discurso oficial sobre el papel trascendente de la revolución
en el desarrollo
social de México debe abordar la realidad sin poses
demagógicas. Es necesario retomar las experiencias positivas
con la finalidad de reconocer las flaquezas de un modelo económico
que está lejos de
cumplir las expectativas que decidieron su
aplicación. Al pueblo de México se le deben evitar discursos
retóricos que sólo maquillan los hechos y por medio de
los cuales se pretenda
ocultar a la opinión internacional la crítica situación
en que viven millones de mexicanos. Frente a los efectos
del modelo económico
fundamentado en el neoliberalismo y el programa globalizador que aplasta las aspiraciones de crecimiento de
las naciones emergentes,
los postulados sociales que fueron enarbolados
en la Revolución Mexicana de 1910 se pueden extraviar y
caer peligrosamente
en palabrería.- M.M.H.- Mérida, Yucatán, noviembre de 1998.