El
cenote Zací
V
isitar
Valladolid y no conocer el cenote Zací es como viajar a
París y no admirar la torre Eiffel, según afirman
algunos vallisoletanos.
El
cenote Zací es un símbolo de esa ciudad del oriente
de Yucatán, un prodigio de la naturaleza y una enigmática,
emocionante aventura, por la magia que encierra en sus caprichosas
formas pétreas y la leyenda que le envuelve.
Enclavado
cerca de la plaza principal de la Sultana de Oriente, es uno de
los cenotes a cielo abierto más grandes e impresionantes
de la Península.
El
espejo de agua, en forma ovalada, tiene 28 metros de diámetro
en la parte mayor y 25 en la menor, y la altura entre la bóveda
y la superficie acuífera es de 26 metros.
En
torno a las paredes se han dispuesto estructuras de piedra en
forma de escalinatas que permiten a los visitantes recorrer los
alrededores y admirar amplia gama de peces de agua dulce. Zací,
palabra maya que significa "Gavilán blanco",
era el nombre de la urbe prehispánica sobre la cual se
fundó en 1543 la actual ciudad de Valladolid.
Hoy
día, Zací se relaciona directamente con el cenote,
un atractivo natural que genera importante desarrollo turístico.
El lugar cuenta con restaurante especializado en cocina yucateca,
espacio para venta de artesanías y otros artículos,
y un pequeño zoológico de aves típicas de
la región.
-La
estrella es el cenote; a todos los visitantes les llama la atención
la imponente belleza de esta formación natural que se ha
convertido en símbolo de la ciudad -indica el Sr. Jorge
Alberto Aguilar Rivero, administrador del restaurante.
-Creo
que un viaje a Valladolid no puede estar completo sin una visita
al cenote Zací. No pierde su belleza porque es un espacio
respetado por la comunidad, de modo que siempre está limpio,
lo que causa grata impresión en los visitantes.
La
entrada de la luz, que se filtra a través de las copas
de los árboles, permite que se refleje el azul del cielo
y la blancura de las nubes. Las estalactitas parecen desafiar
las leyes de la gravedad, y, cual "espadas de Damocles",
retan a la paciencia de los hombres que se admiran ante este prodigio
de la madre naturaleza.
Las
raíces que penden de la bóveda principal parecen
estar ansiosas de tocar el espejo de agua, como queriendo saciar
la sed en los días calurosos.-