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A la orilla de la aguada, unas veladoras marcan el lugar donde estuvo bebiendo Marco Antonio Guillén antes de morir



En contexto

Aguada

 Habitantes de Hool lamentan la muerte del “fuereño” y también el sacrificio del cocodrilo.

“Sólo atacaba borregos” El cocodrilo, que medía 2.6 metros de largo, sólo atacaba a los borregos que se acercaban a abrevar la orilla de la aguada. “A mí me comió tres, pero qué le voy a hacer, la aguada era su territorio”, relata el vecino Manuel Canul.

El auténtico “Negro” “Eran tres cocodrilos, uno de ellos, el auténtico ‘Negro', ese sí era feroz, pues salía de la aguada y llegaba hasta los corrales alejados para arrastrar cochinos”.

 


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HOOL, Champotón.— “Se lo dijimos varias veces, no te vayas a meter, te vas a ahogar, pero no hizo caso y pagó las consecuencias. Finalmente el cocodrilo sólo actuó por instinto, incluso se acercó a la orilla para sacar el cuerpo, pero la gente lo apedreó y por eso se alejó y se sumergió con el finadito”, narra Manuel Canul, una de las tres personas que acompañaban al chiapaneco Marco Antonio Guillén el día de su muerte.

“Ya después, como a la hora, el cocodrilo volvió a salir y todavía llevaba el cuerpo en el hocico y fue cuando los policías le dispararon y lo mataron”, precisa.

Ayer, Manuel, quien tiene su casa junto a la aguada, acudió a rezar en silencio junto a las veladoras que los pobladores colocaron junto a la banca donde por última vez estuvo con vida Marco Antonio Guillén.

“Nos echamos unos tragos, había varias personas pescando en la aguada y yo me levanté y le dije a este muchacho que no se metiera al agua, pues tenía rato que nos decía que quería echarse una nadadita”.

“Estaba en mi casa cuando escuché los gritos, pues ya el cocodrilo lo había atacado”.

Manuel relata que anteayer vio el cuerpo del cocodrilo que emergió a la superficie y junto con su compadre lo sacaron a la orilla y avisaron al resto de los pobladores. “Yo me fui al sepelio del finado, cuando regresé ya lo habían destazado al cocodrilo y le habían quitado la piel”.

En el poblado, la gente dice que el cocodrilo no era malo, que estaba muy viejo y que ya casi no tenía dientes. Subraya que los vecinos no lo mataron, sino los policías, y en tono de reproche dice que “todo por ese señor que ni siquiera era de aquí”.

Según versión de otros testigos, “el Chapa” se metió al agua y a medida que avanzaba al centro de la aguada hacía como que se ahogaba y agitaba el agua.

Sin embargo, cuando llegó a la parte profunda entonces sí se comenzó a ahogar de verdad y, como estaba ebrio, pataleaba, lo que llamó la atención del cocodrilo y lo atacó.

El cadáver de Marco Guillén fue enterrado ayer en el cementerio de esta localidad.

En la trágica aguada de Hool aún queda un cocodrilo, una cría que ahora mide apenas 40 centímetros y es el nuevo dueño absoluto del lugar.— Martín Acosta Pacheco



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