En contexto
Despedida
Representantes de la Iglesia, autoridades y fieles despidieron al obispo Lázaro Pérez Jiménez.
Asistencia A la misa exequial asistieron más de 1,500 personas, y otras tantas le dieron el último adiós por las calles.
El cortejo En la misa y en la inhumación estuvo el gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva Ramírez; el secretario de gobierno, Gerardo Mosqueda; la alcaldesa, Rubí Laura López Silva, y el ex alcalde Gerardo Hernández Gutiérrez, así como el secretario de Desarrollo Agropecuario, José María Anaya Ochoa, y los diputados Martín Rico y Anita Ramos.
Testamento a la Diócesis De las obras que llevó al cabo en su vida terrenal, la más reciente, que dejó poco antes de morir monseñor Pérez Jiménez, fue el Plan de Pastoral, que ahora es considerado como el Testamento para la Diócesis de Celaya. Asi empieza: “Desde hoy, comienza una nueva etapa para esta diócesis...”.
CELAYA, Guanajuato.— “El cortejo de monseñor Lázaro Pérez Jiménez no fue fúnebre, sino triunfal; se celebró el poder de Cristo Resucitado”.
Con estas palabras resumió el arzobispo de Morelia, monseñor Alberto Suárez Inda, la manifestación de afecto que el pueblo de Celaya expresó ayer a su obispo fallecido, que, más que su pastor, “fue su padre en la fe”.
La Catedral, colmada de fieles, de autoridades civiles de los más altos niveles y de sus hermanos en el episcopado, es desde ayer la última morada terrenal del “padre obispo” Lázaro, como gustaba que le llamaran.
En la despedida, la comunidad católica de Yucatán estuvo representada por el arzobispo Emilio Carlos Berlie Belaunzarán y por monseñor Álvaro García Aguilar.
Su casa durante los seis años en los que fue obispo de la diócesis de Celaya, y donde cada domingo celebraba misa a las 10 de la mañana, alberga ahora los restos de dos obispos.
La tumba de don Lázaro se ubica justo frente a la que contiene los restos del primer obispo de la diócesis de Celaya: don Victorino Álvarez Tena.
Previo a la inhumación, el cuerpo fue trasladado por la mañana del Seminario Diocesano, donde fue velado, al templo del Carmen, donde se celebró una misa de cuerpo presente.
Después, el cortejo se dirigió a la Catedral. A su paso, miles de personas dieron el último adiós a su querido pastor.
Durante su ministerio pastoral, monseñor Lázaro Pérez estuvo cerca de la gente. Por eso, ayer no importaron las diferencias, pues el pueblo era uno rindiendo homenaje a su pastor.
Un homenaje de aplausos copiosos y de plegarias por el eterno descanso de su alma.
El féretro —de caoba— se colocó sobre una alfombra oriental. Encima, el báculo, signo del buen pastor, la mitra y el libro abierto de los Evangelios.
El encargado de presidir la misa fue el nuncio apostólico Christophe Pierre.
Al inicio de la celebración eucarística leyó un telegrama de la Curia Romana, con un mensaje del papa Benedicto XVI.
“He recibido con dolor la triste noticia del repentino fallecimiento de monseñor Lázaro Pérez Jiménez, obispo de Celaya. Su Santidad Benedicto XVI desea hacer llegar sus profundos sentimientos de pesar a sus familiares, así como a quienes fueron testigo de su fecundo ministerio pastoral, tanto en la Diócesis de Autlán como en esa iglesia particular de Celaya.
“En estos momentos de particular aflicción, el Sumo Pontífice, a la vez que ofrece fervientes sufragios por el eterno descanso del difunto velado, invocando la amorosa intersección de nuestra Señora de Guadalupe, les imparte con afecto la confortadora bendición apostólica como signo de fe y esperanza en el Señor Resucitado”.
La homilía estuvo a cargo del arzobispo de Morelia, monseñor Suárez Inda.
“Sal de tu tierra, deja a tu parentela, ve a la tierra que yo te mostraré, te haré padre de una multitud, tu serás una bendición”, dijo el arzobispo.
“El hermano Lázaro desde pequeño escuchó este llamado de Dios. Dejó Tizimín, después Yucatán y, más tarde, también por obediencia a Dios, dejó Autlán. Ahora nos deja para ir a otra tierra, a la Tierra Nueva que el Señor seguramente ya le permite contemplar y gozar, la Tierra Prometida.
“En su consagración, don Lázaro tuvo una enorme fecundidad, y ahora vemos un signo muy claro de esta familia suya de la que fue padre en la fe.
“Es natural que nos sintamos tristes, apenados. Sin embargo, podemos decirle al Señor, igual que aquellos judíos: Ven, Señor; Ven, Señor; Ven y verás en dónde está nuestro hermano”.
El arzobispo afirmó que el cortejo “no fue fúnebre, fue triunfal, en el que se celebró el poder de Cristo Resucitado”.
El nuncio apostólico destacó la inmortalidad que hay para quienes creen en el Señor.
“La vida se transforma, no se acaba, y disuelta nuestra morada terrenal, se nos prepara una mansión eterna en el Cielo con los ángeles y arcángeles”.
La ceremonia A las 2 de la tarde, la misa exequial culminó con la inhumación de monseñor Lázaro Pérez en la Catedral.
El coro juvenil del Conservatorio de Música de Celaya y la Orquesta Sinfónica Juvenil “Silvestre Revueltas” interpretaron el “Réquiem” de Mozart.
El presbítero Alejandro Montes Ávalos, rector del Conservatorio de Música, dirigió un coro con más de 200 voces.
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