CENTRAL 9

Febrero “se queda corto”

Fenómenos astronómicos, supersticiones de la Antigüedad y prácticas religiosas moldearon el sistema con el que ahora contamos el paso del tiempo.
sábado, 26 de febrero de 2022 · 01:30

Fenómenos astronómicos, supersticiones de la Antigüedad y prácticas religiosas moldearon el sistema con el que ahora contamos el paso del tiempo. Un sistema en el que febrero siempre sale “perdiendo”.

El recorte de días a este mes comenzó en la antigua Roma y se mantiene hasta la actualidad, cuando sin extrañeza aceptamos la mengua de fechas y, cada cuatro años, la adición de una.

La singularidad de febrero en el calendario empieza por explicarse con un hecho astronómico: el tiempo que toma la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol. Como precisa la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) de Estados Unidos, esa traslación dura 365.2422 días, es decir, aproximadamente seis horas más de los 365 días exactos con los que marcamos un año.

Ese “excedente”, que al cabo de cuatro años suma unas 24 horas, se agrega como un día completo al final de febrero —el 29— en los bisiestos.

Sin embargo, no siempre el movimiento alrededor del Sol fue la base del calendario ni éste se dividió en 12 meses.

Tom Palaima, profesor de historia clásica en la Universidad de Texas en Austin, dice que los antiguos griegos, por ejemplo, sí contaban 12 meses, pero a partir de los ciclos de la Luna. Este sistema, vigente de los siglos VI al IV antes de Cristo, presentaba la dificultad de no coincidir con el calendario solar, lo que complicaba la celebración de ritos asociados a las estaciones.

A fin de alinear los años lunares y solares se intercaló periódicamente un mes adicional. “Cuando las mediciones se hicieron con el tiempo más precisas, los meses añadidos se volvieron días añadidos”, declara en un artículo de la casa de estudios estadounidense.

Solo 10

También en Roma tomaron como referencia los ciclos de la Luna para medir el tiempo. En un principio el calendario constaba de una decena de meses lunares, el primero de los cuales era marzo y el último, diciembre; en total eran seis meses de 30 días y cuatro de 31, para un total de 304 días, indica el editor Jonathan Hogeback en una contribución para el sitio en línea de Encyclopaedia Britannica.

Después, “con el propósito de sincronizar completamente el calendario con el año lunar, el rey romano Numa Pompilius agregó enero y febrero a los 10 meses originales”, apunta.

“Sin embargo, Numa quería evitar los números pares en su calendario, ya que la superstición romana sostenía que significaban mala suerte”.

De acuerdo con Hogeback, el soberano buscó la manera de que la suma de días al mes y al año diera una cifra par, pero no lo consiguió ni reduciendo a 29 el número de fechas de los meses de 30 días, debido a una verdad matemática: la suma de cualquier cantidad par (en este caso 12 meses) de números impares siempre da como resultado un número par.

“Así que Numa eligió febrero, un mes en el que se efectuaban rituales romanos en honor de los muertos, para ser el mes aciago de 28 días”.

En el año 46 antes de Cristo, el emperador Julio César reformó el sistema calendárico romano. Atendiendo la sugerencia del astrónomo Sosígenes de Alejandría, incluyó un bisiesto cada cuatro años. “Para evitar la manipulación política de los días correctivos, ya sea extendiendo y recortando el tiempo en el gobierno de los políticos aliados o rivales, Julio César pensó en el llamado calendario juliano, que añadía días al final de los meses para evitar que los años lunares y solares quedaran muy desalineados”, apunta Tom Palaima, el profesor de la Universidad de Texas en Austin.

De esa manera “un año bisiesto debía ocurrir cada cuatro años, el 24 de febrero”.

Desfase

La NASA recuerda que, debido a que el calendario juliano era 11 minutos y 14 segundos más largo que el año regular, poco a poco se fue acumulando un desfase que para el año 1582 de nuestra era ya sumaba 12.7 días.

En 1582 el papa Gregorio XIII reformó el calendario y determinó que todos los años divisibles entre cuatro serían bisiestos, excepto los años centenarios, que debían ser divisibles entre 400 para ser bisiestos. La implementación de las modificaciones significó la eliminación de la noche a la mañana de 10 días: al jueves 4 de octubre siguió el viernes 15 de octubre.

Se adoptó en primer lugar en los países católicos y gradualmente se fue extendiendo a los demás. En Gran Bretaña y sus colonias no se aceptó sino en 1752, cuando se necesitó añadir un día más por una nueva corrección.

Alguien pensará que sería más fácil que los años y meses tuviesen un número igual de días; sin embargo, sin los ajustes al calendario eventos astronómicos, como equinoccios y solsticios, empezarían a ocurrir más tarde de lo que se reportan ahora. Así, advierte la NASA, luego de un siglo sin correcciones el inicio del verano no sería en junio sino a mediados de julio.— Valentina Boeta Madera

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