Antropología

Las mayas eran mujeres de poder

Al igual que Wak Chanil Ajau, otras mujeres ejercieron el poder e hicieron la guerra entre los antiguos mayas. Y aun quienes se mantenían en el espacio privado tenían una función reconocida por la sociedad.

Con sus 1.90 metros de alto, 88 centímetros de ancho y 29 centímetros de grosor, Wak Chanil Ajau o Señora Seis Cielo impone su presencia de piedra. En las manos lleva una vasija con ofrendas de concha marina, cuchillo de pedernal y copal, y su falda de red y piezas de jade evoca a la deidad lunar.

A quienes conocen la iconografía les deja en claro enseguida que están ante una persona de poder y batalla: su tocado de plumas es símbolo de los gobernantes guerreros y sus tobilleras decoradas son las que usan los dirigentes.

En ese 19 de abril del año 699 después de Cristo que consigna la Estela 24, la reina de Naranjo-Sa’al, Guatemala, celebra el rito de la representación de la diosa de la Luna y se le retrata parada encima de un enemigo, capturado y humillado públicamente para demostrar la autoridad del sitio sobre el este del Petén.

Al igual que Wak Chanil Ajau, otras mujeres ejercieron el poder e hicieron la guerra entre los antiguos mayas. Y aun quienes se mantenían en el espacio privado tenían una función reconocida por la sociedad. “Las mujeres mayas estaban en el campo de acción; su presencia era importante, no eran sujetos pasivos”, indica Lucía Quiñones Cetina, maestra en Ciencias Antropológicas y profesora de la Universidad Iberoamericana, campus Tijuana.

Representaciones de guerreros

Aunque en la iconografía prehispánica “predominan las representaciones de hombres guerreros y reyes, nos hace falta analizarla con una perspectiva de género más amplia”, dice. “Cabría preguntarse si para esas representaciones masculinas no había contrapartes femeninas. En Calakmul, en el sur de Campeche, hay varias estelas pareadas, es decir, una donde hay un personaje masculino y otra donde hay uno femenino”.

Asimismo, explica, en el Trono 1 de Piedras Negras, Guatemala, están esculpidos los perfiles de un hombre y una mujer, “juntos, al mismo nivel”.

“Probablemente el ejercicio del poder era de una pareja, aunque no tenemos evidencia glífica. Tenemos un sesgo androcéntrico en la ciencia en general y apenas empezamos a reconocer la presencia de las mujeres en momentos de la Historia; a lo mejor en un futuro podremos identificar a más”.

Quiñones Cetina, quien sustentó la tesis de maestría “Mujeres mayas: rostros del poder. Iconografía del empoderamiento femenino en el arte prehispánico”, advierte que en las fuentes documentales sobre la vida en el área maya antes de la Conquista —textos jeroglíficos, estelas, vasijas policromas— las mujeres mencionadas son siempre de la élite, de modo que no puede asegurarse que las conclusiones de los estudios sobre ese período sean extrapolables a toda la población femenina.

Teniendo en cuenta esa limitación, hay investigadores que afirman que hombres y mujeres de estrato social similar ejercían funciones con igual nivel de importancia. Entre individuos del mismo estamento social “algunos autores reconocen un modelo heterárquico, que, a diferencia del jerárquico, es más horizontal: hombres y mujeres tenían funciones diferenciadas pero paralelas o complementarias”, apunta.

Capacidad de agencia

Por lo común los arqueólogos consideran a las figuras femeninas que aparecen en los registros glíficos “como monedas de cambio: ellas son las madres de.., las hijas de.. y se casan para fortalecer una ciudad”, recuerda. A pesar de que ellas “sí respondieron a los intereses del núcleo familiar gobernante y aceptaron matrimonios para fortalecer ciudades, había también capacidad de agencia, tenían la posibilidad de hacer cosas”, como lo comprueban los testimonios sobre la existencia de reinas y guerreras.

Lucía Quiñones Cetina  investigadora
Lucía Quiñones Cetina, maestra en Ciencias Antropológicas y profesora de la Universidad Iberoamericana, campus Tijuana (Cortesía)

 

Además de la Señora Seis Cielo, en el territorio de la actual Guatemala vivió Kalomt’e K’abel, reina de El Perú-Waka’. Según explica Quiñones Cetina, en la Estela 34 hallada en ese sitio la soberana —cuya tumba se encontró en el año 2012— es evocada con un escudo, elemento que la relaciona con la guerra. De hecho, la palabra Kalomt’e es el “título militar de mayor prestigio usado por los mayas”.

También con escudo es representada Kalomt’e K’abel en una de las figurillas halladas en el Entierro 39. “No sabemos exactamente qué decisiones toma, pero sí que fue una mujer fuerte que gobernó con su esposo”.

Hay asimismo representaciones femeninas en el ámbito místico religioso, como en vasijas descubiertas en la Cuenca del Mirador, en el Petén. En una de ellas, la Señora Dragón invoca al dios K’awiil, de cuya pierna surge después el Dios Viejo.

Por su parte, la Señora K’abal Xook, esposa principal del rey Itzamnaaj Balam, aparece en varios dinteles de Yaxchilán. En uno de ellos conjura a una Serpiente de Visión de dos cabezas y cuerpo de ciempiés; un guerrero sale de las fauces.

Quiñones Cetina destaca que en el arte maya clásico hay imágenes de mujeres que gobiernan, que son escribas y guerreras. Sin embargo, participar en batallas no era exclusivo de las mujeres de esta área, pues se tienen igualmente registros de, por ejemplo, guerreras mixtecas en la zona de Oaxaca y mochicas en Perú.

En ese sentido, indica que en una escena del Códice Selden (mixteca) se ve a la Señora Seis Mono consultando a la Señora Nueve Grama sobre las amenazas hechas por rivales, y en otra Seis Mono ataca y captura al Señor Seis Lagarto y el Señor Dos Cocodrilo.

De la cultura mochica es el entierro encontrado en 2006, en Perú, de la Señora Cao, mujer reconocida como gobernante y sacerdotisa. Gracias a la buena preservación del cuerpo, en los brazos se observan “tatuajes que hablan de un proceso de adivinación”.

Quiñones Cetina cita estudios de las investigadoras Georgina Rosado Rosado y Landy Santana Rivas para afirmar que el ejercicio del poder por la mujer maya continuó hasta los siglos XIX y XX, como lo demuestra que en los registros de los cruzo’ob, los insurrectos de la “guerra de castas”, haya nombres femeninos. Dos son los de Hilaria Nahuat y María Uicab, “quienes se relacionan con el poder religioso y político”.

María Uicab, agrega, fue reina de los cruzo’ob y se enfrentó “a personajes como el coronel Daniel Traconis”. Uicab es ejemplo de “la capacidad de agencia que tenían las mujeres en ese entonces y el reconocimiento social; ella no queda bajo el auspicio de un hombre a pesar de que se casa”.

Lucía Quiñones resume que las mujeres en la época prehispánica, al menos aquéllas que formaban parte de la élite, “no estaban exclusivamente en el espacio privado y amarradas a un telar de cintura; eran mujeres preparadas, sabias”.

Pieza faltante

Aún falta determinar “si estas mujeres eran la excepción a la regla o si eran una constante”.

Sin embargo, subraya que “si tuviéramos que aprender algo de estas sociedades es el reconocimiento a las acciones de hombres y mujeres, independientemente de si unas son en el espacio privado y otras en el público; siempre son complementarias, aunque estén diferenciadas, porque al final de cuentas alguien debe dedicarse al cuidado, a la agricultura, al registro histórico...”.— VALENTINA BOETA MADERA

 

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