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Programas sociales crean ''dependencia y más pobres'', evalúa presidente de Coparmex

Coparmex propone cambiar la orientación de los programas sociales: con el reparto de dinero se hace dependiente a la gente y se generan más pobres.
domingo, 6 de marzo de 2022 · 06:30

José Medina Mora Icaza, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), es categórico: se necesita nuevo modelo de desarrollo para el país, porque el actual no está resolviendo la pobreza y la desigualdad.

Como parte de esa transformación propone un cambio en la orientación de los programas sociales del gobierno federal, pues la forma en que están concebidos, con el reparto de dinero como principal elemento, solo hace que los beneficiarios sean dependientes y más pobres.

En amplia entrevista que concedió en su visita de anteayer a esta ciudad, después de asistir a la toma de compromiso de Beatriz Gómory Correa como nueva presidenta de Coparmex Mérida, el dirigente también habló de la defensa de la democracia —representada ahora en la defensa del Instituto Nacional Electoral (INE)—, de la reforma energética, del papel de la empresa como vehículo de cambio y de la situación económica del país.

Otros temas de la plática fueron los proyectos insignia del gobierno federal —el Tren Maya, la refinería Dos Bocas y el aeropuerto de Santa Lucía— y su impacto, la recuperación en medio de la pandemia de Covid-19, los retos que se avizoran y los planes federales de construir un cuartel de la Guardia Nacional en los terrenos de La Plancha.

Las estadísticas muestran un aumento de la pobreza en el país, ¿qué está fallando?

La respuesta a esa pregunta nos ha llevado en Coparmex a reflexionar que necesitamos un nuevo modelo de desarrollo para el país. Así como vamos no se están resolviendo la pobreza y la desigualdad. Necesitamos un cambio, un cambio hacia un futuro diferente, porque lo que vemos ahora es que no baja el número de pobres sino que sigue subiendo.

José Medina Mora Icaza Coparmex
José Medina Mora Icaza, presidente nacional de Coparmex, en entrevista con el Diario (Foto de Carlos de la Cruz)

Tampoco se trata de un regreso al pasado, sino de construir un futuro diferente, un futuro inclusivo. Este modelo, que llamamos economía de mercado con desarrollo inclusivo, lo hemos puesto sobre la mesa para pedir a todos que lo enriquezcan: a las universidades, a los estudiantes, a los organismos empresariales, a organismos de la sociedad civil, a ciudadanos y gobiernos. Queremos construir entre todos ese modelo.

El desarrollo económico tiene que llevar de la mano al desarrollo social y al desarrollo ecológico sustentable. Es un modelo que tiene 20 puntos. Uno de esos puntos es el que tiene que ver con programas sociales. Hemos gastado miles de millones de pesos, en varios sexenios, en programas con distintos nombres: Solidaridad, Prospera, Progresa, ahora Adultos Mayores, Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vidas, Personas con Discapacidad…

Entonces, ¿no están dando buenos resultados los programas sociales?

Lo que proponemos es que cambie el objetivo. Consideramos que sí se requieren los programas sociales, pero ahora el objetivo es repartir el dinero y creemos que no debe ser así, sino ayudar a esas personas, a esas familias, a salir de la condición de pobreza.

Cuando el objetivo es simplemente repartir dinero la gente se vuelve dependiente de esas ayudas. Por eso vemos en el país que hay muchas empresas con vacantes abiertas y no hay suficiente mano de obra, porque muchos que pudieran trabajar, como ya reciben la ayuda social, pues no trabajan.

Para qué trabajo si el gobierno me da

Aquí hay una manera de explicarlo: le preguntaron a un empresario extranjero cómo consideraba la mano de obra mexicana y él respondió, después de una reflexión, que el problema en México es el “san martes”, lo cual llama la atención porque lo que todos conocemos es el “san lunes”. Rayan el sábado, se toman el domingo y lunes no se presentan a trabajar. Y llega el martes: tienen su tarjeta de Bienestar —antes el cheque de Sedesol— y dicen: a ver, si ya tengo el dinero, ¿para qué trabajo? Entonces no se presentan el martes.

Es decir, aun con la mejor intención de ayudarlos los estamos hundiendo en la pobreza, los estamos haciendo dependientes. Tenemos que cambiar la orientación de los programas sociales.

Un ejemplo es el Banco de Alimentos. ¿Cómo funciona? Recibe de los supermercados alimentos que están por caducar y lo que hace es lavar la fruta y la verdura e inmediatamente las reparte.

Banco de Alimentos, un programa funcional

El Banco de Alimentos tiene dos elementos que lo hacen diferente de los programas sociales. El primero es que no se regala la comida. La familia paga por la comida. Hay bancos de alimentos con los cuales una familia recibe, por diez pesos, la comida de un día. Otros manejan el diez por ciento del costo.

Lo importante es que al pagar se respeta la dignidad de estas familias y, además, ellas pueden exigir que los alimentos estén en buenas condiciones.

El segundo elemento que tiene el Banco de Alimentos es que cuenta con un programa de acompañamiento a las familias para que éstas salgan de la pobreza alimentaria. Todos los programas sociales debieran tener ese tipo de objetivos.

¿No le ven un ingrediente electoral a esos programas?

Vemos que se va repitiendo. Se reparten esas ayudas en estados donde habrá elecciones, y eso automáticamente hace una liga, donde habrá un compromiso con el voto.

Coparmex ha asumido una campaña de defensa del INE. ¿Por qué es importante esa defensa?

Para nosotros, la defensa del Instituto Nacional Electoral es la defensa de la democracia. Hemos podido avanzar en la democracia en el país en buena medida gracias a este organismo autónomo, que antes era IFE y luego cambió su nombre a INE. Antes de la ciudadanización del IFE era la Secretaría de Gobernación la que organizaba y calificaba las elecciones. Cuando dijimos como país que queremos democracia, el primer paso importante fue hacer que el instituto estuviera en manos de los ciudadanos. Eso nos ha permitido avanzar en la democracia.

En tres décadas ya hubo tres presidentes de distintos partidos políticos y esta transición ha sido en paz. Hay pocas impugnaciones. En la jornada electoral de junio del año pasado, con 20,000 puestos de elección popular, hubo pocas impugnaciones que se resolvieron.

El INE sabe organizar las elecciones, sabe seleccionar a los ciudadanos, los sabe capacitar para que abran una casilla, reciban a los ciudadanos y cuenten los votos. Eso nos da certidumbre de que el que gane es el que recibe más votos.

Como institución, el INE ha sido atacado y por eso nos parece importante defenderlo. Gracias a que es un órgano autónomo ha avanzado la democracia. Si se perdiera esa autonomía, y regresara el INE a ser parte del gobierno se perdería ese equilibrio.

Aquí hablamos del INE, pero ¿qué pasa con otros órganos autónomos también bajo amenaza de ser vulnerados?

La defensa de los órganos autónomos ayuda a los contrapesos. Desde luego, a los gobiernos no les gusta. Ellos prefieren tener todo el poder, todo el control. El hecho de que haya contrapesos ayuda. Por ejemplo, en el sector energético la CRE, Comisión Reguladora de Energía, es en teoría un órgano autónomo y debiera regular para todos los jugadores del mercado, no solo del mercado eléctrico sino del energético, pero solo responde a lo que le dicen la Comisión Federal de Electricidad o Pemex. Es importante que se mantenga como un órgano autónomo.

¿Cúales son las formas más utilizadas para atacar a los organismos autónomos?

Lo que hemos visto en esta administración es que se les ataca de tres maneras: la primera es reduciendo el presupuesto, la segunda es presionando para que renuncien los consejeros y entonces nombrar gente a modo, lo cual hace que se pierda el contrapeso, y la tercera es desapareciéndolo.

Al mismo INE le recortaron el presupuesto. Esto hace que en lugar de las 161,000 casillas que debiera poner para la revocación de mandato —porque la Constitución dice que tiene que ser el mismo número de las elecciones intermedias anteriores—serán solo 59,000. Es el presupuesto que le autorizaron. En la Cámara de Diputados le recortaron el presupuesto y eso hace que tenga que recortar el número de casillas. Sin embargo, habrá boletas para todos los ciudadanos. A lo mejor la casilla queda un poco más lejos de lo que queda normalmente, pero habrá una casilla con suficientes boletas para que puedan votar todos los ciudadanos que así lo decidan.

Es otra manera de atacar al INE. Se le reduce el presupuesto y luego se le echa la culpa de que no abrió todas las casillas que debió abrir.

¿Cuál es la posición de Coparmex frente a la reforma eléctrica que propone el presidente López Obrador?

Consideramos que es momento de diálogo para llegar a un acuerdo. La analogía que hacemos es que el año pasado el Presidente presentó una ley en materia de subcontratación, una ley que prohibía todo tipo de subcontratación. Le pedimos al gobierno la oportunidad de tener un diálogo. Se abrió el diálogo, en tres meses negociamos las condiciones de la ley y llegamos a un acuerdo.

Eso mismo tenemos que aplicar en esta reforma de la Ley Eléctrica. Consideramos que hay las condiciones para el diálogo y que sí es necesario hacer ajustes que van a beneficiar al sistema eléctrico. Hemos dicho que en vez de hablar a favor o en contra de la reforma tenemos que hablar de lo que necesita México.

Ante temas espinosos, ¿cómo es la relación del sector privado con el gobierno?

En temas espinosos y en todos los demás. Hay mucha comunicación, mucho intercambio de ideas, de propuestas, aunque pensemos diferente. No es que coincidamos, pero hay diálogo y eso nos ha permitido hacer ajustes y llegar a acuerdos. En Coparmex somos altamente políticos, pero totalmente apartidistas; no estamos a favor de algún partido, ni en contra. Respetamos la figura presidencial, respetamos a todas las autoridades. Esto no quiere decir que no señalemos lo que está mal, con respeto y con propuestas. No se trata nada más de criticar, de señalar que está mal, sino que cada señalamiento vaya acompañado de una propuesta 

Sobre las megaobras de AMLO

Como ciudadanos tenemos que cuestionar, porque es dinero de todos nosotros, manifiesta José Medina Mora Icaza, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex). Con esa frase resume el interés que debe ponerse en las megaobras del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y el impacto que ya tienen, por anticipado, en la vida de los mexicanos.

Y así se refiere, a pregunta nuestra, a los proyectos del Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el Corredor Transístmico y el aeropuerto de Santa Lucía, a los que se han canalizado cuantiosos recursos públicos.

Mejor diversificar

A preguntas que le planteamos sobre los megaproyectos y su repercusión, el dirigente empresarial declaró, entre otras cosas, lo siguiente:

—El análisis que hacemos es desde varias perspectivas. La primera es desde el punto de vista económico. La inversión del gobierno debe estar diversificada para que genere la reactivación económica en todo el país.

—Cuando esa inversión se concentra en Dos Bocas, en el Tren Maya, en el Transístmico, en el aeropuerto Felipe Ángeles, no detona el crecimiento económico. De hecho, le produce una afectación en el corto plazo. Por ejemplo, donde se está haciendo el proyecto de Dos Bocas, en Paraíso, Tabasco, no encuentras un cuarto de hotel, no encuentras comida. Hay una gran escasez, porque es una inversión enorme concentrada, y desde el punto de vista económico debiera descentralizarse para facilitar la reactivación.

“Brincan” trámites

—La segunda perspectiva de análisis es el cuidado del medio ambiente. Cuando vemos que para hacer el Tren Maya se destruye selva, se destruyen árboles, nos damos cuenta de que hay una ley que para cualquier proyecto nos piden un estudio de impacto ambiental. Y aquí, con las prisas porque quieren acabar rápido, se están brincando los estudios de impacto ambiental.—Entonces, lo que propone el famoso “decretazo” (decreto del presidente López Obrador para ahorrar tiempo en trámites sobre las llamadas obras prioritarias de la 4T) es que el gobierno, en este caso el Ejército, solicita las licencias, y si en cinco días no le contestan se toma como afirmativa ficta. Es como si te hubieran contestado que sí te lo dan (el permiso) y entonces te lanzas.

—Eso ha generado mucho daño al medio ambiente. Basta con circular por la Riviera Maya y ver la cantidad de árboles que tiraron para luego decir que ése no era el trazo. Un poco de lo que empieza a salir de la ruta que han trazado es que pasa sobre cenotes, sobre zonas arqueológicas... Sí hay una afectación.

¿Es lo mejor?

—Podríamos entonces pasar a cuestionar si realmente es la mejor manera de invertir el dinero de los mexicanos. Cuando todo el mundo baja a las energías limpias, ¿por qué invertir en hacer una refinería? Cuando Quintana Roo, Yucatán y Campeche han encontrado la manera de que el turismo llegue a las zonas arqueológicas, ¿para qué se necesitaba un tren que cruce la selva?

—A lo mejor se requiere, sí, para resolver un problema de movilidad en Quintana Roo, entre Cancún y Tulum. Aquí se requeriría un sistema de transporte público, a lo mejor más como un tren ligero.

Dinero de todos

—Cuando juntamos esas perspectivas, como ciudadanos tenemos que cuestionar, porque es dinero de todos nosotros. ¿Tiene sentido invertir en un aeropuerto regional en Santa Lucía y dejar de invertir en un aeropuerto —el cancelado Nuevo Aeropuerto Internacional de México— que iba a ser un “hub” (centro concentrador de transporte y logística) para toda Latinoamérica? Bueno, el sentido de costo-beneficio de cada uno de estos proyectos es lo que debe dar la respuesta.

—Algo positivo es que al menos no dejarán obras inconclusas, que a eso se han comprometido, que éstas se terminarán, aunque no sean quizás las obras que requiere el país.—