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Cómo ayudar a prevenir y revertir el hígado graso

sábado, 18 de junio de 2022 · 02:30

Una dieta basada en carnes blancas y frutas y verduras frescas, reducida en grasas y azúcares simples, combinada con ejercicio —principalmente de tipo aeróbico—, es la clave para prevenir y frenar la enfermedad por hígado graso, un padecimiento con alta incidencia en Yucatán y que puede desembocar en cirrosis.

Se calcula que el 55% de la población mexicana padece hígado graso, pero la mayor parte no lo sabe porque es una enfermedad silenciosa, que cuando presenta síntomas es porque el problema ya avanzó, hay fibrosis y, en muchos casos, cirrosis y cáncer de hígado.

Este padecimiento se puede prevenir llevando una dieta saludable y realizando actividad física, aunque su aparición también tiene que ver con factores genéticos y enfermedades asociadas, como la diabetes, la hipertensión y la obesidad.

Así lo señala Astrid Ruiz Margáin, nutrióloga del Instituto Nacional de Nutrición “Salvador Zubirán” de Ciudad de México, quien apunta que el padecimiento se asocia a la dieta occidental, que incluye muchas grasas saturadas y azúcares simples que se encuentran, sobre todo, en la comida rápida.

El consumo de carnes rojas, alimentos fritos, refrescos, jugos y bebidas aderezadas con crema batida y chispas de chocolate es uno de los factores asociados al desarrollo de la enfermedad por hígado graso. Existen dos patrones nutricionales que se han estudiado mucho y ayudan a prevenir este padecimiento: la dieta mediterránea y la dash.

La dieta mediterránea, un contrapeso

Ruiz Margáin detalla que la dieta mediterránea viene del sur de Europa y su ventaja es que usa mucho el aceite de oliva en crudo, que tiene muchos ácidos grasos buenos, llamados poliinsaturados, e incluye además muchas frutas y verduras frescas, pescado —como el salmón y otros de agua fría— que contienen ácidos omega-3, cuyas propiedades antiinflamatorias disminuyen el riesgo de padecer hígado graso. Asimismo, se consumen muchas nueces y oleaginosas.

Respecto a la dieta dash, la nutrióloga precisa que no incluye tanto aceite de oliva, pero sí frutas y verduras frescas y carnes blancas, como las del pescado y el pollo. Al igual que la mediterránea, contiene proteínas vegetales como frijoles, lentejas y garbanzos. Incluye lácteos descremados —bajos en grasas— y nueces y otras oleaginosas.

La recomendación para prevenir el hígado graso, e incluso revertir la enfermedad, es adoptar alguna de esas dos dietas o basarse en ambas para crear una similar en la que el uso de los productos locales frescos sea fundamental, así como la reducción de la ingesta de bebidas y productos ultraprocesados, comunes de encontrar en los supermercados y en los restaurantes de comida rápida.

“Hay que tratar de disminuir la cantidad de grasa en la dieta, pues, aunque es necesaria, en exceso es mala y se debe evitar el sedentarismo”, expresa la nutrióloga Ruiz Margáin.

Asegura que se ha visto que hay menor incidencia de hígado graso en la población que sigue la dieta mediterránea o la dash, y, cuando la enfermedad ya se presentó, adoptar estas dietas cambia el curso del padecimiento.

Manifiesta que cuando una persona tiene hígado graso se debe someter a una dieta personalizada, ya que, por ejemplo, sugerir que consuma pescados de agua fría, cuando vive en el centro del país o en una zona tropical, no es viable, pero sí puede encontrar otros productos frescos y naturales.

La nutrióloga ejemplifica que si se acostumbra comprar jugo de naranja en envase la sugerencia es comprar las naranjas y hacer la bebida en casa; asimismo, en lugar de ingerir algo frito, optar por pollo a la plancha.

En cuanto a los pescados, resalta que hay que elegir los frescos, y si son congelados pueden consumirse también siempre y cuando se trate de filete y no de pescados ya preparados, ya sea empanizados o con muchos añadidos, como conservadores, que no resultan beneficiosos para el organismo.

“Mientras más natural, mejor”, subraya la experta.

Destaca que cuando un producto tiene más de 10 ingredientes se considera ultraprocesado y es el tipo de alimento que hay que evitar.

Dietas que pueden causar más daño al sistema

La especialista considera que sí se cuenta con acceso a alimentos para llevar una dieta similar a la mediterránea o la dash en México, contrariamente a los regímenes alimenticios de moda, como el keto, que, afirma, hacen daño y son costosos.

Ruiz Margáin sabe que llevar una dieta y cambiar el estilo de vida no son fáciles, se requiere de tiempo y mucho esfuerzo, por eso los especialistas deben buscar la forma de ayudar al paciente para que le sea más fácil apegarse al régimen: “Para ello hay que comenzar por hacer cambios pequeños y luego modificar la dieta un poco más, no por completo, pues se trata de cambiar los hábitos alimenticios de por vida y no es una condena, sino que se trata de comer un poco mejor”.

La nutrióloga afirma que se llevan al cabo estudios científicos para desarrollar un fármaco que mejore las condiciones de los pacientes con hígado graso, pero aún no se tiene, y en cambio sí se ha demostrado la efectividad de la dieta y el ejercicio en la mejoría de las personas con esta enfermedad.

“Cambiando solo la dieta o solo haciendo ejercicio se han visto cambios importantes, pero en conjunto la dieta y el ejercicio son mucho más efectivos. Con estos cambios se logra revertir la cantidad de grasa e incluso la fibrosis, que es determinante en este padecimiento, ya que cuando el hígado solo está inflamado es posible que la enfermedad no progrese, pero cuando hay fibrosis hay un riesgo de progresión más severa que puede ocasionar cirrosis”, explica.

El ejercicio por sí solo, sobre todo el de tipo aeróbico, ayuda mucho, pues al practicarlo se utiliza mucha de la grasa que está circulando en el cuerpo y parte de los azúcares, se desinflama el cuerpo y se tiene un efecto antioxidante, todo ello ayuda a revertir grados completos de fibrosis: de 2 a 1, y de 1 a cero.

En algunos casos la mejoría empieza a notarse a los tres meses con la disminución de la grasa del hígado y del cuerpo en general, pero es después de los seis meses cuando ya es evidente que se revirtió la fibrosis o la esteatosis.

De acuerdo con datos proporcionados por la presidenta de la Asociación Mexicana de Hepatología, la doctora Laura Cisneros Garza, Yucatán ocupa el tercer lugar del país en mortalidad por cáncer de hígado, una de las enfermedades que pueden desarrollarse cuando se presenta el hígado graso.

La mortalidad en la entidad por ese padecimiento es de 7.24% por cada 100,000 habitantes, según un estudio a largo plazo realizado de 1998 a 2018.

La enfermedad por hígado graso afecta a cerca del 25% de la población en el mundo. No se conoce la causa del padecimiento, aunque, según estudios, es más común en personas que tienen diabetes tipo 2 y prediabetes, obesidad, altos niveles de lípidos en la sangre —colesterol y triglicéridos— o presión arterial alta; toman ciertos medicamentos, como los corticoides y algunas medicinas contra el cáncer; presentan ciertos trastornos metabólicos, incluyendo síndrome metabólico; pierden peso muy rápidamente; sufren ciertas infecciones, como la hepatitis C, y han estado expuestos a algunas toxinas.