Henry Martín

Henry Martín Mex

Gaspar Silveira Malaver

Henry Martín Mex tenía en el rostro las huellas del agotamiento luego de la fragorosa batalla que le permitió irse a los cuernos de la luna. El goleador yucateco, empero, no cambiaba para nada el estar ayer en la cálida Mérida.

La tierra de sus amores, la que no cambia por nada, dice, por mucho que le cambie el panorama. La famosa “circunstancia”, me dice, transformada a base de lucha y esfuerzo.

No imaginaba dormir tan poco. Menos luego del trajín que vivió ante los Lobos BUAP.

Pero era un día de descanso y se lo había propuesto: a casa a descansar, a ver a la familia. Aunque sea tan cansada la llegada. Así que tomó el primer vuelo y aquí está.

No sé cuánto dormí. Un par de horas. Algo así. Era difícil conciliar el sueño luego de lo de anoche.

Ha girado el mundo contigo. Y muy distante de un punto a otro

La vida así es. Pero el sueño sigue siendo el mismo: quiero jugar un Mundial y el de este año puede ser la gran oportunidad de mi vida.

¿Cómo has tomado todo esto. Esta rueda de la fortuna?

Yo creo que cuando uno se dedica con todo y trabaja duro siempre tiene una recompensa.

Cuéntanos… Tres goles en Primera División.

Pues a veces uno mismo se sorprende. Pero te digo: es parte de una lucha, de un deseo de hacer bien las cosas.

¿En América es distinto?

Hay mas reflectores. Es un equipo que ya sabes, de tradición, que tiene muchos seguidores y muchos enemigos. Y pues no tienes la misma difusión América que en otro equipo.

Y de Tijuana a América… Igual se habló de Chivas…

Muchas cosas pasaron. Pero aquí estoy. Tratando de hacer mi historia en el América.

Una historia grande, sin duda.

Estoy muy contento por todo lo que estoy viviendo, pero esto es apenas el principio. Tengo que seguir trabajando muy fuerte. Aquí no es sólo llegar. Hay que consolidarse. Y eso quiero hacer.

Jugar con gente como Oribe Peralta, a quien consideras tu ídolo. En un equipo grande. ¿Esa es la gran diferencia?

Sí. Es otra cosa. Pero para mí no cambia. Quiero seguir siendo el mismo de siempre.

Pero de aquel chico que comenzó con el Club Soccer al que jugó con los Venados y pasó a Primera división ¿sin duda ha cambiado algo o no?

Pues lo que cambia es que tienes que ser más profesional. Es un compromiso más fuerte.

Dar contigo para nosotros los medios yucatecos ya se volvió algo más complicado.

Sí. Y no es pesadez. Si no que en las redes (sociales) es un bombardeo. Llegan mensajes y mensajes. Honestamente ahora lo maneja todo una agencia porque si no, sería imposible poder con todo esto.

¿Más cerrado el mundo?

Es lógico que pase. Pero yo sigo viviendo en mi mundo, con los pies en la tierra. Doy gracias a mi familia que no me dejó cuando me lesioné. Eso es una motivación enorme. Porque sabes que cuentas con ellos.

Por eso la escapada fugaz a casa. Sin dormir prácticamente.

Tenía muchas ganas de estar aquí. Más con lo de anoche. Será una noche que recordaré siempre. Esos tres goles me cargaron mucho los ánimos.

¿Listo para volver a pelear por un sitio en el Tri?

Es mi sueño, lo sabes. Hemos hablado muchas veces de ello. Y pues a trabajar para cumplir las metas.

Y recordando: tu meta era ser profesional y ya lo hiciste. Estar en un equipo grande, igual. Y la Selección en el Mundial.

Es lo que todos queremos. Para eso trabajamos.

Ayer, vestido de negro, con pants, playera y gorra, con gafas que evitaban algo de lo cansado que se veía, pero contento, fue el invitado de honor en la premiación del Triatlón de Mérida. Muchos pasaron en sus narices y ni le reconocieron. Incluso medios de comunicación que luego presumieron la “exclusiva”.

Con el Diario, que le dio amplia difusión a su trayectoria desde que era el niño de la familia Martín Mex hasta su irrupción con los Venados de Ricardo Valiño, recordamos uno de los especiales que hicimos con él sobre la valiosa herramienta que es el estudio profesional.

“¿Te acuerdas? Mi maqueta del puente que hice en la Facultad. Cuánto ha pasado”, dijo.

Ahora su herramienta es el cuerpo y los pies que le permiten hacer goles. Esos que te encumbran y cuando no caen, te pueden incluso enterrar. Eso sí, esperaba descansar muy bien en casa antes de volver a la carga mañana a primera hora.

“Estoy feliz Gaspar. Tú sabes lo que ha costado. Gracias a Dios por darme tanto”.

 

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