Rezos y fe entre tiburones: Carlos Franco está orgulloso

Carlos Franco, orgulloso en una gesta yucateca

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Carlos Franco, orgulloso en una gesta yucateca

Acordamos con Carlos Franco Cantón que sería hasta el miércoles cuando nos contaría con lujo de detalles su travesía rumbo a la Triple Corona. El agotamiento obligaba a descansar.

Pero simplemente no podía conciliar el sueño, envuelto en una amalgama de sensaciones. Tomó el teléfono y llamó al Diario desde Long Beach, California, donde a eso de la 1 de la tarde había conseguido la tercera gema de la Triple Corona de nado en aguas abiertas.

“Estoy físicamente agotado, molido, jo... si puede decirse, pero contento, orgulloso de poder alcanzar esta meta. El cuerpo extenuado, pero el corazón feliz porque le cumplí a los que confiaron en mí”, dijo el nadador. No era para menos: es el primer nadador del Sureste del país que corona el mayor de los retos en aguas abiertas, apenas el mexicano 13 en lograrlo.

La odisea comenzada a los 40 minutos del martes, concluida 12 horas y 20 minutos después, estuvo dentro de lo planeado. “Podría decirse que así fue. Pero uno sabe que en el camino podrá encontrarse muchas cosas. No lo vi, pero hasta un bicho apareció en el camino”, expresó, refiriéndose a un tiburón, algo “normal” en esa zona de aguas del Pacífico.

“Lo vieron, pero no me dijeron. Igual me habré topado con medusas, tengo quemado un brazo, me duele mucho. Pero pasará el dolor, esto así es”.

Los 34.217 kilómetros que nadó desde Catalina hasta Long Beach le dejaron desgastes impresionantes. “¿Pero sabes? Hay Carlos Franco para rato. Estoy muy orgulloso de haber logrado esto, de tener la Triple Corona, que considero un logro de todos los yucatecos, todos aquellos que confiaron en mí, y eso propició que siguiera adelante a pesar de las dificultades que hubo”.

¿Pensaste en rajarte en algún momento?, le preguntamos en la charla.

“Sí, definitivamente que sí, lo admito. Pero me serené, recé el Padre Nuestro varias veces, en todo momento. Tuve mucha fe, siempre he tenido fe. Recordé a mi familia, mi esposa, mis hijas, todos ustedes que me han apoyado en el Diario, a todos. Y a Dios gracias, a la Virgen, llegamos a feliz final. De verdad, no tengo palabras para describir lo que siento”.

Cerca de las 7 de la noche de Mérida, se prometió a sí mismo intentar dormir. Pero insistía en que las sensaciones, mucho más que los dolores físicos, eran tan grandes, que difícilmente podría conciliar el sueño. Ironías, porque es un hombre que, precisamente por soñador, está donde está hoy en día: entre lo más destacado de la rica historia del deporte yucateco. Luego nos contaría más de esta hazaña, que vaya que tiene para contarnos.