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Una corrida poco brillante se salva por la emotividad

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Una de las más sólidas ovaciones, la más sincera tal vez, fue para el sobresaliente de una de las tardes estrella de la Feria de San Isidro.

En un festejo que solo a ratos tuvo momentos de lucidez, Alejandro Talavante se llevó la solitaria oreja de una corrida de “no hay billetes”, ayer en la Plaza de Las Ventas de Madrid.

La reaparición de Talavante fue uno de los factores principales de que el coso de la calle de Alcalá se llene al tope, pero el mano a mano con Juan Ortega no respondió mucho. Al menos no lo esperado.

A los diestros, tras el paseíllo, los llamaron a saludar al tercio. Pero también sacaron a las líneas blancas al sobresaliente, y con mucha fuerza. Así, no tuvo más remedio Álvaro de la Calle que desmonterarse para agradecer la cálida ovación.

Y desde antes fue que a De la Calle le ganaron las emociones. Pues fue en la calle aledaña a Las Ventas donde le vieron los aficionados caminar llevando de la mano a su hija y, como reporta mundotoro.com, no dudaron en pedirle fotos y algún autógrafo.

No le olvidan su gesta de Domingo de Ramos, cuando sustituyó al lesionado Emilio de Justo y mató los seis toros de la encerrona.

Ayer, afortunadamente, no tuvo necesidad de aparecer. Los dos diestros terminaron de pie.

Talavante cortó la oreja de su segundo enemigo y Ortega fue silenciado en sus tres ejemplares, llegados de las dehesas de Jandilla. Una corrida que pudo dar más, pero que tuvo su momento mágico con el público conectando con de la Calle.— EFE