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El adiós de un torero querido

El “Niño de la Capea” regresa para irse otra vez

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Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea” no solo se vistió de luces para cumplir un trámite. Quería torear y lo hizo a la altura de una corrida que será recordada.

Y al final de una tarde triunfal en Guinejo, Salamanca, cerca de donde nació, y donde cortó un rabo, sus hijos y nietos, le cortaron la coleta. Minutos después, se fue en hombros por una retahíla de reconocidos toreros, entre ellos “El Juli”, que le cargó a la salida de la abarrotada placita. El mayor de los reconocimientos: apreciado y querido siempre.

La ocasión sirvió para conmemorar que cumplía cincuenta años de su alternativa. Aceptó volver vestido de luces, y se preparó para torear. Ante toros de su ganadería, dejó constancia de su toreo.— Gaspar Silveira