Deportes

La suerte del descabello

Arte que Roberto Domínguez llevó a la perfección
jueves, 4 de agosto de 2022 · 02:38

Amigos aficionados...

Comentaba Roberto Domínguez en el callejón de la Plaza Mérida (llegó en abril como apoderado de Roca Rey) que los cánones del toreo están siempre en la primera línea cuando se trata de defender a la Fiesta.

Roberto Domínguez, matador de primera línea originario de Valladolid, era conocido y es recordado particularmente por ser un ejecutor de la suerte del descabello. Nadie como él en ese punto que es “extra” porque sucede después de que el matador va con la estocada.

Es un recurso para acabar con el astado cuando tarda en caer. Ver a Roberto usar el verduguillo (así se conoce a la espada especial para ese momento) era todo un lujo, e incluso los críticos le llamaron el “arte del descabello” cuando él llegaba a esa situación.

Pero no nos referimos a eso solamente por hablar de Roberto Domínguez, sino en sus palabras sobre la tauromaquia. Atesora mucha solera en sus conceptos, antiguos o tradicionales, como de los que se van viviendo en los tiempos recientes.

El toreo, decía, se debe de respetar en toda la extensión de la palabra. Al torero se le debe vestir como tal, con elegancia, sin excesos. El aficionado debe en todo caso tratar de documentarse para conocer los principios básicos de la tauromaquia y no ir simplemente como focas a aplaudir por aplaudir. El empresario debe ser cuidadoso en todo lo que concierne a hacer una corrida de toros, cumpliendo reglamentos, pagando lo justo; la autoridad, para hacer que lo escrito se cumpla y lo que es de visual y criterio, se aplicado por personas capaces.

Si vamos a una plaza con cinco mil o con cincuenta mil, da lo mismo si el toreo va de la “a la z”.

Quizá uno de los rigores más clásicos del toreo es en la imagen que da. Hay toreros que van de oro y su elegancia es grandiosa, otros que, de plata o cabos negros, con sobriedad que enchina la piel solo de verlos en la arena. Así con los subalternos y sus elegantes ternos o trajes, los picadores con su sombrero de castoreño, y los monosabios propiamente vestidos. Al torero se le quiere por elegante en su ajuar, el caminar garboso.

Así el orden de las cosas en los toros. Así para defender la tauromaquia.

Una charla de banqueta con Armando Gutiérrez, que fue el primer mozo de espadas de “El Juli” corrobora lo que Roberto Domínguez dice: “El torero tiene que ser imagen de elegancia. Verán ahora a Julián salir al ruedo”. Toreaba el de Velilla minutos después en Las Ventas y claro que fue eso, un portento de elegancia con un terno azul y oro.

Y si se torea como se es, el lujo es mayor.

Otras Noticias