Amigos aficionados…
Si ha pasado más de un siglo desde que Ernest Hemingway comenzó su andar por Pamplona y los famosos sanfermines siguen vigentes, más vivos que nunca, eso indica que, pasarán años y tal vez siglos, y la fiesta de los toros se mantendrá.
Hemingway inmortalizó con sus letras la Feria de San Fermín, y, casi por los mimos años, otro grande de las letras, Federico García Lorca, dejó su manifiesto rotundo por la tauromaquia: “Los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo”.
Pudimos ver en estos días, gracias a la magia de la tecnología, todo lo que se vivió en las calles y la plaza de Pamplona, desde los famosos encierros que van de los corrales al ruedo de la calle de la Misericordia, hasta la lidia de cada toro durante diez días.
Y, sacando conclusiones, se va otra gran feria con casi todas sus festividades taurinas con lleno en los tendidos. Valencia, Sevilla, Madrid y ahora Pamplona. Lo de San Fermín, claro, es una verdadera locura. Imposible conseguir una entrada a menos que se tenga mucho dinero, como imposible debe ser concentrarse a torear entre tanto bullicio en los tendidos llenos de alcohol, viandas, ruido y música. Debe ser una odisea eso de pararse ante un toro mientras escuchas a todos cantar “El Rey”, de José Alfredo Jiménez, y “La Chica Ye Ye”, de Concha Velasco.
Se fue la feria de 2024 y queda algo muy claro: dos jóvenes toreros latinoamericanos tienen la sartén por el mango. Roca Rey, peruano, ya consolidado como la gran figura mundial, y Jesús Enrique Colombo, que se metió a la idolatría con su segundo triunfo ante los miuras. Roca Rey, con la crema y nata del toreo y la sociedad, y Colombo con las más duras de todas las corridas, que casi nadie se atreve a torear.
Ah, y México no sólo tuvo presencia por “El Rey” y el toro que mató Isaac Fonseca. En la penúltima tarde, se lanzó al ruedo como espontáneo Jorge de Jesús “El Glison”, hijo del matador de toros mexicano del mismo nombre. Saltó al ruedo al finalizar la lidia del cuarto de la tarde con una pancarta que ponía su nombre, exigiendo una oportunidad para torear. El día que lo hizo, en la Plaza México se realizaba la primera “pamplonada”. Difícil eso de pedir una oportunidad como espontáneo. La lista es larguísima y con muchas aristas, cada una distinta, según los casos. Y todas serán tomadas como una forma de violentar el espectáculo, aunque sean razones positivas.
“¡Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín!”, se escuchó en los primeros segundos del lunes 15 de julio, entre velas y faroles. Ya falta menos, claro, para volver a la más universal de las fiestas. Gaspar Silveira Malaver
