Henry Ramos (14) es felicitado tras un jonrón, de lo poco bueno de los Leones anoche en el primero de la serie ante Tabasco, en el Kukulcán
Henry Ramos (14) es felicitado tras un jonrón, de lo poco bueno de los Leones anoche en el primero de la serie ante Tabasco, en el Kukulcán

¡Y que viva la fiesta!

Los Leones volvieron a perder, pero vaya pachangón que se armó anoche en el Kukulcán, luego de la más reciente derrota de las fieras. El nuevo mánager, que tiene tres anillos de Serie Mundial en sus alforjas, dijo ayer que “no vine a perder”, pero vaya que Hensey Meulens tendrá trabajo extra si quiere que los melenudos, al menos, superen este desastroso paso que llevan. O verá más noches como las dos recientes.

Por equis o por ye, volvieron a perder. Los Olmecas de Tabasco, que estaban por las nubes cuando se enfrentaron por primera vez este año a los Leones, los volvieron a vencer, 6-2, en el primer choque de la serie en el Kukulcán. Todos los clubes toman rachas, batean, corren, pitchean. ¿Por qué los Leones no?

El boxscore reportó 8,852 personas en su asistencia. Muchos, tristes, se fueron antes del out 27. Otros bajaron a la fiesta en el diamante, la noche vaquera. Es el show que da el béisbol ahora. Y mientras, el equipo se desgarita: 17 derrotas en los últimos 20 partidos, en el sótano del Sur. El jueves no ganaron porque falló su relevo final y porque se fueron de 18-3 con corredores en posición anotadora. Lo dicen las estadísticas. El viernes la derrota fue porque no batearon: siete hits, tres dejados en base, y porque el relevo de Miguel Castro fue un desastre en la séptima, al tolerar cuatro registros, tres por jonrón de Seth Beer. Meulens dijo que deben seguir bateando para ganar. Igual deben mejorar en la loma, en la concentración.

Ya dieron de baja a Edwin Ríos por pálido rendimiento ofensivo. Pero, ¿y los demás que no están respondiendo? Luego de 31 partidos, extranjeros que batean .192 (Estevan Florial) y .210 (Erik González), ¿tendrían cabida en calidad de refuerzos? Hay jugadores que sobran y otros que lloran por dejarse ver, pero están en el banco. Y no por ser extranjeros son mejores que los paisanos.

El juego de altibajos llegó 2-2 tras seis actos, y en la séptima llegó la debacle, con el titubeante relevo de Castro, uno de los ex de MLB que no han terminado de estirarse como tales en la cueva. El jonrón de Beer fue un baño de agua helada.

Que el del sábado sea un resultado distinto en el terreno de juego. Luego, total, habrá esa fiesta que parece interesar más que la esencia de la Liga Mexicana: el juego de pelota.— Gaspar Silveira

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