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Agridulce sabor olímpico: unos Juegos marcados por la tragedia

Jesús Conde Medina, pesista yucateco que compitió en los Juegos Olímpicos de 1972
Jesús Conde Medina, con la imagen, desde su teléfono, de los Juegos Olímpicos de Múnich 72, en los que participó en halterofilia

A Jesús Conde Medina la mayoría le conoce hoy en día por estar en su barrera de sol cada domingo de toros en la Plaza Mérida y por su contribución a la crianza de ganado en su papel de médico veterinario.

Pero en su mente siempre anda, aunque sin apasionamientos, la expresión “Múnich 72”.

Fue parte de la delegación mexicana que compitió en los Juegos Olímpicos alemanes, uno de dos pesistas yucatecos en la justa. Eliminado en la halterofilia, le tocó vivir uno de los momentos más cruentos en la historia de una Olimpíada: la matanza de deportistas israelíes a manos de terroristas palestinos.

“Fue a unos metros, el edificio de enfrente, donde ocurrió todo. Una calle nos separaba. Se murieron muchos, incluso pesistas. Los conocíamos. Fue algo terrible”.

Revisamos una lista que, días antes nos había compartido su compañero de delegación y deporte Miguel Medina Gutiérrez y, rápido, identifica a uno en la tabla: Zeev Friedman, de Israel.

“Él fue uno de los que fallecieron”.

"Las circunstancias me pusieron allí"

Hubo tantas cosas en juego en aquella tragedia de la madrugada del 5 de septiembre de 1972 en Múnich que, aunque ya casi van 50 años de distancia, difícilmente se podrían olvidar.

Jesús Conde Medina no se siente un apasionado como para recordar su pasado en el deporte, pero es de los que creen que, en su momento, la vida pone a cada uno donde debe de estar. “Las circunstancias me pusieron allí. Fui pesista en parte por mi hermano Luis (con quien comparte la pasión del toro bravo en la ganadería de “San Salvador”). Él era pesista, y era pesista de los buenos. Yo tenía una moto y lo acompañé una vez y fue en parte que pude ver lo que hacían y me quedé”.

Yucatecos que han participado en Juegos Olímpicos en levantamiento de pesas

Pero Jesús Conde tenía otras metas paralelas, como por ejemplo terminar la carrera de MVZ que estudiaba en la UNAM (generación 68-72).

“Digamos que fui pesista de medio tiempo porque estaba estudiando la carrera y estaba también en la selección. Tenía que repartirme entre los entrenamientos y luego irme a la universidad. Muchos de mis compañeros de escuela tenían que rifársela en serio para estudiar, irse a la biblioteca, hacer tareas. Tenía compañeros brillantes como estudiantes. Yo apenas tenía tiempo. Nos tocaron épocas en las que era muy complicado en todo. La escuela, los entrenamientos, las distancias de Ciudad de México. Tenía que tomar dos camiones para llegar del CDOM a la universidad a tiempo. Era una verdadera locura”.

Y otras dos personas fueron clave en su trayectoria de pesista, a los que agradece: Víctor Alayola Rosas, yucateco que fue entrenador de la selección mexicana en los Juegos de 1968 y los de 1972, que fue el que detectó sus cualidades, y al, general José de Jesús Clark Flores, que entonces tenía a su cargo todo lo relacionado con el reclutamiento de deportistas entre el servicio militar.

“Así se fue dando todo. Y pues llegamos a Múnich. Fue el final de la modalidad de pressing (sacada del programa olímpico). A mí me eliminaron en el tercer intento y adiós todo”.

Septiembre negro

Después de las competencias de su categoría vino la parte trágica que todo mundo recuerda de Múnich 72: “Salimos a pasear en la noche Miguel y yo. Regresamos ya tarde a la Villa Olímpica después de cenar y recorrer la zona, era la madrugada y nos metimos a dormir. En la mañana de pronto de manera abrupta entran las voluntarias a decirnos que tenemos que salir, sin decirnos por qué. Y comenzó rápido el éxodo. A los mexicanos que ya estábamos fuera en pesas y otros deportes nos trasladaron al aeropuerto. En el camino pudimos ver cosas raras: el edificio de enfrente, donde estaban los israelíes, se veía lleno de gente, había ambulancias, policías, soldados. Y camino al aeropuerto, vimos más: tanquetas, militares. Parecía una guerra. Nos preguntábamos: ¿qué pasará? Porque algo pasaba”.

También en la terminal aérea estaba todo sitiado y lleno de militares y gente de los servicios secretos porque allá se iba a entregar el helicóptero que pedían los secuestradores. Allá se acabó todo: no quedó ninguno vivo de los que fueron secuestrados ni los que lo hicieron”.

Portadas de Diario de Yucatán y del New York Times del 6 de septiembre de 1972, que dieron cuenta del atentado terrorista en los Juegos Olímpicos de Múnich-72

Todo eso pasó en un abrir y cerrar de ojos, dando un matiz de tragedia a una fiesta deportiva. El celebérrimo Septiembre Negro, como se conoció a ese acontecimiento.

A 49 años, el momento trágico lo recuerda el hoy consumado veterinario Jesús Conde Medina, cuyos trabajos en la inseminación artificial en el ganado ha sido reconocido, y que tiene en la cría de toros de lidia un referente en Yucatán. En el paraje “La Tuna”, en el entronque a Conkal desde la carretera Mérida-Motul, tiene lo que le roba las atenciones: su rancho y todo lo que gira en torno a la cría de ganado. Todo mundo le llama “ganadero”, con respeto y admiración.

“Antes de ir a Juegos Olímpicos no lo soñaba, te soy franco. Eran otros tiempos. Estaba enfocado en mi carrera y se dio esto de ser pesista, gracias a Víctor Alayola, también a Mario Sarzo Denis, gracias a Miguel (Medina) y a mi hermano, él era un buen pesista. ¿Pero sabes? Esto no es que lo haya soñado ayer o hace un mes… Me pasa que a veces sueño que estoy trabajando en los entrenamientos para dar el peso, para dar las marcas, como si me estuviera preparando para competir. Tienes razón. No puede uno dejar de recordar eso. Te deja marcado por muchas razones”.

Leer: Miguel Medina, el primer yucateco en clasificar a Juegos Olímpicos

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