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La magia de un perfecto toque de bola

Por Gaspar Silveira Malaver

 

 

Hay mil razones para ganar un bendito juego de béisbol. ¡Qué digo mil… Millones!

Pero en esta época en que todo está preparado, técnica y humanamente, para ganar con jonrones o batazos largos, con fuerza, tocar la bola es un sacrilegio para las nuevas formas en que se juega este deporte. Especialmente tocar bien y a la hora.

No sé si la Serie de Campeonato la ganarán los Astros de Houston. Lo que sí tengo bien claro es que Dusty Baker, su mánager, le dio una lección a un piloto novato, Kevin Cash, sobre cómo hacer eso en el momento clave. Cash pudo hacerlo la noche previa con el marcador empatado, luego de sacar a Zunino y meter a un corredor más veloz, sin out, pero no tocó la bola y Kiermaier se quedó estancado en primera. En la siguiente entrada, Houston ganó con jonrón de Carlos Correa.

Ayer, en el vital Juego 6, Cash hizo un atrevido cambio de lanzador con dos en base sin out, mandando a descansar a su astro Blake Snell. Olvide usted de a quién metió. Mejor hablemos de lo que siguió de inmediato: Baker ordenó toque de bola, una perfecta jugada ejecutada por Martín Maldonado, y luego Springer siguió con sencillo de dos carreras que desató la tragedia de las Rayas. Houston empató la batalla que llegó a tener en contra 3-0. Hoy podría emular al Boston de 2004 que remontó ante los Yanquis para ganar la Serie Mundial luego.

Tan mágico resultó ese momento porque los aficionados al béisbol añoraban ver algo así. No sabemos cuándo, en la era de los jonrones, nuestros ojos admirarán otra joya como la ordenada por Baker. Y si ganan hoy, ese toque valdrá por todos los jonrones del año.

 

 

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