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Brillaron jóvenes en la Copa Yucatán y hoy están en la élite del tenis

Dominic Thiem

Una vitrina de privilegio

Llegaron siendo unos adolescentes en busca de puntos para las listas juveniles. Al poco tiempo después, los vimos, los vemos, buscaron gloria y millones de dólares.

El escenario llamado la Copa Mundial Yucatán, o Mundial Juvenil Yucatán, ha permitido ver a una constelación de promesas del tenis a lo largo de sus más de tres décadas de historia. Luego se hicieron figuras grandes del deporte blanco.

Y ahora que se juega el Abierto de Estados Unidos, programado anualmente como el cuarto Grand Slam de la temporada, vienen a la memoria nombres que, años atrás, aparecieron en el “draw” de los fines de año en el Club Campestre con el torneo yucateco.

Desde sus primeros años hasta la fecha. Recuerden a Marcelo “Chino” Ríos y sus rabietas de número 1, lo mismo que otro chileno, Fernando González, y no se diga de Gustavo Kuerten. O Andy Roddick, quizá el más potente y todoterreno de los tenistas de la última generación. Más recientes, Marian Cilic o Bianca Andreescu, que fue la campeona del US Open en 2019.

No todos pudieron coronarse en la arcilla del Club Campestre, pues desde las épocas juveniles ya la batalla por la supremacía es feroz, pero resulta reconfortante y emotivo ver, como con Kuerten en Roland Garros, como a Bianca en Flushing Meadows, levantar los trofeos de los Grand Slam.

Del Campestre, en la Copa Yucatán, a la gloria, los objetivos se cumplen de diversas formas. “Es una larga suma de esfuerzos”, dijo alguna vez Jorge Robleda Moguel, precursor del torneo juvenil más importante de Latinoamérica, llevado ahora a ser uno de los nueve grandes del planeta bajo el formato de Mundial, trabajo ahora en manos de Jorge Haro Giffenig, su actual director general.

Aquí los vimos con cara de niños, en cancha dura o en arcilla. Pero crecieron y llegaron muy lejos en las canchas del mundo. Roddick, Baghdatis, Kuerten, Ríos, Del Potro, Thiem, Cilic, Barbara Srickova, Ana Ivanovic, Caroline Wozniacki, Madison Keys, Sloane Stephens. La historia se sigue escribiendo.— Gaspar Silveira

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