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Carlos Segovia: dueño de memorias de oro en el rey de los deportes

Carlos Segovia Castillo, indiscutible integrante de la legión de yucatecos que aman el béisbol
Carlos Segovia Castillo, indiscutible integrante de la legión de yucatecos que aman el béisbol (Foto de Ramón Celis)

A las 8:30 de la mañana de miércoles o viernes de cualquier semana, la liturgia que se ofrece en el campo del Ex Rastro es la misma que ha dado una especial vida a Carlos Segovia Castillo: practicar béisbol.

Siempre se lee o escucha a don Arturo Millet Molina señalar: “Es que somos muchos los que amamos el béisbol”. Don Carlitos Segovia es uno de ellos, de esos que, de verdad, aman a este espectacular deporte.

Destapó, literal, el frasco de las esencias de un romanticismo que le ha llevado a mantener, como un tesoro, los principales recortes de publicaciones, la mayoría de  Diario de Yucatán, en que su nombre ha sido señalado por la brillante trayectoria que dejó en sus mejores años en el béisbol.

Una bolsa de nailon en la mesa de centro de su casa en la calle 75, por el Ex Rastro, es señal inequívoca de que, además de presumirnos una foto original que data de 1962, quiere mostrar mucho más.

Se trata de la imagen que retrata al equipo yucateco que participó en los Juegos Deportivos Juveniles Nacionales realizados en San Luis Potosí.

De entrada, lamenta haber prestado y perdido uno de sus “libros tesoro”, titulado “Yucatán en torneos nacionales e internacionales de béisbol amateur”, una sabrosa recopilación que publicó en 1990 el desaparecido promotor Gabriel Zapata Cabañas “Naxón”.

Es una de muchas historias que se pueden desenterrar. De la memoria viva, de las cajas de recortes y revistas. “Esta es solo una bolsa… tiene cajas llenas de cosas de béisbol”, dice su compañera de aventuras doña Lupita Beh Cámara.

¡Cuántos personajes no aparecen en esas fotos!

La boda del ingeniero Wílbert Valle Acevedo, por ejemplo, posando con don Chucho Rejón, Ramiro Rubio, Pepe Améndola y Álvaro Abreu padre; en inauguraciones en cualquier campo donde haya jugado (“lancé en las inauguraciones de la Bojórquez, la Morelos, y muchas más”), entregas de trofeos y diplomas que ganó por montones, y a su lado siempre leyendas del juego: Wílliam Berzunza, Zacarías Auais, Chucho Rejón, Cuco Toledo, Ramón Bragaña, el inmortal Beto Ávila, el “Negro” Aguilar, los Comas, los Montañez, Leonel “El Coronel” Aldama, y más adelante con Ramiro Rubio “El Goliat”, con don Gustavo Ricalde Durán. Se nos estarán escapando muchos.

“Solo de recordarlo…”, intenta contar y se le entrecorta la voz mientras pasa la mano a fotos y recortes de periódicos. “Es mucho... demasiado todo este recuerdo”.

Colección de figuras destacadas

Carlos Segovia vio partidos en el Estadio Salvador Alvarado y también, siendo joven, jugó en ese escenario, igual que en La Inalámbrica, en el Parque Carta Clara, el “Sansón” Novelo de la Dolores Otero, que fue epicentro de sus mejores actuaciones como lanzador, así como en el Parque Kukulcán. Sus batallas épicas con rivales grandes como Serafín Rojas (ídolo, pero no conocido, por el autor de estas líneas), de los Electricistas del Suterm. Fue un guerrero auténtico con los Warrens de Paxín, cuyo dueño, Valerio Canto Badía, era también otro  enamorado del rey de los deportes en Yucatán.

Quizá lo más rico de esa sabrosa tertulia fue recordar nombres y más nombres y poder admirar su colección repleta de imágenes de figuras destacadas. De esas cajas extrajo un tambache de revistas que obsequió amablemente al reportero. Perfectamente guardada, en color, la portada de un Súper Hit de marzo de 1958 que muestra a Edric “León” Kellman, que fue figura de los Leones de esa época, y en otra, del 11 de octubre de 1969, en elegante blanco y negro, presenta un interesante reportaje con el que Segovia considera su referente, ídolo local: Wílliam Berzunza y los Ostioneros de Guaymas en el Pacífico.

“Wílliam tenía todo. Elegante swing para batear, muy buen primera base, pero, ¿sabe qué le distinguía? Era una gran persona, y todos lo querían”, comenta.

“Sparring” de los Leones de Yucatán

Puede presumir, sin dudarlo, que varias veces enfrentó a los Leones en juegos de pretemporada. Nos muestra un anuncio en que da cuenta que era parte del equipo que armaron los Jicameros de Maxcanú para enfrentarse a los melenudos en un partido de pretemporada el 5 de marzo de 1986.

¿Por qué es tan señalado el juego? Porque Carlos Segovia, entonces, tenía 42 años de edad.

 “A esa edad les pitchee a los Leones”, comenta. Vaya orgullo.

Fue, en 1965, ganador de la Triple Corona de pitcheo en la original Liga Meridana, circuito de muy alto nivel en que, jugando tres temporadas, compiló récord de 33-2 en ganados y perdidos.

La Selección Yucatán y la travesía de 1962

Carlos Segovia nos habla de una particularidad en su vasta trayectoria de casi siete décadas (fue beisbolista desde sus primeros años): no era propiamente lanzador, sino jardinero y jugaba infield.

La Selección Yucatán de los Nacionales Juveniles de Béisbol de San Luis, en 1962
El equipo yucateco de los Nacionales Juveniles de San Luis Potosí: Detrás, Agustín Méndez, Fernando Ávila, mánager Amado Maldonado, Tony Burgos, Carlos Segovia, Crescencio Park y Juan Chalé. Abajo, Ángel Castillo, Jorge Romero, Abelardo Mayor, Jesús Hernández, Gilberto Sabido y Prisciliano Couoh

Así lo narró “Naxón” Zapata en su libro sobre la travesía de 1962 a San Luis Potosí (su hijo, el doctor Gabriel Zapata Bello, nos hizo el favor de conseguir un ejemplar, que obsequiaremos a Segovia). Tomamos el apunte sobre el Nacional de San Luis Potosí: “Nuestro equipo representativo de béisbol asistió un poco ‘parchado’, viajando con solo 12 elementos, uniformes prestados. Se decidieron los muchachos y llegaron a la capital tunera… eran pocos, pero qué peloterazos”.

Efectivamente, Carlos Segovia no era lanzador en ese entonces (18 años de edad). Se destacaba por ser un extraordinario jardinero y gran bateador. El libro da cuenta del line up usado por el entonces mánager Amado Maldonado, otro incansable promotor, en toda la competencia: Carlos Segovia JC, Gilberto “Camarón” Sabido SS, Crescencio “Chencho” Park C, Jesús “Negro” Hernández JI, Tony Burgos 2B, Prisciliano Couoh JD, Juan Chalé 1B, Abelardo Mayor 3B, y los lanzadores Fernando Ávila, Agustín Méndez, Jorge Romero y Ángel Castillo.

Yucatán fue quinto lugar en el torneo, ganado por el anfitrión San Luis, en un Nacional cuya inauguración tuvo la presencia, ni más ni menos, que de Avery Brundage, entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, pues México para esos meses buscaba la sede de los Juegos de 1968, que finalmente consiguió.

El yucateco Carlos Segovia Castillo,  durante una práctica de béisbol en el campo del Ex Rastro, en Mérida
Carlos Segovia Castillo, en sesión de fotos para el Diario, durante una práctica de béisbol en el campo del Ex Rastro (Foto de Ramón Celis Perera)

Sobre el tema del Nacional, lo señalado en el libro es corroborado por Segovia Castillo. “No íbamos a ir, era complicado. Pero el ‘Primo’ Abraham nos dijo: ‘Primitos, consigo los pasajes para ir, y luego vemos la vuelta’. Y nos fuimos en tren, que entonces iba de Mérida a Coatzacoalcos, de allí tomamos autobús a México, y luego otro camión a San Luis Potosí. Una odisea. Ahora, todo es en avión, o en autobuses más cómodos en distancias más cortas”, señala.

“Llegamos y no pensaron que fuéramos a dar pelea porque éramos doce nada más, pero pusimos en alto el nombre de Yucatán”.

¿Pudo llegar Carlos Segovia a la Liga Mexicana?

“Decían que sí. Muchos que me vieron lanzar me decían que podía intentarlo. Pero pasó que para mis mejores años Yucatán no tenía equipo de Liga Mexicana y pues a veces ibas y te regresabas porque había que conseguir dinero para comer. Y eso no es fácil”.

“Pero mira cuántas cosas me ha dejado el béisbol. Cuántos amigos, muchos ya se fueron, pero los que seguimos, recordamos con cariño esa gran época. Yo solo te quería mostrar la foto original de San Luis. Y mira cuánto platicamos”.

Oro puro para quienes aman el béisbol, que, de nombres y héroes, tiene para escribir libros y más libros.

No cabe duda de ello. La gran cantidad de nombres que mencionó al repasar sus fotos dan cuenta de la riqueza de su archivo personal y sentimental.

El expítcher Carlos Segovia Castillo con algunos de los amigos con los que rinde honores al rey de los deportes cada miércoles y viernes en el campo del Ex Rastro (Foto de Ramón Celis Perera)

La cita siguiente era una sesión mañanera de entrenamiento en el campo del Ex Rastro, donde entrena con un grupo de amigos de edades diversas los miércoles y los viernes. Sueltan el brazo, algunos corren, hacen “peper game” y se entretienen muchas veces contando sus anécdotas, disfrutando de lo atesorado con años y años de béisbol. Eso que no se vende ni se compraría con todo el oro del mundo.

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