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Cronistas de ayer y hoy

Misión y responsabilidad

"El periodista debe enseñar. Es su función"
Luis Ramírez Carrillo



El 22 de febrero se ha ganado un lugar especial  en mi calendario. Todos los días, me supongo, deben de ser como ese, en el papel que desempeño como reportero del Diario de Yucatán.

Hoy conmemoramos el Día  del Cronista Deportivo y nuestro homenaje, paradojas del destino, siempre es para recordar a los compañeros de esta profesión que se nos adelantaron en el camino al que todos iremos algún día. Resulta emotivo cuando lees las reseñas de los que ya no están en el mundo de los mortales.

Todos en su trinchera hicieron algo para la causa de la difusión de las informaciones, algunos más que otros. Algunos fueron verdaderos maestros en la crónica y enseñaban con cada ocasión que tenían de llegar a sus usuarios. Porque eso es lo que debe verse de esta función en el papel del periodista-reportero-cronista: enseñar.

Enseñar a los lectores de periódicos y redes sociales. Enseñar a los que escuchan en radio. Enseñar a los que te ven en televisión o en cualquier plataforma y redes sociales.

Los tiempos son distintos a los que me enamoraron de esto que hoy me permite comer a mí y a mi familia. Cuando comenzamos en este andar, había en el medio tres periódicos, la radio y la televisión. Éramos todos la fuente de información. La gente se enteraba por medio nuestro del acontecimiento. Muchos miles esperando temprano para leer en los impresos, o ver los noticiarios de la tarde o los de la noche. Religiosamente así  era, y nos formamos una cultura especial.

Acuñamos muchos aprendizajes de los que firmaban las notas de los juegos o de los grandes eventos.
Leer era una asignatura que teníamos que llevar desde niños. Y los periódicos eran, o son para miles todavía  en la vorágine de las comunicaciones multimedia, el referente de la vida cotidiana. Lo mismo los respetados reporteros que salían a cuadro dando las noticias en el lugar de los hechos o los locutores de radio que se llevaban cursos para obtener una licencia para poder ejercer.

Culturalmente hombres preparados. En todo. Como escribían leían y hablaban. Unir ese talento hoy casi desaparecido y milagroso, era antes una obligación. Todo comunicador tenía que llevar la bandera alta. Recuerdo mis primeros días en el Diario con periodistas de la talla del difunto don Démer Peraza Pacheco, el ingeniero Gaspar López, el Lic. Jorge Muñoz Menéndez, don Martiniano Alcocer y otros de intachable cultura y maestros en el uso del castellano y las reglas de gramática. Un acento mal usado era imperdonable, un error de dedo, ni se diga. Pero un error de concepto resultaba tan grave que a quien los cometía que pudieron ameritar una buena ración de observaciones.


A eso hizo referencia el destacado sociólogo Luis Ramírez Carrillo en un momento de la ceremonia en la Avenida del Cronista Deportivo en Ciudad  Caucel. Él acudió en nombre de su padre, don Luis Ramírez  Aznar, un respetado y muy bien preparado cronista a quien le debíamos una placa en ese que es como nuestro "Monument Park" hablando de cronistas.

Los cronistas eran otra cosa, me dijo. Y nos pusimos a desgranar historias y contadores de esas historias, que en eso se convierten a final de cuentas los cronistas de cualquier ámbito. Y lo que cuentas debes contarlo bien, con clase y dejando constancia de profesionalismo. Lo que llevas al usuario (considerando que ahora son lectores, radioescuchas y usuarios de televisión y redes sociales) así  debe de ser, con cultura, profesionalismo y valores.

Los tiempos han cambiado. La tecnología multiplica las formas de comunicación y por tanto aumentan los medios, florecen portales, crecen como gremmlins los comunicadores y son muchas las opciones para enterarte de la noticia y de poder leer una reseña o una crónica. Pero también crece la cultura de la rapidez. Y, al haber tantos medios, o tantas opciones de comunicación, se lee menos, se escucha menos. Y, si fuera poco, se escribe menos y con menor cuidado, haciendo de lado la riqueza del idioma de Cervantes. Importa poco si está bien o mal escrito.  Importa poco si cuando  estamos frente al micrófono o salimos a cuadro hablamos sin el menor de los cuidados a las reglas gramaticales.

¿Cómo hacían antes quienes tenían que llegar a sus periódicos, por ejemplo, después de un juego de béisbol o una función de box, y teclear larguísimas reseñas desde las máquinas de escribir? Y con excelente contenido, documentado y en fluido texto. Juan Brea, Mateo Rueda, don Délmer, don Gaspar. Bien y a la primera. Y en otros medios, sucedía  igual.

Las etiquetas, antes un lujo y elegancia, eran un valor especial en quienes escribían o hablaban. Hoy sirven para señalar o agrupar personas.

Nunca las épocas serán iguales una a otra. Son tiempos diferentes. Lo que no debe cambiar nunca es el concepto y la función de quien se llama o considera cronista. Los principios son y serán los mismos: contar, relatar, transmitir y, con la suma de todo, o al menos un poco de todo, enseñar. Para ello había que aprende antes. Y es también una regla que no cambia: prepararse.

No había el "me lo corrigen". Lo corregías. O "ah..., no pasa nada". Claro que pasaba algo. Había un compromiso con los lectores y usuarios. Eso debe ser perpetuo y sagrado en esta profesión.- Mérida, Yucatán

Conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador