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El cetro mundial, la meta de Jéssica

Foto: Megamedia

Férreo trabajo de la boxeadora yucateca camino al sueño

Entra uno al gimnasio y parece territorio exclusivo de varones.

En el fondo, junto a una punching bag, frente al espejo, destacan los guantes rosa de una boxeadora. Es Jéssica Basulto. En el pugilismo se le conoce como la “Tanquecita”, pues es hermana de Dídier “Tanquecito” Basulto, que llegó a ser considerado promesa del boxeo yucateco.

“Yo quiero ser campeona del mundo. Eso es lo que pretendo”, asegura la joven preparatoriana de 20 años de edad, curtida en el boxeo casi desde que nació, pues desde su abuelo, en casa se practica el boxeo.

Yucatán ha sido desde siempre una cuna de grandes exponentes de la fistiana. Campeones mundiales por todos lados, en distintas épocas, y otros que aunque no llegaron al trono universal, se rifaron el físico y llegaron lejos.

Jéssica quiere ser como ellos. También quiere llegar a donde estuvo su referente en el boxeo femenil, Jackie Nava, y quizá hasta donde se posicionó su ídolo varonil, Manny Pacquiao.

Habla de lo difícil que es el boxeo. Lo reconoce, pero admite que “cualquiera puede venir a aprender, y luego a seguir caminando si le gusta”.

E igual reconoce algo muy suyo: la feminidad ante todas las cosas. “Soy una mujer normal, me gusta vestirme bien, me gustan la música, los amigos, los muchachos, por supuesto. Así que ser boxeadora no es algo que espante. Solamente que, para querer lo que quiero, pues sí hay que tener… y muchos”.

Mañana tendrá una gran oportunidad de seguir por ese sendero, cuando se enfrente a la “Sicaria” Pérez, en una función pactada en Arena 35.

Y se sincera: “Tengo que salir a mostrar mi mejor boxeo para agradecer esta oportunidad y que me sigan viendo pelear”.

“De verdad… Sueño con ser campeona del mundo”, dice, mientras se arregla el cabello frente al espejo en “Balukas Team”.

Y, también, sueña con trascender como mujer cuando baje del ring.

“Es el pan nuestro de cada día”

Apoyo familiar y del gimnasio para Jéssica Basulto

Si el abuelo fue boxeador, igual que el padre y el hermano mayor, a nadie sorprendió que una de las niñas de la casa decidiera tomar los guantes y aguantar los golpes en una pelea.

Por eso Jéssica Basulto Salazar recibió el respaldo de su casa cuando les dijo a sus padres que, de plano, quería ser boxeadora profesional.

“Para nosotros es el pan nuestro de cada día”, dice su padre, Carlos Adrián Basulto Carrillo, quien colabora en el gimnasio donde entrenan Jéssica y una veintena de jóvenes y adultos que trabajan, ya sea para competir o simplemente para estar en forma.

“A toda la familia desde siempre le ha gustado el boxeo”, agrega.

El apoyo de casa es clave. “Porque a veces desde allí empiezan las complicaciones”, dice Abraham Falcón, quien dirige la carrera de Jéssica y está consciente de las responsabilidades que conlleva trabajar con una mujer, y más por las aspiraciones que la “Tanquecita” Basulto tiene.

Todos en el “gym” la respetan igual como tratan a las mujeres que allí trabajan o han trabajado. No son muchas, pero, como comenta Jéssica, “esperemos que pronto vengan más y vaya creciendo el boxeo femenil. Que vean que no es dejar de ser mujer para estar en el ring, somos mujeres tal vez un poco especiales”.

La expresión del padre de Jéssica va agregada al tabú machista, y feminista igual. Porque hay muchos hombres y muchas mujeres que creen que el boxeo no está hecho para las damas.

“Es cuestión de que tengas conocimiento de lo que va a hacer tu hija. Si le gusta, tenemos que apoyar”, agrega Basulto Salazar.

El deporte femenil ha crecido a pasos agigantados en muchas disciplinas. El boxeo fue de los que levantó la mano a últimas fechas en lo que a profesionalización se refiere y vaya que ha merecido la pena, pues luego se abrieron puertas en artes marciales especialmente.

Jéssica cumplió una intensa sesión de entrenamientos y, como “mujer normal que soy” (nos dice varias veces), se arregló el cabello, tomó su bolso naranja y emprendió la salida, a un día del pesaje para la pelea de mañana. Allí se quedaron muchos varones que tienen el mismo sueño: la grandeza del boxeo.— Gaspar Silveira Malaver

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