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El derrumbe de un mito

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“Pipino” Cuevas, a 40 años de su derrota en Detroit

La fecha está marcada como una de las más tristes del deporte mexicano.

Nos referimos al 2 de agosto de 1980, como hoy, hace cuarenta años. Y fue porque perdió uno de los campeones mundiales de boxeo más sólidos de la época, ante una de las figuras nacientes. Thomas Hearns hizo pedazos en solo dos rounds a José “Pipino” Cuevas, ídolo mexicano, en la “Joe Louis” Arena de Detroit, la casa del espigado peleador apodado “La Cobra”.

Pude preguntarle un día a “Pipino” qué había pasado aquel sábado 2 de agosto. Cuevas representa para el que esto escribe el primer personaje admirado en los deportes, mucho muy admirado, y saberse frente a la persona que robó esas primeras impresiones, casi cuatro décadas después, representó más que un sueño, a la vez que una sensación de tristeza robarle esa pregunta que muchos mexicanos queremos hacer siempre a las personas que nos representan en cualquier escenario.

Una mañana de mayo de 2018 me puse entre Carlos Zárate, “El Cañas”, y “Pipino”, como si fuera el niño que en 1980 había llorado por la aplastante derrota ante Hearns. “No solo tú. Decepcioné a miles, a millones. No pude hacer llevar el plan de pelea que hicimos”, respondió el nacido en Hidalgo durante un evento en Mérida.

Baltasar Magaña, zapatero que vivía en su taller junto a donde nosotros vivimos algunos años en Tixkokob, era fanático del boxeo y tenía televisor. Me decía que “Pipino” era el mejor. Y que por allá iba Gabriel Bernal. Mi tío Juan Malaver, que era igual súper fan de los deportes, era otro que admiraba a “Pipino”.

Cuevas era el mejor campeón welter de entonces, en un lapso en que esa división y las cercanas se poblaron con muchos de los mejores peleadores de todos los tiempos. Hearns se unió a ellos desde ese día, con Marvin Heagler, Sugar Ray Leonard, Roberto “Manos de Piedra” Durán.

Hizo once defensas de la corona de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), que para entonces tenía un valor enorme. Se proclamó monarca universal antes de los 20 años venciendo en Mexicali a Ángel “Cholo” Espada, un puertorriqueño tres veces campeón, en solo tres asaltos, y comenzó una estela de triunfos impresionantes. Uno de sus mayores logros, por lo aparatoso del combate, fue el que obtuvo ante el argentino Miguel Ángel Campanino en el Toreo de Cuatro Caminos. Al pampero, que llegó a la pelea con impresionante récord de 84-4 y 32 triunfos seguidos, lo vapuleó en solo dos asaltos. El apoderado del argentino, Miguel Ángel Lecture, fue sorprendido tanto como su peleador: “Nunca había visto que con un solo golpe se noqueara a un boxeador tan capacitado como Campanino”, explicó.

Y así fue subiendo “Pipino”, ejerciendo una férrea dictadura en la división de los welters de la AMB, noqueando a diez de sus rivales; solo Randy Shields le llegó a los 15 asaltos.

Hearns iba invicto en 27 peleas y aventajaba a Cuevas en estatura y alcance. Sin embargo, el mexicano había vencido a rivales de cualquier catadura y se pensaba que podría poner fuera de combate a “La Cobra”.

Era la ilusión de un niño de nueve años, que ahora les escribe rondando la media centuria. Y muchos mexicanos lloraron, o lloramos. El viejo aparato de radio de mis abuelitos nos permitió seguirla. Lo colgábamos, lo poníamos de un lado o del otro porque fallaba la señal. Y tardamos más acomodándonos entre leña y tortillas de panuchos de la venta de nuestros “jefes grandes”, que en disfrutar una pelea que resultó una tragedia nacional. Al escribir estas líneas me hice “valiente” y vi el vídeo de la pelea (no acostumbro ver repeticiones cuando pierden mis equipos o mis boxeadores o les va mal a mis toreros). No tengo duda que “Pipino” no pudo hacer nada porque “La Cobra” salió con todo su veneno a atacar al mexicano.

Ataque fulminante

El primer round fue un dominio claro de Hearns y en el segundo, simplemente lo masacró. Una reseña que encontré dice sobre el segundo asalto: “Ya cerca del final, Hearns colocó en la mira a ‘Pipino’ en el centro del ring y lo fusiló con un trallazo con la derecha que pareció un rayo. ‘Pipino’ se estremeció de pies a cabeza, como electrocutado, y quedó suspendido en el aire por fracciones de segundo. Mientras el mexicano flotaba semiinconsciente, Hearns rearmó su derecha y la repitió, esta vez sobre la sien, en la izquierda. ‘Pipino’ cayó de frente con la cara sobre la lona. A duras penas se recuperó, pero su entrenador, Lupe Sánchez, entró al ring declarando la rendición al réferi Stanley Christodoulou”.

Así de impactante fue aquella jornada trágica para el boxeo mexicano.

Al día siguiente, la habitual intención infantil de ir por el Diario antes que todos, quedó en una obligación, de ir, pero no querer ver. Solo recuerdo vagamente que la página de Deportes hablaba de “golpes de estado”, que no tenía ni idea de qué significaba. Lo confirmamos ahora desde el Archivo. Y es que, efectivamente, perdieron “Pipino”, Kit Pambelé y Sammy Serrano, que eran tres latinos muy sólidos en el trono en sus divisiones, y comenzó a reordenarse la nueva camada de campeones mundiales.

“Pipino” me dijo hace dos años que “dolió, pero así fue. Hearns fue un gran campeón mundial”. Zárate, que le escuchaba, le dijo: “Esa sí nos dolió”. Dicen que muchos perdieron casas, coches y empresas por apostar. Pero más perdió el orgullo mexicano viendo a José Cuevas irse en declive desde entonces.

Y sí, efectivamente, a cuatro décadas, persiste todavía el zumbido de aquella dura tarde de sábado (un día antes de la clausura de los Juegos Olímpicos de Moscú) en la casita de los abuelos, derrotado en llanto de niño. “Pipino” Cuevas, el mejor campeón mexicano del momento, fulminado en Detroit. ¡No… No lo termino de creer! Y así le dije a un “Pinino” también incrédulo.— Gaspar Silveira Malaver

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